Minerva se agarraba la cabeza a dos manos con el ensordecedor ruido, la maldita celda funcionaba como una especie de caja de resonancia que aumentaba en varios decibeles lo que estaba escuchando, era como si se le metiera directo por los oídos taladrándole el cerebro. Se puso en posición fetal abrazando sus rodillas esperando que desapareciera, se movía como cuando se arrulla a un bebé de un lado a otro como movimientos continuos y cortos, no estaba segura de que el sonido fuera real, con todo lo que habían metido en su sistema, tanta droga en su sangre era muy probable que el aterrador sonido fuera producto de su imaginación. Así estuvo luchando contra ella misma por un buen rato moviéndose al compás de sí misma una, y otra, y otra vez, hasta que se detuvo abriendo los ojos, una idea asa

