Capítulo 7.
Compromiso.
Amira entra a la ducha a regañadientes; está tan preocupada por su madre que la angustia la invade. ¿Su abuelo le habrá hecho algo? La duda incrementa su ansiedad; ella solo desea salir corriendo a buscarla, confirmar si está bien; solo desea haber huido con ella antes. Las lágrimas recorren las mejillas de Amira, quien se siente desecha, culpable, siente que cayó en una trampa por Ahmed; él la presiona para este compromiso, la ha engañado, las advertencias de Jade solo confirman que no tiene salida.
*
Al bañarse, Amira se cambia luciendo muy hermosa. Está tan triste que apenas puede mantenerse en pie. Las críticas de sus primas no la ayudan; la incomodan con cada palabra. Para ellas, Amira no merece nada más que vivir el exilio como su madre. Hablan despectivamente sin saber que lo que ella más desea es eso, huir lejos con su madre; no desea este compromiso, ni lo que se ha convertido su vida. Ella es como un pago para la libertad de su familia; su boda, más que por amor, como ella lo deseaba, será el pago por el pecado que su madre ha cometido y eso le duele en el alma.
Al estar listos, su abuela viene por ella, llevándola a la entrada para que suba al coche. Nadie en la casa sabe lo ocurrido más que su abuela y su abuelo, quienes la llevan presionada a este nuevo encuentro. Todos salen de la propiedad; Amira nota en la mano de su abuelo el amuleto de su madre, que lo usa de forma amenazante ante Amira, mientras van de camino al castillo del jeque.
*
En cuanto a Ahmed, apenas pudo conciliar el sueño; la necesidad de tener a Amira en sus brazos lo invade, lo perturba pensar que después de todo ella estará obligada a casarse con él. No puede olvidar sus labios; son un manjar adictivo para él. Ha estado con tantas mujeres que se asombra de lo que Amira ocasiona en él; lo hace perder el sueño, realmente quiere ser su esposo, siente que está listo para este momento y el toque de la puerta indica que ha llegado la hora de cumplir su sueño.
—Adelante. —Dice y su madre pasa.
—Buenos días, Ahmed, me informan que la chica ya viene en camino… —Jade nota que aún sigue en toalla. —¿Qué pasa, hijo? Aún no estás listo, ¿por qué?
—Lo estaré en un momento, madre. —Dice algo incómodo.
—¿Qué pasa? Pensé que estabas feliz con este compromiso; hiciste que todo esto fuera tan rápido que, si todo sale bien, en unos días estarán casados. ¿Eso no era lo que querías?
Nadie en la casa sabe lo ocurrido, única petición de Ahmed, quien desea que todo surja como lo planeado antes, a pesar de que sabe que el único acuerdo que habrá será el de su padre con Aminal, mientras ellos estarán en la presentación familiar en habitaciones separadas. La espera de verla lo impacienta y tener que soportar estar lejos de ella lo inquieta, después de lo que ocurrió por la madrugada.
—Lo es, es lo que más deseo; por favor, informa a todos que estén listos, quiero que todos la reciban como se merece.
—Como órdenes, hijo.
Jade se retira haciendo cumplir sus órdenes; todos están listos, la familia se reúne para empezar con la celebración. En la entrada los espera Abdel, quien, como cabeza de la familia, recibe a la novia dándole la bienvenida en su casa.
—Bienvenidos, ella es mi primera esposa, Jade Bathich —dicen al ver a Aminal, mientras Amira hace una reverencia sin mostrar su rostro. Al levantarlo, tanto Abdel como Jade se miran, admitiendo que es muy hermosa.
—Gracias por la invitación, yo soy Aminal Awad y ella es mi nieta Amira Awad. —La presenta formal, ajeno a la idea de que ellos ya se conocen.
No saben qué decir; ahora entienden por qué su hijo quiere casarse a gran premura. Su belleza es impactante, tanto que si otro hombre la corteja, sin duda no dudará en casarse. Por eso Ahmed la ha marcado; así no podrá nadie más acercarse a ella, ni ella ver a otros hombres que no sean Ahmed. Mientras sea cortejada por el jeque, está totalmente prohibido que otro ponga sus ojos en ella.
—Por aquí, señor Awad —dice Abdel mostrando a Aminal el camino.
Animal se mueve enseñando a Amira el collar de su madre mientras lo enrolla en su mano. Amira recibe la amenaza silenciosa de su abuelo; lo sigue con la mirada preocupada, siendo traída de vuelta a la realidad por su suegra.
—Por aquí, querida. —Dice Jade mostrándole el camino Amira para llevarla con las mujeres.
Amira la sigue con ayuda de su abuela, mientras que en el otro salón, Ahmed se reúne con los hombres para recibir a Aminal.
—Déjeme presentarle a mis hijos, Assim Husainy, Azahar Husainy y, como ya pudo conocer a mi hijo Ahmed Husainy, él es Aminal Awad, el abuelo de la futura esposa de Ahmed. —Dice Abdel, siendo formal con las presentaciones; a fin de cuentas, serán familia.
—Bienvenido, es un placer conocerlos. — Ambos hermanos saludan a Aminal con formalidad.
—¡Bienvenido a mi hogar! —dice Ahmed—. Me alegra volver a verlo. Por favor, tome asiento.
Ahmed señala la silla frente a él y de inmediato aplaude llamando a los sirvientes.
—Que inicie el festejo. —Con las órdenes de Ahmed, aparecen varios sirvientes trayendo comida y bebida para los hombres presentes.
Mientras que en el salón al final del pasillo, las damas reciben a Amira, quien camina junto a Jade, quien está feliz y orgullosa por presentar a su futura nuera a las integrantes de la familia, que se quedan cautivadas al verlas llegar.
—Chicas, préstenme atención, permítanme presentarles a Amira Awad.
La gran conmoción guarda silencio al verla, como esperaba Jade. Amira las dejó sin palabras, están sorprendidas por su belleza.
—Bienvenida, yo soy Latifa Husainy, la hermana menor de Ahmed. —Se acerca a ella una mujer hermosa de ojos verdes oscuros, tez clara, de unos 1,70 cm de alto, quien le sonríe ampliamente.
—Gracias, es un placer conocerte, Latifa. —Hace una reverencia y la Latifa sonríe al ver la pureza en su mirada.
Al inclinarse, de repente se escucha una gran conmoción en el salón. Amira nota que el ambiente que hace unos instantes estaba en silencio, ahora hay una gran algarabía ante la emoción de las presentes que se aproximan para presentarse ante ella.
—Bien, bien, las presentaré rápido, Amira, querida, ella es Yasamina Safar y Basura Saadi, la segunda y tercera esposa de mi esposo Abdel.
—Bienvenida, hermosa, esta familia se siente dichosa por tu presencia.
—Muchas gracias, estoy feliz de conocerlas. —Dice muy tímida Amira.
—Amira, como ya conoces a Latifa, ella es Abir Husainy y Basima Husainy; ellas son las hermanas de Ahmed.
—Bienvenida, feliz de ser tu futura cuñada —dice Basima.
—Muchas gracias, me siento honrada. —Amira hace una pequeña reverencia.
De repente aparece una de las presentes con expresión despectiva.
—Bienvenida. —Dice Abrir muy seria, dándole menos importancia a Amira.
—Gracias. —Responde Amira de igual manera.
Amira es del tipo de personas que, traten como la traten, eso lo pudo notar Abrir al instante al ser ignorada rápidamente por Amira.
—Bien, Amira, ellas son Safiro Mojaka, la primera esposa de Assim, a quien conocerás muy pronto, y él es su pequeño Mohamed Husainy.
—Encantada de conocerla. —Le hace una pequeña reverencia y Safiro también lo hace, reflejando él mismo respeto para la futura sultana.
—Mil gracias, bienvenida. —Safiro se retira rápidamente, permitiendo que el resto pueda presentarse.
— Ella es Nifa Sagap la segunda esposa de Assim y ella es su pequeña Samira Husainy hija de Assim y Nifa.
—Hola, es un gusto conocerte. —La pequeña hace una reverencia y Amira también.
—Es un gusto conocerlas a las dos.
—Bienvenida, Amira.
—Por último y no menos importante, Esmeralda Musaquini, la primera esposa de Azahar, el hermano mayor de Ahmed, a quien también conocerás pronto.
—Bienvenida. —Ambas se saludan y sonríen.
—Muchas gracias. —Amira le fuerza una sonrisa.—Quiero presentar ante ustedes a mi abuela, ella es Dachira Amir.
—¡Bienvenida, señora Dachira! —todas responden al unísono.
— Vamos chicas, demos la bienvenida a Amira como es debido, que comience el festejó.
Todas se emocionan y hacen un sonido con la boca como un canto para darle la bienvenida, gesto que se ve más que todo en la boda, pero para los Husainy lo toman de forma de bienvenida, alabando a la futura novia.
Todas se sientan y hablan con Amira sobre el matrimonio y es poco creíble que las personas que apenas acaba de conocer la apoyen más que su familia. Le explican tantas cosas que Amira se siente curiosa por saber. Están platicando y Amira no deja de ver al bebé en los brazos de Zafiro, sintiéndose atraída por la dulce mirada del pequeño que no deja de mirarla.
—¿Deseas cargarlo? —pregunta Zafiro.
—Sí, hazlo, Amira, dicen que es de buena suerte. —Dice Latifa emocionada.
—Latifa, no la presiones.
— Lo sé, lo sé, es que no me imagino un bebé de Amira y Ahmed, sería tan hermoso, sus ojos son hipnotizantes. —Todas ríen.
—¿No te molesta? —pregunta Amira a Zafiro.
—Para nada.
Zafiro le entrega al bebé y Amira lo admira, es hermoso, jamás se imaginó que esto sería tan especial, siempre en casa al nacer un bebé lo alejaban de ella por ser la deshora, acción que nunca le permitió acercarse a ningún otro bebé, pero aquí es libre, el trato es especial y no es juzgada, está entretenida con el bebé, lo acaricia y le sonríe con amor, sin saber que Ahmed la observa de lejos, cada expresión de ella, cada gesto lo atrae intensamente.
De repente una gran conmoción se escucha cuando los hombres se integran con las mujeres, el bebé llora y Amira lo consuela dándole la mejor vista a Ahmed quien entra junto a sus hermanos a la habitación, se mantiene distantes y ambos hermanos admiran la belleza de Amira fijando la mirada en Ahmed quien los ignora, enfocando toda su atención en Amira, quien trata de no mirar a Ahmed, mientras le entrega el bebé a Zafiro, enfocando por una vez a Aminal.
— Amira, por favor acércate pide Abdel. —Amira lo hace parándose a su lado. —Déjame presentarte a Asiim Husainy y Azar Husainy.
Sin mencionar palabra alguna les hace una reverencia, causando conmoción al levantar su mirada ante ellos.
—Bienvenida. —Dicen al unísono.
—Muchas gracias, príncipes.
Ella los deja helados, mirándose entre sí, mientras se alejan, permitiendo que ella quede frente a frente con Ahmed.
—Saluda a tu prometido, Amira.