Aqueronte

950 Words
Aunque aquellas horas se basaban en el tiempo que había confinado Dante para que los jugadores descansaran, Raven no consiguió pegar un ojo en toda la madrugada. Especialmente porque los tornados que pasaban por el sendero amenazaban con revelar su escondite al llevarse las hojas. Al descender del tronco, la chica gris recibió a Raven con un bostezo a modo de saludo mañanero y se echaron a andar con la vaga compañía de Monserrath y Zerty que caminaban adelante. Fueron aproximadamente dos horas las que tardaron en llegar a la orilla de un río n***o, desagradable y tóxico a simple vista. —Es el río Aqueronte —dijo Joanne a Raven antes de que ésta preguntase. A unos metros de ellos permanecía una fila de canoas preparadas para ser su transporte, sin tiempo qué perder, ambas se subieron a una mientras que la chica rosa y el chico púrpura ocuparon otra. El agua de aquel río era tan turbia que ni siquiera regresaba su reflejo, simple penumbra mostraba, junto a un fétido y putrefacto olor a nada en particular. La corriente se mantuvo calmada hasta que se alejaron bastante de la orilla, sólo entonces de las cloacas emergieron varias manos grises que comenzaron a golpear las canoas en busca de una posibilidad de salvación inexistente. —¡¿Qué son?! —chilló Raven, pegando un brinco en su lugar y haciendo viajar su vista de los dedos hórridos a Joanne. —Son las manos de las personas que murieron sin ser bautizadas —explicó la chica gris con absoluta serenidad—. Son inofensivas, sólo no dejes que uno de sus dedos se te acerque, un solo roce podría llevarte a la muerte súbita, ya que en sus uñas yace inyectado veneno de una serpiente antigua, y no has recolectado ni un sol de hielo. —¿Qué quieren? —cuestionó Raven, poniendo una mueca de repudio. —Tu alma, creen que así tendrán salvación y serán enviados al purgatorio. Sin preguntar más, los cuatro terminaron de cruzar el río y sus piés fueron recibidos por una arena que los acariciaba, y frente a ellos se cernían ectáreas de la misma. La chica verde entreabrió ligeramente los labios al admirar el horizonte, presenciar aquel lugar se sentía como estar en un desierto muy peculiar, una playa sin arena. —¿No se suponía que deberíamos haber llegado al bosquejo? —cuestionó Joanne para sí misma, aunque en voz alta. —Dante suele desordenar los niveles —explicó Zerty, gruñendo porque le desagradaba tener arena en los piés—. Ahora estamos en... Los médanos de Fraude y Avaricia. Un ligero pitido caló la audición de todos, el cual se hacía cada vez más intenso. Al mirar al cielo, visualizaron cuerpos extraños que descendían, rápidamente llegaron a la conclusión de que eran el producto del pitido. Joanne sacó sus binoculares y volvió la vista hacia arriba para discernir la forma de aquellos cuerpos, entonces arrugó las cejas. —¿Llamaradas? Al bajar los binoculares, se encontró con que Zerty y Monserrath ya habían comenzado a correr. —¡Son fajos de billetes incendiados, debes evitar que te toquen! Entonces Raven reaccionó y haló la mano de la chica gris para comenzar a correr. Por más que intentaban avanzar con la mayor rapidez, la arena era traicionera, el ocasiones las hacían moverse con más lentitud o hacía que les pesaran los piés. La chica verde sacó los anillos de su koala y los encajó en sus dedos en tiempo record, al apretar los puños, garras emanaron de los metales, ayudándola a rebanar las pelotas de plata ardiente que se acercaban peligrosamente a ella. Joanne sólo se limitaba a correr bajo la protección de Raven, puesto que las armas de la primera eran inútiles para combatir aquellos fajos flamantes. Zerty corría con los brazos extendidos hacia el cielo, gotas de agua salían disparadas de las yemas de sus dedos, apagando por completo cada billete que cayera cerca de él. Monserrath, poseyendo el mismo poder, corría por su parte sin mirar atrás, preocupada sólo por ella. —¡Mira ahí, un sol de hielo! —exclamó Joanne, señalando un punto específico del suelo que titilaba—. ¡Tómalo! Raven se acercó rápidamente y cavó la arena con sus uñas, tomando la extraña esfera celeste y viendo cómo ésta se desvanecía en sus manos. —¿Qué...? —¡Sigue corriendo! —Joanne la sacó de sus pensamientos, logrando que la chica verde comenzara a rebanar billetes otra vez—. ¡Se disipan apenas las tocas, guardándose en tu sistema, para que Dante pueda verlas! —explicó la morena mientras corría—. ¡Debes estar atenta, no es tan sencillo conseguirlos! Por un momento, el cielo dejó de lanzar fajos de dinero. Raven pestañeó varias veces con el ceño fruncido. —¿Es todo? —inquirió, mirando hacia arriba. —¡No te detengas! —reprochó Joanne, haciendo un ademán para que siguiera la carrera—. Por suerte, los obstáculos aparecen solamente al inicio del nivel, pero hay que continuar corriendo para que no aparezcan más. Luchando contra la arena, todos lograron seguir hasta que una especie de rubí flotante apareció frente a cada uno de ellos, deteniéndolos. —Debes tocarlo para pasar al siguiente nivel —dijo Joanne—. Siempre aparece una gema o diamante distinto. —Wow, cool —opinó Raven, extendiendo la mano para tocar la esmeralda. —Oh, excepto si te sale una esmeralda —la morena, al ver que la chica verde estaba por tocar la gema, gritó—. ¡No! Pero ya el mal estaba hecho, Raven acababa de rocar la gema verdosa.
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