No tuvo que esperar mucho. Al instante escucharon un rugido que se sintió mucho más cercano, seguido por el sonido de ramas quebrándose y nieve pesada cayendo conforme algo masivo se abría paso a través del bosque denso. Cuando la madre Valkis finalmente emergió de entre los árboles, Brielle jadeó con una sorpresa que rayaba en el terror, escondiéndose un poco por temor de que esa bestia la viera. La criatura era monstruosa. Del tamaño de un caballo de guerra, pero con la constitución musculosa y la gracia letal de un felino gigante. Su pelaje blanco brillaba con el entorno nevado, mientras que sus ojos azul glacial ardían con una inteligencia y una furia que hablaban de una bestia que había estado cazando en estas montañas durante décadas. Sus patas eran del tamaño de escudos, equipada

