-¿Cuanto crees que falte? –preguntó por enésima vez.
-No lo se, nunca he venido tan lejos –dijo ella obligandose a dar un paso mas, las piernas no le obedecían ya, quería dejarse caer al suelo y esperar la muerte por deshidratación o cansancio extremo, total era lo mismo no creía realmente que pudieran encontrar la nueva entrada, desde hacía un par de días pensaba que se habían perdido pero no había querido decirle nada a Alejandro para no asustarlo, por lo que se dedicó a seguir la via a través del túnel sin mas.
-¿Cuántos días tenemos de camino?
-No lo sé, ya perdí la cuenta, además con esta oscuridad igual puede ser de día como de noche, que importa.
-No puedo más Minerva, descansemos aquí unas horas y así nos recuperaremos.
-¿Y si algo nos ataca?
-Algo ¿Cómo qué?
-Como un dron… o un animal salvaje
-Si nos ataca en este estado no sobreviviremos, debemos descansar.
La chica asintió con la Mirada y se dejó caer rendida al suelo.
-Tengo sed.
-Yo también.
-No crees que estamos perdidos… ¿Verdad?
-No –mintió –Éste es el camino.
El agotamiento los venció y se quedaron dormidos recostados contra la pared fría del túnel. A lo lejos se escuchaba el zumbido de un motor que se acercaba con un repiqueteo constante, como el de un vehículo viejo que avanzaba a paso lento por entre los escombros y los restos de las vías férreas por donde transitaban los chicos.
Minerva fue la primera en despertar, se sobresaltó y quiso correr pero su cuerpo no respondió como ella hubiera querido, las fuerzas la habían avandonado a causa del hambre y sobre todo de la sed, golpeó el hombro de Alejandro para despertarlo pero no pudo, volvió a hacerlo, esta vez con mas fuerza sin hacer ruído para no ser detectada, no sabía de donde provenía el sonido, así que fue cautelosa y empujó de nuevo con fuerza al chico que abrió los ojos encandilado con las luces del vehículo.
Minerva se sentó con el rostro polvoriento y sudoroso entre las manos, limpió sus lágrimas con el borde de la manga de la camisa y se sonó la nariz. Estaba exhausta, la larga caminata y la presión de la huida estaban pasándole factura. Sentía que su corazón iba a estallar en mil pedazos.
-Preciosa… ¿Cómo te sientes? –Alejandro la acurrucó entre sus fuertes brazos acunándola como si fuera una niña.
-Cansada, muy cansada –Haciendo esfuerzos por no romper a llorar de nuevo, sabía lo que Alejandro estaba sintiendo por ella, y en cierta forma ella también lo correspondía, se había enamorado del enemigo, pero él ya no lo era, había hecho todo por sacarla de ese horrible lugar, se había jugado su futuro, y su vida sin importarle la fortuna que un día iba a heredar de su padre ni tampoco su posición social en Omnia solo por salvarla y venir a vivir con ella en ese agujero de la tercera División.
-Si necesitas algo solo dime, no conozco a nadie aquí pero de seguro que podré aprender como son las cosas de este lado de la valla.
A la rubia le causó un poco de gracia que dijera tan relajadamente que se adaptaría a su nueva realidad, a la vida en los arrabales, en el margen fuera de la ciudad, bajo tierra como un topo y con todas las carencias del mundo.
-Solo espero no perderme cada detalle –susurró tratando de pensar en algo gracioso que le apartara el dolor y la tristeza de haber tenido que dejar a Ezi en Omnia. Ezi, su Ezi… cuánta falta le había hecho, cuan sola se había sentido al comienzo de la misión cuando recién había entrado a la ciudad como sobrina de Boris, y Boris, se la partía el alma por su suerte. No pudo más con lo que sentía y se levantó de golpe para buscar algo que hacer.
-¿En qué puedo ayudar? –dirigiéndose a Adara que la miraba con compasión.
-En nada mi niña, por ahora vete a descansar.
-Es que no puedo, no lo lograré… no voy a poder dormir a menos que caiga anestesiada o rendida por el exceso de trabajo, por favor… no me mandes a descansar que me volveré loca de tanto pensar…
-Esa sería una buena opción…
-¿Cuál?
-Anestesiarte…
-¿Estás loca?
-Solo creo que estás muy agotada tanto física como emocionalmente, el doctor Merck ha de tener la forma de ayudarte con ambas.
-No, te lo pido.
-Si me permite… yo creo que puedo acompañarla y encargarme de que duerma bien –dijo Alejandro tratando de no sonar altivo, debía trabajar en su tono de voz, sus ademanes de niño rico y todo el espectro de su personalidad.
-Está bien, los enviaré con alguien a su nueva habitación, y Alejandro… aquí no tenemos tantas comodidades como en Omnia…
-Lo sé, me avergüenza que sea así así… me las arreglaré, gracias.
Minerva los miraba intermitentemente a uno y otro.
-¿Y qué?, ¿Yo estoy pintada?
-Lo siento cariño, pero ahora no estás en posición de tomar decisiones… -concluyó Adara.
-¿Ni siquiera sobre darme o no un baño?
-¡Ni en eso!, definitivamente debes darte uno –agregó Alejandro.
La vida en la quinta división era dura, no había tantas comodidades como en la ciudad, Alejandro no perdía detalle de la forma en cómo vivían las personas allí. Los condujeron hasta un pequeño apartamento en el que Minerva se hospedaría, el espacio contaba solo con lo estrictamente necesario. Una cama, dos mesitas de noche, una mesa redonda y dos sillas, un baño –¡Gracias a Dios y había un baño! –Alejandro suspiró, y un lugar donde guardar la ropa, que por ahora no tenía ninguna pieza pues Minerva no había hecho la mudanza de sus cosas desde la antigua sede así que no había nada allí. Alejandro sintió una punzada en el estómago, en casa tenía una habitación repleta de trajes de corte elegante y también casual, corbatas para toda ocasión, calzado deportivo y de vestir y un sinfín de cosas más.
Para Minerva fue diferente, la sensación de estar de nuevo en casa no la quería cambiar por nada, al fin podía ser ella misma otra vez, sin tener que aparentar, sin tener que cuidar cada pensamiento ni cada palabra, allí podía gritar si quería y nadie se lo impediría, o decir lo que quisiera sin temor a ser reprochada por ello, agradeció mentalmente el poder estar ahí, al mirar el espacio extraño el espejo de cuerpo entero de su madre, ah… lo había olvidado, eso sí le haría falta, y más ahora que había aprendido la importancia de la imagen y las cosas que podían lograrse si lucias bien.
Se detuvo frente al pequeñísimo espacio que servía de ventana, sabía el riesgo que corría si la abría así que se limitó a imaginar cómo se vería el espacio afuera desde ahí. Su pequeño apartamento se ubicaba en la parte más elevada del edificio, la que sobresalía por encima de las dunas de arena del exterior, pues el resto de la construcción se encontraba enterrada bajo tierra.
-Veré si hay agua… -dijo Alejandro queriendo ser un poco útil. Minerva asintió con la cabeza, luego de treinta segundo el joven gritó desde el baño.
-¡Si hay! Je, je, je, creo que si te bañarás después de todo, si tú quieres yo me retiro para que tengas privacidad –apuntó el chico.
-No, no es necesario, quédate.
-Veré si hay agua… -dijo Alejandro queriendo ser un poco útil. Minerva asintió con la cabeza, luego de treinta segundo el joven gritó desde el baño.
-¡Si hay! Je, je, je, creo que si te bañarás después de todo, si tú quieres yo me retiro para que tengas privacidad –apuntó el chico.
-No, no es necesario, quédate.
-No veo ropa… ¿Qué vas a ponerte?
-Nada, no hay nada. Lavaré estoy y esperaré a que se seque.
Alejandro se quedó parado en el medio de la habitación sin saber que hacer y Minerva soltó una risita juguetona.
-Tranquilo estoy jugando… aunque si quieres ambos podemos hacerlo je, je, je –El chico respiró de nuevo y se rio, no era como Ezi, no tenía el mismo sentido del humor, sin embargo no le molestó su reacción, eso significaba simplemente que ella era la primera en su vida.
Ella no podía decir lo mismo, su primer amor había sido Ezi, con sus labios carnosos, su cabello plateado y su sonrisa perfecta. Todavía sentía algo por él, pero no podía desairar a Alejandro, además, ahora Ezi no estaba, su corazón se arrugó de nuevo como una ciruela pasa, sería muy difícil tratar de llevar una vida normal cuando regresara Ezi, tener a los dos ahí, uno junto al otro, porque seguro regresaría, ella haría lo que fuera por que así sucediera, si tenía que regresar a la ciudad para buscarlo, para hacer por él, lo que había hecho por ella pues, así sería.
Aunque eso significara tener que elegir entre uno de los dos más adelante, bueno, ya vería que hacer llegado el momento, por ahora necesitaba relajarse, por difícil que eso le pareciese, darse una ducha y lanzarse en la cama para olvidarse del mundo.
En esto pensaba cuando una de las chicas que entrenaban con Ezi trajo algo de ropa para ambos, Alejandro abrió la puerta y recibió de sus manos lo que Adara les había enviado.
-Dice la Subcomandante que les consiguió esta ropa, que espera que les quede… -Mirando de arriba abajo a Alejandro y luego dirigiéndose a Minerva -¿Sabes cómo esta Ezi… Ezior?
-No, no lo sé, espero que esté bien –contestó sin expresar nada en su rostro.
-Los chicos y yo esperábamos que tú… pudieras darnos noticias sobre él…
-Lo siento, no tengo noticias, si escucho algo se los haré saber.
-¡Gracias!, todos estamos muy preocupados… sobre todo por lo que pasó en la antigua sede, fue horrible, muchos murieron…
-Lo se…
-No queremos que Ezior corra la misma suerte.
-No será así –aseguró –Haré lo que tenga que hacer para evitarlo.
-Sí, lo sabemos, gracias de nuevo Minerva.
-Gracias a ti.
La chica salió cerrando la puerta tras de sí.
La rubia tomó la ropa de las manos de Alejandro y la extendió sobre la cama para verla mejor, dos pares de pantalones de uniforme negros de mezclilla para cada uno, algunas camisetas de algodón, una chaqueta para ella y otra para él, calzado y ropa íntima.
-Listo, con esto será suficiente para estos días, luego veremos cómo conseguir algo más para no estar tan justos.
Alejandro abrió muy grandes los ojos, no podía creer que tuviera que vivir con solo un par de mudas de ropa, ya empezaba a sentir el peso de lo que significaba estar al margen, tendría que ser fuerte, tendría que acostumbrarse y ni hablar de hacer algún comentario fuera de lugar, Minerva estaba demasiado cansada y muy dolida y preocupada por su amigo de la infancia como para que él hiciera observaciones inapropiadas.
-Voy a darme una ducha –dijo por fin sacándose la camiseta de pronto y entrando en la sala de baño, Alejandro tragó saliva, la chica era muy hermosa, un monumento de mujer de pechos firmes y piel blanca como el alabastro, deseó tocar su piel, saber cómo se sentía bajo el tacto. Minerva ni siquiera se percató del asunto, solo quería quitarse toda la mugre de encima, sentirse limpia y poder descansar.
Dejó que el agua corriera a lo largo de su espalda, desde la base del cuello bajando por su espina dorsal hasta los glúteos, estaba fría, extrañó el calentador de agua de Omnia, dejó escapar una sonrisita, era irónico que le hiciera falta algo que no había tenido nunca salvo por el corto tiempo que pasó en la ciudad.
Se sentó en el suelo y dejó que el chorro le masajeara el cuello tratando de no pensar, de no sentir otra cosa que el agua golpeando su cuerpo con el sonido sordo y líquido al caer. Se sobresaltó al recordar que no podía gastar más del vital líquido del que diariamente se le daba como dotación, esa era otra costumbre que adquirió en la ciudad, dejar correr el agua durante largo tiempo, sin pensar en que otros no tenían ni una gota –La abundancia te vuelve insensible, pensó para sus adentros.
Cerró la llave y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que su ropa estaba fuera, en la habitación sobre la cama.
-Alejandro, ¿Podrías hacerme el favor de darme mi ropa? –El chico se apresuró a alcanzársela.
-Toma, aquí está –Pasándosela por una hendija de la puerta, la mano húmeda de la rubia rosó ligeramente su brazo provocándole que los bellos se le erizaran ante el toque.
-Gracias dijo con voz cansada, prepárate… te toca je, je, je.
Alejandro se desvistió de la cintura para arriba, aún no sentía la suficiente confianza como para mostrar sus dotes a la rubia… era estúpido, lo sabía, pero nunca había estado solo con una dama en la misma habitación estando tan escasos de ropa. Asi que cuando la joven salió del baño él solo agachó la mirada y entró casi empujándola hacia fuera.
-¡Oye!, con cuidado…
-Lo siento, perdón no fue mi intención –cerrando la puerta tras su espalda.
-Olvidé decirte que no queda mucha agua… así que báñate rápido.
-¿Rápido?
-Si… muy rápido.
-¿Estamos hablando de cuánto tiempo?
-¿Unos cinco minutos serán suficientes?
-Oh… veré que puedo hacer.
El chico se aseó lo mejor que pudo teniendo en cuenta que tenia muy poca agua a su disposición, pues la rubia la había gastado casi toda, se vistió y salió a la habitación encontrando a Minerva dormida sobre la cama. Se detuvo junto a ella y la observó, Hermosa, despeinada con la piel blanca y los rasgos delicados, parecía tan frágil no era para nada la mujer que había visto en acción, la guerrera amazona que luchó cuerpo a cuerpo con los Otros, la que manejaba las armas como si fueran juguetes y era capaz de dispararle a quien fuera a la cara por proteger a quienes le importaban, cuanta dualidad podia haber en ella, por un lado el arrebato del fuego que lo consume todo a su paso y por el otro la tranquilidad de las aguas cuando están en calma, cristalinas y limpidas. En ella confluían dos extraordinarias mujeres, la dura fuerte y arrojada, y la delicada flor de gran corazón noble.
Lo pensó dos veces antes de meterse en la cama, pero no le habían indicado donde sería su residencia y estaba demasiado agotado y abrumado como para Salir a buscar alguien que lo ayudara en el tema, por otro lado, sinceramente no quería pasar la primera noche en la División en otra parte solo y apartado de Minerva, así que se acomodó a su lado con cuidado para no despertarla y pasó el brazo sobre su cintura. Se quedó dormido con el rostro enterrado en su larga melena dorada.