CAPÍTULO 27 Le entrego el pequeño hilo en manos apenas echando un vistazo de su descompuesta sacudida, sus facciones inalterables son una joya que me encantarían fotografiar para dejar al recuerdo, sonrío maleva sabiendo que se halla en un estado de ánimo ido, estupefacto, sin poder dar crédito al gesto que acabo de realizar sin vacilar. El pobre hombre dorado de piel tostada se ha quedado sin color. Aparento ser la más atrevida y confiada, me doy la vuelta abriendo la puerta, bajándome el vestido lo más que puedo preguntándome de dónde he sacado el valor de mis entrañas para bajarme y cerrar sin mirar atrás. Antes de irme, no me fue inadvertido un barboteo que salió de su boca con el marcado acento Italiano que me hace casi ovular. Mi camino a casa es una caminata de modelaje que model

