Freya cerró su laptop con decisión. Era momento de dejar de planear en papel y comenzar a construir en la realidad. El proyecto que había presentado al concurso debía pasar a la siguiente etapa: ejecución. No había lugar para el miedo, ni para el error. Había ganado… pero ahora debía demostrar por qué. Se levantó de su escritorio con su carpeta de planos bajo el brazo. Su lista de pendientes parecía interminable: buscar el terreno adecuado, contactar con las firmas de ingeniería, tramitar permisos, cotizar materiales, contratar al equipo… y eso solo era el principio. Llamó a Penny. —¿Puedes programarme una reunión con urbanismo para la próxima semana? También necesito un listado de terrenos disponibles en las zonas que discutimos, y márcame citas con al menos tres firmas de construcción

