Lorenzo lo miró, su sangre hervía, lo tenía enfrente, era él… realmente era él. Era inconfundible, Lorenzo sabía cada línea de su rostro, cada gesto de memoria. Tantos años estudiándolo por si llegaba un momento como este.
Y sí, la tenía fácil en pocas palabras, podía dispararle, cargar el arma aquí y darle unos cuantos tiros para acabar con él, no obstante, él también podría acabar con Lorenzo antes de que él quisiera hacer algo en su contra, Emiliano lo miraba con intensidad, con desconfianza y luego miró a aquella mujer.
—Súbete al carro Isabella —él le ordena a aquella muchacha, Lorenzo nota como ella chasquea con su lengua y se sube sin refunfuñar. Emiliano se acercó a Lorenzo quien se mantuvo firme sin demostrar miedo, sin titubear ni una sola vez—. ¿Tú quién eres?, respóndeme quién eres —ordena con voz demandante y autoritaria.
—Lorenzo —respondió—. Estaba sentado cuando escuché un ruido, simplemente fue casualidad que nos encontráramos aquí juntos, es más, pensé que alguien estaba haciéndole daño a ella. No pretendo que me crea, pero es la verdad. —Emiliano esbozó una sonrisa.
—No te vuelvas a acercar a Isabella en tu vida ¿te queda claro? —Los ojos de Emiliano demostraban frialdad.
Lorenzo se quedó en silencio y asintió con su cabeza, necesitaba acercarse a él de manera inteligente o lo comería vivo. Ni siquiera su entrenamiento le serviría para nada, estando solo contra él y sus hombres.
Emiliano se dio media vuelta y se subió al carro, dos hombres más estaban detrás de él, iba a ser complejo acercarse a él… por la ventana del carro Isabella miró a Lorenzo. Dejándole claro cual sería su objetivo, dejándole claro que ella sería el medio por el que él llegaría a Emiliano Ferro y le haría pagar de la misma manera.
Lorenzo llegó hasta su casa, comenzó a buscar en su computadora toda la información relacionada a Isabella, no tenía claro que iba a hacer aún, pero tenía que buscar la manera para acercarse a ella sin que Emiliano lo quitara del camino antes de que él pudiera torturarlo con sus propias manos.
Él anotó toda la información, absolutamente todo lo que pudiera conducirlo a esa mujer… la observó en fotos, era hermosa, su belleza desconcertaba a cualquier persona fácilmente… y él no era la excepción, pero su objetivo tenía que ser claro, y no podía verla más que como la hija de su enemigo.
Lorenzo llegó hasta la universidad en donde ella estudiaba, duró toda la semana analizándola siempre la traían y la recogían, pero en la universidad se quedaba sola. Ella no estudiaba, por el contrario, se quedaba sentada con una que otra persona… se nota a leguas que era una niña caprichosa que todo se tenía que hacer bajo su voluntad y eso lo podía utilizar Lorenzo a su favor.
Él se sentó como todos los días de esta semana quedando a unos kilómetros de distancia. Buscando la manera de poder acercarse, buscando puntos débiles, estudiándola… a él ya no le importaba hacer las cosas bien, solo quería hacer sufrir a Emiliano de la misma manera en la que él lo hizo hace años.
Lorenzo necesitaba encontrar la manera de acercarse a ella y poder usarla a su favor.
Puede él notar como todos se van y ella queda allí fumando un cigarro, puede darse cuenta que hoy tampoco va a hacer mucho al recibir un mensaje de su jefe que me espera en la oficina. El tiempo se acabó, el traslado es irreversible… sin embargo, no puede perder eso que consiguió.
Él se puso de pie para poder irse hasta que escuchó unos gritos, se asomó y vió como dos hombres la tomaron del cuello y se la llevaron, la alcanzan a sedar mientras le inyectan algo… las personas en la universidad no hacen nada, por el contrario, muchos que están allí viendo simplemente hacen como si no pasara nada.
Rápidamente Lorenzo tomó el revólver, pero a la distancia que estaba no le hacía posible alcanzarlos rápidamente.
Tomó su motocicleta, hizo una llamada para poder descifrar la placa y poder saber quien se la llevó, no podía perder la única pista que tenía para acercarse a Emiliano, ella era el único camino.
Los seguía a una gran velocidad, sin embargo, no podía exponerse a que se dieran cuenta que era un policía, eso sería jugar en contra de la suerte.
Ellos se detuvieron en una bodega bastante alejada, él se bajó con el revólver en sus manos. Caminó sigilosamente hasta ver como la bajaban del carro.
Él anduvo por el borde del lugar para poder dar con ellos, era claro que eran delincuentes, no había que ser adivino para darse cuenta de eso.
No había más de cuatro personas en el lugar, él vio que uno de ellos estaba en la puerta, se acercó y lo golpeó con el filo de su arma haciendo que cayera inconsciente.
Le quitó el revólver y siguió caminando, Isabella ya estaba despierta, miraba con un poco de asombro la escena, mientras que con sus ojos les pedía que no les hiciera nada, uno de ellos la miraba de manera obscena, de manera asquerosa y sin más, le dio un golpe a ella reventándole sus labios.
Lorenzo levantó el revólver y empezó a disparar, ellos al verse atacados hicieron lo mismo, Lorenzo estaba escondido, evitando que alguna bala cayera en su cuerpo. Acabó con dos más, mientras que el tercero que estaba muy cerca de ella le apuntó en la cabeza.
—Salga de donde esté, porque si no, acabo con ella en este preciso instante. —Lorenzo guardó uno de sus revólveres en la espalda y salió con el otro en sus manos, ella abrió los ojos al verlo—. Usted ¿quién rayos es y qué hace aquí?
—Quién soy, no es asunto de tu inconveniencia… suelta a la chica —dijo Lorenzo con determinación y mirada fija.
Aquel hombre comenzó a reír. Ella miraba a Lorenzo sin entender que hacía aquí.
—No me hagas reír, dime ¿qué haces aquí, por qué te interesa salvarla? ¡Habla maldita sea! ¿Trabajas para Emiliano?
—Mi identidad no es algo que te compete, pero si no la sueltas en este preciso momento te aseguro que te acabaré con mis propias manos —dijo Lorenzo, aquel hombre ríe de nuevo.
—Suelta el revólver en este momento o si no, descargo todas las balas que tengo en la cabeza de ella y no juego con eso, me la encargaron viva o muerta —dijo, Lorenzo obedeció, dejó el arma en el suelo, se la lancé con sus pies y levantó las manos.
—¿Satisfecho? —preguntó Lorenzo.
—Puede ser, estás muy mal amigo. Acabar con ellos fue un error, y ahora te voy a enseñar que haber aparecido en mi camino fue tu peor equivocación. No debiste arriesgar tu vida por ella, no la vas a proteger siempre, ella tarde o temprano tendrá una bala en medio de su bonito rostro, es una condena por ser hija de ese maldito.
Lorenzo coincide con lo que él decía, pero no podía mostrarlo en sus facciones.
Aquel hombre se dirige a Lorenzo con ínfulas de superioridad, intenta golpearlo, pero en esos momentos Lorenzo sacó el arma que estaba en la pretina de su pantalón y le disparo en la pierna, con su pierna le golpeó el brazo botando la suya lejos. Él intenta arrastrarse, pero de nuevo Lorenzo le disparo.
—Por más que me mates no van a poder salir de aquí, porque no tarda en llegar mi jefe y él se va a encargar personalmente de esta muñequita. —Lorenzo le dio una sonrisa falsa.
—Tu jefe se quedará con las ganas, salúdame a los otros en el infierno —le dijo y le disparó un par de veces más, acabando con su vida.
Al principio acabar con la vida de un criminal le afectaba a Lorenzo, porque estaba seguro que posiblemente él se convertiría en uno de ellos, pero no, la realidad es que hizo todo lo posible para no ser así, adicional, solo quitaba la basura de este planeta.
Cuando vio como él se desangraba, Lorenzo fue rápidamente hasta donde ella y la soltó, sus manos temblaban, toda ella temblaba.
—¿Me estás siguiendo? te encuentro en mi camino más de una vez y eso no es algo normal —ella habla completamente agitada.
—Las casualidades existen, solo fuiste una casualidad en mi camino. Así que decide, ¿te quedas aquí o te vas conmigo en este preciso momento?
Lorenzo estrechó su mano, la mirada de ella no denotaba miedo, pareciera que estaba acostumbrada a este tipo de cosas, pero no lo pensó mucho, tomó la mano de él y allí se fuimos directo hasta la salida sigilosamente.
Al llegar a la puerta principal y estar cerca de su motocicleta, él puede ver que se iban acercando más camionetas blindadas, él jaló a Isabella recostándola a la pared dejándose él como escudo, teniéndola en medio de la pared y de su cuerpo, no podían acabar con ella tan pronto aunque fuera algo inevitable, era la única persona que lo iba a conducir fácilmente a su objetivo.
—Necesitamos salir de aquí, ellos quieren acabar conmigo —dice ella, Lorenzo colocó su dedo índice en sus labios y la miró fijamente.
—No hables, no pronuncies una sola palabra, de lo contrario los siguientes que estaremos en el suelo llenos de sangre seremos tu y yo, o al menos yo —le dijo quitando la mirada de ella. Sus ojos, esos podrían hacer perder a cualquier persona fácilmente, tenía un imán del que no lo podía dejar alcanzar tan fácil.
Se podían escuchar los gritos, en donde maldecían por sus hombres en el suelo y por no tener a Isabella tal y como lo habían planeado.
No tenían tiempo, no había forma de reaccionar sin ser atacados fácilmente. Él la miré de nuevo.
—¿Lista? —ella niega—. Tenemos que correr sin mirar atrás, vas a escuchar solo mi voz, nada más —le susurró muy cerca de su rostro, el cálido aliento de ella pegaba en su rostro.
—¿Por qué quieres ayudarme? necesito entenderlo, no nos conocemos, solo es la segunda vez que nos vemos. ¿Por qué?
—Debo protegerte, todo mi ser me lo dice. Solo es eso… confía en mí ¿lo puedes hacer?
—¿Acaso tengo otra opción, o son ellos o eres tú…? —Asentió Lorenzo, él observó a su alrededor, esto no podía ser peor que los días en los que él estuvo en guerra.
Él la tomó de las manos y rápidamente comenzaron a correr hasta la motocicleta. Al subirse, ella se sujetó del cuerpo de él, Lorenzo encendió la moto para empezar a arrancar, sin embargo, el ruido llamó la atención de alguno de ellos, pueden escuchar como los gritaron. Lorenzo no miró hacia atrás, aceleró lo más que pudo, pero en ese momento escuchó un par de disparos.
Lorenzo sintió como las manos de aquella chica dejaron de hacer fuerza mientras se sujetaba a él.