CAPITULO 2 "El desconocido bajo la Luna"

408 Words
El bosque parecía más vivo de noche. Las ramas susurraban su nombre mientras Aria caminaba, con los ojos ardiendo y el corazón destrozado. Cada paso la alejaba del clan… y del hombre que la había rechazado. Se detuvo junto al río. El reflejo de la luna temblaba, igual que sus manos. —No soy débil… —murmuró—. No lo soy. Una sombra apareció detrás de ella. Aria giró, lista para defenderse. Pero el hombre que emergió de entre los árboles no era del clan. Alto. Hombros anchos. Ojos dorados que brillaban como fuego líquido. Y una marca antigua sobre el pecho, apenas visible bajo la camisa entreabierta. —No deberías estar sola aquí —dijo con una voz grave, profunda—. Los clanes cazan lo que no entienden. Aria frunció el ceño. —No necesito tu ayuda. El desconocido sonrió, como si aquello lo divirtiera. Dio un paso hacia ella. El aire se cargó. Su aroma —bosque y tormenta— la envolvió de golpe. El lobo dentro de Aria reaccionó… no con miedo. Con deseo. —Eres diferente —murmuró él, acercando su rostro al suyo, tan cerca que sus respiraciones se mezclaron—. Lo sentí desde que cruzaste los límites. Ella tragó saliva. —¿Quién eres? —Elias. —Sus dedos rozaron la muñeca de Aria, justo donde dormitaba la marca rota—. Y tú… no eres una loba rechazada. Eres un secreto que el Consejo ha intentado ocultar. El contacto fue como fuego. El pulso de Aria se disparó, su piel se erizó, y una oleada de calor la recorrió. —Suéltame —susurró, aunque su cuerpo no parecía querer apartarse. Elias la miró, sus ojos encendidos por la luna. —Si te suelto… algo peor vendrá por ti. De repente, un rugido resonó en el bosque. No era un lobo común. Era algo más grande… más oscuro. Elias la atrajo hacia él, protegiéndola con su cuerpo. Su pecho fuerte rozó el de ella. El calor de él la envolvió, irresistible. —Confía en mí esta noche —dijo, con la boca peligrosamente cerca de su oído—. Después podrás decidir si quieres odiarme. Aria sintió el corazón martillar contra sus costillas. Y por primera vez desde el rechazo… no se sintió rota. Se sintió peligrosa. La luna brilló sobre ambos, sellando el inicio de algo que nadie podría detener. Algo prohibido. Algo ardiente. Y muy pronto… mortal.
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