Pasaron horas revisando, haciendo ajustes, confrontando posturas. Él era tajante y exigente. Ella creativa y metódica. La tensión crecía, pero no era una barrera, sino combustible. En algún punto, los dos estaban de pie frente a la pantalla digital, discutiendo un cambio en la presentación. —No, no. Este gráfico necesita ser el primero. Habla de impacto, y tú sabes lo importante que es la primera impresión —dijo Freya, señalando con el marcador. Alexander se acercó por detrás, tomó el control remoto y, sin quitarle los ojos de encima, cambió la diapositiva. —¿Así? La distancia entre ellos era mínima. El aire en la sala pareció volverse más denso. Freya tragó saliva. —Así está bien. Un silencio breve, casi eléctrico. Después, Alexander dio un paso atrás. —Entonces terminemos esto. Y

