—Llegas puntual esta noche, mujer —declaró, señalando la silla que había sido preparada para ella—. Ven, siéntate. Tengo hambre y no me gusta esperar por mi comida. —Si, su majestad —respondió Brielle, dirigiéndose hacia su asiento, pero había una energía inquieta en sus movimientos que Sadrac notó en cuestión de segundos. En lugar de la compostura usual que había desarrollado durante sus encuentros anteriores, ella parecía estar conteniendo algún tipo de emoción intensa que la hacía parecer como si estuviera a punto de estallar de entusiasmo. —¿Qué te sucede esta noche? —preguntó Sadrac, observándola mientras se servía una porción generosa de la carne asada que constituía el plato principal—. Estás... diferente. Más animada de lo normal. ¿Las noticias sobre la visita de tu familia te ti

