CAPITULO 49

1093 Words

Esa mañana Freya se levantó con una determinación nueva. Puso su playlist de “mujer empoderada” —esa mezcla precisa entre Beyoncé, Alanis Morissette y Shakira pre-Piqué— y fue directo a la cocina. Se preparó un desayuno con huevos, pan tostado y fruta, y su infaltable café cargado. No era gourmet, pero sabía a independencia. Después, se arregló como en los viejos tiempos: con su propia ropa, sin estilistas, sin marcas elegidas por terceros. Usó su falda favorita, esa que se ajustaba en la cintura como si la abrazara el destino, y su blusa de batalla con chaqueta de cuero. Labios rojos. Perfume en el cuello. Actitud en alto. Abrió la puerta dispuesta a conquistar el día... Y ahí estaba. Alexander Dorne. Recargado contra la barandilla, traje oscuro, mirada firme. Un Alexander diferente.

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