No pecar

1312 Words
En Ludxaven, se considera millonario a todo jugador que recolecta una exuberante cantidad de soles de hielo durante el juego, ya que al finalizar, se convierten en monedas locales, como el premio por haber sobrevivido a El Imperio. La avaricia es considerado el séptimo pecado capital, el cual cometía Monserrath cada vez que renaudaba las partidas, se interesaba más en recolectar soles helados en cada nivel que en sobrevivir para poder utilizarlos finalmente. Quizás ese fuese su castigo, pasar casi una eternidad en El Imperio por estar envuelta en la avaricia. Era Zerty quien había estado cada vez más cerca de saborear el elíxir de la victoria, era el único que en variadas ocasiones había alcanzado a pisar el terreno del último nivel, pero la soberbia con la que trataba al resto de sus compañeros de partida, lo hacía volver al principio una y otra vez. Joanne apenas llevaba horas en Ludxaven, y ya había sido derrotada en un par de ocasiones. La primera vez, fue durante el toque de queda, había salido de su escondite para ir por una hogaza de pan que visualizó a lo lejos y se la llevó un tornado como consecuencia, por sucumbir a la gula; la segunda vez, un Chroocher había adoptado la forma de un chico sensual, entonces Joanne dejó de correr para detenerse un momento a coquetearle, el Chroocher reveló su monstruosa apariencia real y le sacó el ojo, obligándola a regresar al inicio, por lujuriosa. Raven se encontraba aún en la avioneta, escuchando las historias de los fallos del trío de jugadores, sacando internamente sus propias teorías y conclusiones, sólo pudo relacionar aquellos cuentos con castigos de los círculos del infierno de Dante, aquella leyenda que ya conocía, y que ahora encajaba perfectamente con sus pensamientos. Avaricia, Soberbia, Gula y Lujuria... Tal vez por eso seguían dentro de Ludxaven, se suponía que debían enfrentar la segunda fase denominada Pecados Capitales, y no podían hacerlo si cada uno llevaba uno de los dichosos pecados en su personalidad. De eso Raven pudo aprender, intentaría no semejarse a ninguno de ellos para salir de Ludxaven lo antes posible. Era tentador eso de reunir soles de hielo, pero prefería arrastrarse en la pobreza del mundo real, al tener que sobrevivir durante años inexactos en un juego extraño creado por un friki enfermo, manipulador y con aires de grandeza. Apenas la avioneta aterrizó, los cuatro supervivientes bajaron. Al ver que todos se deshacían del calzado, Raven inquirió: —¿Por qué se quitan los zapatos? —Es obligatorio en la primera fase —dijo Monserrath, con desdén—. Y si vas a estar cuestionando todo, me negaré a hacerte compañía. La chica verde (Raven) apretó los labios y se limitó a sacarse las zapatillas de un puntapié, puso una mueca de asco al quedar descalza y sentir la bizcosidad del suelo negruzco, el cual estaba compuesto por gruesos granos de arena oscura y babosa. En silencio, todos comenzaron a caminar, ignorando a toda costa los animales anómalos que volaban en el cielo arropado por nubes carmesí. Zerty y Monserrath iban adelante, charlando sobre los dichosos chroomers, al parecer, no era la primera vez que les tocaba ser compañeros de partida. Por otro lado, Raven optó por quedarse junto a Joanne, quien parecía ser la menos antipática. —¿No dijiste que debíamos correr? —preguntó la chica verde en un susurro. —Ah, sí —la chica gris rascó su cuero cabelludo—. Es que aún no llegamos al inicio como tal, primero debemos caminar por este valle hasta llegar al río Aqueronte, de ahí remaremos hasta el primer nivel. Raven se limitó a asentir y a seguir caminando en silencio. Intentó centrarse en cualquier cosa que no fuesen las babas que recogían sus piés al andar. —¿Por qué descalzos, eh? —cuestionó al fallecimiento de unos minutos. —Tengo entendido que es porque los zapatos recogen malas energías, y eso es lo que menos nos conviene —contestó Joanne—. Cuando lleguemos al purgatorio, podrás colocártelos, es opcional. Pero yo te recomiendo continuar descalza, te permite correr más rápido. La chica gris sacó unos binoculares de uno de sus bolsillos y elevó la vista hacia el horizonte para mirar a través de ellos. Monserrath detuvo sus pasos y la miró por encima de su hombro. —¿De verdad escogiste binoculares como armamento? —¿Por qué no? —la chica gris se alzó de hombros—. Me sirven para ver qué tan lejos estoy de la pirámide, y qué se avecina en el próximo nivel. —Creo que un telescopio sería más servicial —se burló Zerty. La morena los ignoró, descolgando de su espalda un rifle y apuntando al par. —No tengo ni veinticuatro horas aquí, pero sé cómo utilizar esta cosa. ¿Quieren volver al angár tan temprano? Monserrath y Zerty la ignoraron y siguieron en sus asuntos. —¿Qué escogiste tú como arma? —preguntó Joanne a Raven. —Pues... —la chica verde se sintió intimidada, aún cuando la amenaza no fue para ella—. Unas cosas con cuchillas, una china y un par de garras metálicas. —¿Y por qué no optaste por un arma de fuego? —Pensé que podían acabarse las balas y... Por eso también dejé de lado el cinturón de granadas. —¡Yo tengo uno de esos! —exclamó Zerty, sin voltear. —La próxima vez escoges tapones para oídos, a ver si dejas de inmiscuirte en los chismes de los demás —reprochó Joanne y después centró su vista en Raven—. Las balas son infinitas, en cambio el cinturón de granadas trae solamente siete, como mucho sirven para una sola fase. Aunque, si sabes jugar, no necesitarás mucho de las armas y... El sonido de una extraña sirena interrumpió a la chica gris, alzándose por todo el lugar. De pronto, Monserrath y Zerty se esfumaron. Joanne haló la muñeca de la chica verte y se echó a correr también, lejos del sendero que trazaban. —¿Qué...? —El toque de queda ha empezado. De pronto, Joanne se desvaneció, consiguiendo que Raven entrara en pánico. —¡Joanne! —comenzó a buscarla inútilmente con la mirada—. ¡Joanne! ¿A dónde te fuist...? —Sigo aquí, deja el escándalo —del tronco de un samán, se hizo visible un ojo—. Me camuflé con este árbol, debo quedarme aquí hasta las cinco de la mañana que es cuando termina el toque. Anda, busca algo para camuflarte rápido, que te pueden encontrar y ahí sí te jodes. —Okey. Raven se recostó al lado de la chica gris y cerró sus ojos, suspirando. —Raven. —¿Sí? —Todavía puedo verte —la aludida abrió los ojos otra vez—. ¿Acaso te bloquearon la habilidad del camuflaje? Y ahora que lo mencionaba, Raven pudo recordar las palabras de Dante. «Tu ávatar tendrá el defecto de no poder camuflarse durante el toque de queda por haber faltado al respeto de tu amo. Y en cada fase los demás jugadores podrán modificar sus zahvlar y habilidades, excepto tú.» ¡j***r! —Piensa, Raven, Piensa. ¡¿Por qué el cerebro se me cierra ahora?! ¡Agh! Abrió su koala en busca de ayuda, sacó la china, tiró de su banda y se golpeó a sí misma en la naríz. —¡Auch! —Silencio. ¡Harás que nos encuentren, torpe! —se quejó la voz de Zerty desde alguna parte. Raven gruñó y siguió hurgando en su koala, extrajo de ella los boomerangs filosos. Clavó cada uno en el tronco del samán, formando unos escalones y consiguió subir hasta la copa, donde pudo acomodarse entre las hojas y esconderse. Agradecida con haber tomado la decisión de escoger una zahvlar verde.
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