CAPÍTULO 52 Despertar entre sus brazos con el frío de la isla rodeándonos es mágico. Dejo un beso en su frente para acurrucarme más a mi oso duro y musculoso de gran altura. Ha de ser gracioso vernos en tercera persona, soy la mitad de persona que es él en cuánto a estatura y lo peor, es que no soy bajita. Aquí estoy, aferrada a su fisionomía esperando no caerme, he tenido el mejor de los sueños y me temo que el suyo no ha sido el más reconfortante si yo he estado encima durante horas. Él sonríe besando mi mejilla todavía medio dormido. —¿Dormiste bien? —le pregunto con culpabilidad, dejando un camino con mis dedos entre su barba recién crecida. —Uno de mis mejores sueños, bambola. ¿Y tú? —¿De verdad, ha sido uno de tus mejores sueños y estuve encima de ti? —Por eso es que fue uno de

