Minerva intentaba poner en orden sus pensamientos, pero se le hacía muy difícil, le habían administrado un coctel de medicamentos que la tenía totalmente atontada, respiraba profundo tratando de calmar el compás precipitado de su corazón, pero era inútil, la droga había acelerado su ritmo cardíaco a tal punto que sentía dolor en el pecho y un intenso golpeteo en los oídos, tenía todavía la vista borrosa y la boca totalmente seca. Estaba entrenada para soportar regímenes muy duros, pero esto era diferente, nunca antes estuvo drogada, era como tener la cabeza metida en un tambor al que golpeaban con intensidad y el ruido nunca paraba, creyó que se volvería loca, además las náuseas y el mareo no ayudaban para nada. Se retorció de dolor en el suelo presionándose las sienes con las manos para

