CAPÍTULO 51 Me rio buscando la cámara oculta, en cambio, encuentro gente celebrando en las calles y la “normalidad” de una noche festiva. El hombre tatuado ha abierto la puerta y yo vuelvo a jalar a Oliver hacia a mí con constancia, los tratos le habrán llegado más allá del cerebro. —¿Qué estás haciendo? —le interrogo en un soplo, cerca de su oreja. Él sonríe de lado cuan muchacho travieso para halarme adentro del lugar lleno de murales de tatuajes. Es injusto que tenga más fuerza que yo. —Me tengo que tatuar tus ojos, mi cielo. Necesito recordarlos cuando no los tenga presentes. —Esa no es una elección prudente, te vas a arrepentir y… —No me arrepentiré. —¿Vas a realizarte el tatuaje o no, hermano? Porque no tengo tiempo para perder. —El hombre ajeno a nuestro debate nos mira con

