Lujuria

500 Words
Vale, tampoco era tan tapada, ya había entendido que la maldita gema verde era una trampa para renaudar la partida. El infierno que pasó subiendo nuevamente las escaleras no pudo compararse con nada más, ni siquiera con lo que fuese que se aproximaría. Oh, y también acababa de descubrir que, cuando se toca la esmeralda, el nivel se hace más largo y el doble de fastidioso. Con razón pasó casi tres horas intentando cruzar los médanos la segunda vez en el primer nivel. Al llegar hasta la pluma, la vio como la victoria más grande que había alcanzado, juró que sería incapaz de compararla con lo que sea que estuviese en la tal pirámide de las almas vagas. Raven abrazó la pluma, no, la estrujó contra su pecho lo más rápido que su cansancio le permitió, temerosa de que ésta cambiase de forma sorpresivamente. Su ávatar se transportó hacia un paraíso natural semejante a un amplio jardín, al ver los cuerpos desnudos acercarse a ella con una manzana entre las manos, supo que aquel nivel se trataba de una representación del Edén y, no conforme con ser aquellos frutos prohibidos el primer símbolo de pecado en la tierra, los cuerpos desnudos eran la mismísima lujuria creada como obstáculo para los jugadores. Cuerpos de distintos rasgos y matices desfilaban a su alrededor como figuras monótonas que fueron creadas para destilar deseo s****l a través de sus pieles. Por suerte, aquel nivel era pan comido para Raven, puesto que solamente había sentido atracción por un chico en toda su vida, y ya ni siquiera sabía qué pensar o sentir del masculino que le dió la espalda apenas se enteró de su embarazo. Aunque el nivel era sereno, la chica verde no se dió postín para admirar el panorama que se trataba de una réplica perfecta e inigualable del paraíso celestial, sus pisadas resonaban secas y firmes contra la grama del suelo. Las figuras la perseguían con la intención de atraerla, y la verdad era que Raven no se atrevía a negar que los genitales de los cuerpos que pretendían hipnotizarla eran dignos de desear, pero no era mente débil por esa parte. No importaba si el sádico de Dante se había aliado con la mismísima Afrodita para crear las esculturas de aquellos obstáculos, ese nivel para Raven no era un reto, ni siquiera más que una sencilla travesía. De un momento a otro, la desnudez en conjunto desapareció, quedando ella solitaria, corriendo en medio de ectáreas de un hermoso césped adornado con flores coloridas, mariposas de distintas especies bailando en el aire. Transcurridos aproximadamente treinta minutos, una manzana se hizo visible frente a ella, el fruto escarlata iba envuelto en una esfera de escarcha dorada, misma que le confería un toque mágico y atrayente. Con una sonrisa satisfecha por el tenue agotamiento y la dicha de poder resistirse sin inconveniente alguno, Raven mordió la manzana y cerró sus ojos a la espera de que el juego la traportase a la quinta prueba.
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