CAPÍTULO 25 —Oliver, ¿Qué mi.erda estás haciendo aquí? —le pregunto en una entonación sumamente débil, casi apagada. Mi voz es consecuencia directa del estado en que se ubica mi anatomía blandengue, Oliver desliza sus manos diestras desde mis gordos muslos exteriores hasta llegar debajo de mis rodillas jalándole un poco más. ¿Qué es lo que quiere, fusionarnos en una sola persona? Ya no hay más espacio de distancia que nos separe. Sigo aferrada al borde del lavamanos viendo la puerta con temor a que cualquiera entre e infraganti, se tope con esta escena comprometedora. Empiezo a arrepentirme de haber jugado con él en la reunión. —Las preguntas las hago yo. ¿Para quién te has puesto éste pedacito te tela, mmmh? —jadeo pasmada cuando se atreve a subir más mi vestido, haciendo que se me sub

