Cuando llegó junto a ella, Zelek en forma de lobo comenzó a rozarse contra sus piernas y brazos con una gentileza que contrastaba demasiado con su tamaño intimidante. Era como si su forma animal expresara afecto de maneras que su personalidad humana encontraba más difíciles. —Zelek... —murmuró Vera mientras comenzaba a acariciar su pelaje grueso—, eres hermoso. Y tan... cariñoso —dijo ella acariciándolo como si fuera un perro enorme —así eres tú. El lobo respondió a sus caricias acercándose aún más, colocando su cabeza contra su pecho mientras continuaba expresando lo que claramente era satisfacción por su atención. Luego, comenzó a lamer sus manos con una lengua que era sorprendentemente gentil para su tamaño. —¿Puedes escucharme y entenderme cuando estás así? —preguntó Vera con curios

