Se volteó hacia Zelek con una impaciencia que ya no podía contener. Cada segundo que perdían discutiendo era un segundo más que su pueblo sufría. —Ya no somos niños asustados temblando ante nuestro padre, Zelek. Ya no somos cachorros de seis años enfrentando nuestra primera prueba. Párate de esa cama de una vez —ordenó con el ceño fruncido—. Vamos al Monte Ignis ahora mismo. Es una orden, no una sugerencia ¿comprendes? —Si, hermano y rey. Vamos ahora mismo —dijo Zelek, levantándose con movimientos fluidos que dejaban en claro que su cuerpo se había curado por completo gracias al extraordinario poder de Brielle. No había excusas físicas para demorarse más, aunque mentalmente se preparaba para enfrentar sus demonios personales. —Busquemos los caballos Flare —ordenó Sadrac, dirigiéndose h

