Gabriella le hace señas a su paciente para que salga y luego cruza sus brazos mirando fijamente a Emiliano.
—¿Qué haces aquí? Creí que fui muy clara contigo de que lo último que quería era verte —ella deja sus cosas sobre la mesa.
—No estoy aquí por gusto propio, tampoco es que me guste tener que ver a la mujer que me destruyó la vida tan seguido. No obstante, hay algo claro… solo confío en ti para la revisión de mi hija. Le dispararon y necesito que me confirmes que esté bien. Solo necesito eso.
—¿Con lo que le pasó a tu hija no crees que es mejor dejar de buscar el mal e irte por otro camino? ni siquiera por ella piensas cambiar... —Emiliano camina hasta ella y con su mano la sujeta fuerte del cuello.
—Cuando te metiste con mi papá no pensaste eso… es más, estoy completamente seguro de que lo que te gustó de él fue que era un delincuente.
—No, no te equivoques, lo que me gustó de él es que era un hombre de verdad.
Esas palabras hicieron que Emiliano la soltara con rabia, él saca su revólver y le apunta.
—Ya no está mi querido papá para defenderte, se debe estar revolcando en el infierno… así que ahora harás las cosas a mi modo y lo que te pida no tendrás porque cuestionarlo.
—Nunca cambiarás Emiliano, tampoco te tengo miedo. Revisaré a tu hija porque ella no tiene la culpa de que tenga un papá lleno de mier.da. pero esta es la última vez que vuelves a entrar a mí hospital de esta manera, no eres bienvenido.
—Si no me pudiste sacar antes de tu vida, ahora mucho menos —él musita con frialdad.
Gabriella deja de prestarle atención y se pone sus guantes mientras que él chasquea con sus dedos haciendo que sus hombres entren a Isabella.
Lorenzo queda afuera sin saber que está sucediendo adentro con Isabella y su padre. De pronto su teléfono suena, Lorenzo mira a su alrededor para que nadie se dé cuenta.
—Jefe —dice con sorpresa, no esperaba que lo llamara.
—¿En dónde estás? Lorenzo tengo un caso para ti, necesito que llegues a la sede norte y te presentes ante mi comandante. —Lorenzo mira a su alrededor.
—No puedo, en verdad no puedo hacerlo.
—¿Qué estás diciendo? Lorenzo te estoy dando la oportunidad de poder sobresalir un poco más. ¿Qué es más importante que tu trabajo?
—En realidad sí, tengo algo más importante que mi trabajo. Jefe, voy a renunciar.
—¿Qué carajos dices? esto es tu vida, has soñado siempre con esto. Dime qué pasó.
—Encontré algo que le da más sentido a mi vida, ya no puedo dedicarle más tiempo a esto, necesito hacer otro tipo de cosas.
—Lorenzo no te creo, no tengo idea lo que esté pasando por tu cabeza, recuerda que soy como tu padre, puedes confiar en mí, puedes contarme lo que sea. —Lorenzo niega—. Mira, quiero que vengas a verme, hablemos y te prometo que buscaremos la manera en la que te relajes y no dejes esto.
—Te agradezco, pero esto no es por ti, es por mí. Ya me di cuenta que para cumplir mis objetivos, debo estar en otro tipo de lugar.
—Lorenzo, tomate unos días, piensa que son vacaciones... no te preocupes por nada, ni por tu sueldo ni por mi jefe. Toma el descanso que necesites y después de eso, hablamos... No olvides que te quiero hijo.
Lorenzo saca todo el aire acumulado, no podía decirle la verdad, esto era el todo contra todo y la decisión ya estaba tomada. Él mira cuando Emiliano sale y enciende un cigarro... necesita esos documentos, necesita encontrarlo, es lo único que queda de sus papás. Las manos de Lorenzo tiemblan, tener tan cerca a su enemigo lo llena de impotencia.
—Levántate —dice Emiliano, Lorenzo se pone de pie firmemente sin desviar ni un solo centímetro la mirada.
—Como ordene señor. —Un par de hombres se acumulan al rededor de ambos.
—Necesito saber que tan confiable eres y hasta qué punto estás dispuesto a llegar… eso sin duda es lo que más me interesa. Te quedarás en mi casa, me darás tu teléfono y quedarás sin comunicado con el exterior ¿Te queda claro?
—No tengo ningún problema por eso en realidad solo necesito el dinero para poder pagarle las medicinas a mi mamá.
—Así me gusta, te llevarán a mi casa. Debo irme y creo que no hace falta recordarte que mi hija es mi vida y tu vida depende, tengo otros asuntos que solucionar.
Emiliano le hace algunas señas a sus hombres, señas que Lorenzo no comprende bien.
Cuando estos se van, Lorenzo se dirige hasta el consultorio y allí ve a Isabella semidesnuda. Él pasó saliva, era realmente hermosa esa mujer.
—No deberías estar espiando —dice Gabriella detrás de él.
—No, no estoy espiando.
—¿Eres nuevo verdad? —Lorenzo no menciona nada—. Te voy a dar un consejo que no me lo has pedido, las personas que están cerca de Emiliano o de los suyos se arruinan fácil, eres joven y deberías buscar otra cosa Emiliano no es el tipo de persona que mejore la vida de alguien.
—¿Lo conoces muy bien?
—Mejor de lo que crees y aunque he querido no he podido deshacerme de él tan fácil.
—¿Por qué me cuentas todo esto? Se supone que solo soy un trabajador de él y en cualquier momento puedo contarle. —Gabi sonríe.
—Primero que todo, no le tengo miedo. Soy de las pocas personas en el mundo que no le temen a su imponente presencia y segundo porque ya te había visto antes… sé que eres policía.