Sadrac suspiró y cerró los ojos, aunque mantuvo todos sus otros sentidos en alerta máxima. Podía sentir la mano pequeña y suave de Brielle guiándolo gentilmente, escuchar sus pasos emocionados, detectar el aroma floral que siempre la rodeaba. A pesar de su cautela, había algo reconfortante en permitir que alguien más lo guiara, aunque fuera por unos pocos pasos y aunque él estuviera en completa alerta a pesar de que tenía sus ojos cerrados, por ejemplo, si Brielle intentaba apuñalarlo por la espalda —eso lo pensó— podría escuchar cuando ella sacara el cuchillo. Así pues, cuando llegaron a la habitación de las amantes, Brielle lo posicionó de una manera cuidadosa frente a donde había colocado la silla, asegurándose de que estaría en el ángulo perfecto para apreciar todas las característica

