Capítulo 1. El pasado regresa

2089 Words
Sonia ** —¿Quién es esta mujer, Aaron? — —Es mi novia, madre— —¿De qué estás hablando? Noemí está por llegar y no quiero a esta fulana mal vestida en mi casa— —Con todo respeto señora, no soy ninguna fulana, soy la novia de su hijo y…— jamás en mi vida había recibido una bofetada como aquella. Ni en mis mejores peleas de adolescente. —¡Mamá! — —Saca a esta mujer de aquí, Aaron. Acaso no ves que ensucia nuestra casa, y tú, no tienes derecho de hablar en mi casa, trepadora— Vaya que los ricos no tienen ni una pizca de educación, solo una fachada de dudosa elegancia. —No le permito que me hable así, no le he ofendido, si estoy aquí es por Aaron— —Aaron— la voz del padre de mi novio suena en la sala, interrumpiéndome— ya escuchaste a tu madre— Volteo para ver a Aaron y el maldito cobarde agacha la cabeza. *** Meses antes El maldito despertador me taladra la cabeza. —¡Demonios! — Grito enojada. Me estiro lo más que puedo en la cama y me levanto de golpe porque soy capaz de dormirme y después llorar por ir bastante tarde para el trabajo. Después de ducharme me doy unos golpecitos en la cara. —Tú puedes, Sonia Rodríguez Vel… ¡No! ...Tú puedes, Sonia Rodríguez, eres una diosa, hermosa y poderosa, este es tu día— Así comienzo mi día, dándome ánimos. Mi segundo apellido no es muy relevante así que lo evito como la peste, aunque a veces por mamá es que lo repito. —Mamá— susurro, mi garganta se cierra y de nuevo la tristeza me invade. Mi madre tiene dos meses de haber dejado este mundo y su ausencia me ha dejado mucho dolor, papá está destrozado y se ha enfrascado en el trabajo, ya abrió una tercera sucursal de su taller automovilístico, este lleva el nombre de Karina, todo por mamá. No puedo juzgarlo, también yo estoy devastada, perdí a mi madre, pero él perdió al amor de su vida, a su compañera. Recuerdo que de pequeña me encantaba su historia, es de esas historias de amor bonito, aunque también tuvieron sus dificultades, ya de adolescente supe de ellas y fueron dolorosas, mamá lloraba porque su familia no la quería, ni a mí. Aún recuerdo cuando nos corrieron a punta de golpes una navidad, mamá se enojó tanto que cortamos comunicación, eso ya hace 20 años. Eran… o son muy malditos En fin, de niña quería un amor igual al de mis padres, hasta que presencie la maldad humana representada por la familia de mi madre, y unos cuantos novios adolescentes y más, que eran bastante…horribles…patanes y otros adjetivos nada bonitos. Respiro hondo, no puedo dejar que mis pensamientos vayan a ese lugar oscuro de rencor, no, mamá se merece ser recordada por ella nada más, no por su familia ni mis malos amores, ella merece que la recuerde con amor. Respiro hondo y termino de arreglarme, que mis momentos de reflexión me han dejado con poco tiempo para correr hacia el trabajo. Al llegar a la puerta observo a mi padre con las llaves del carro en la mano, la puerta abierta detenida por un pie y un termo en la otra mano. Me conoce, hace esto todos los lunes…bueno, casi siempre que salgo tarde. —¡Gracias, papá! Te amo, nos vemos en la tarde— Mi padre asiente, me lanza besos desde fuera de la ventana y yo piso el acelerador, por el retrovisor veo su espalda que da una sensación de soledad. Trago grueso el nudo que se me ha formado en la garganta por la tristeza y sigo mi camino al trabajo, mi lugar seguro y reconfortante. Sonrío cuando encuentro a Irene del otro lado del mostrador con su encantadora sonrisa. Mi amiga, la más joven de este trio loco de amigas es la más centrada, y tiene una sonrisa tan inocente y curiosa que hace que se le abulten las mejillas, como una pequeña ardillita y me dan ganas de estrujarle el rostro, pellizcarle los cachetes y darle mordiscos, pero me abstengo porque ya estoy al límite de mi tiempo para comenzar a trabajar. La mañana transcurre de forma tranquila, por ratos olvido las cosas tristes de la vida, más cuando platico con Irene, atiendo al personal que viene de visita a la empresa o a aquellos empresarios que vienen a cerrar tratos jugosos con el “Gran Jefe”, e incluso cuando veo correr a mi amiga Luz de un lado para otro, a pesar de que es asistente en el departamento de Finanzas hace más trabajos, ayuda a los chicos de paquetería, a veces nos ayuda cuando nos llegan equipos de jóvenes de visita, somos una de las principales empresas en Ingeniería, la empresa SHEBAT es sin duda, una de las mejores, sino la mejor. Eso me hace sentir orgullosa, aunque mi amiga está un poco loca por ayudar a todos. Regresando del almuerzo me encuentro con un ramo de flores gigante sobre la recepción, mi compañera Verónica me observa con picardía, sabe de mis mil amores, aunque esto dudo que lo haga uno de ellos, me he topado con uno que otro ca***n tacaño. —Pero que… ¿quién trajo esto, Vero? — —Un chico muy apuesto vino a buscarte y trajo esto con él, mira que te lo tenías bien escondido, es bastante guapo y se ve que es riquillo— levanta la cejas pícaramente. ¿Guapo y riquillo? Me aplaudo mentalmente porque sí, en efecto, tengo buen ojo, pero riquillos nunca han sido de mi gusto, esa gente me causa…dolor de cabeza. —Mira, ahí viene el condenado— Volteo mi cabeza con rigidez, espero que no sea Tomás ni Héctor, vaya, ni el chico sexy del bar del mes pasado, ¿Javier, se llama? aunque nunca le di mi número ni un solo dato de más. Es raro. Al girar por completo mi rostro encuentro a un chico bastante alto, sí se ve agraciado, trae unos lentes negros y una chaqueta de cuero que lo hacen ver rebelde, de esos chicos malos y sexys, pero no lo conozco, no, no, no. Repaso rápidamente mi catálogo mental de relaciones fallidas, pero a él no lo conozco. —¡Hola, hermosa Sonia! — Su voz es bastante sensual, aunque me suena a que me saluda con un toque demasiado familiar y no de coqueteo. —¿Y tú eres…? —suelto de forma burlona y altiva, que ni crea que me va a nublar la mente con esa actitud. Levanto una ceja de forma divertida y engreída. —Recuerdo que de niña eras más divertida y solías abrazarme en cuanto me veías— suelta una risa burlona, para después hacer una mueca rara, como de nostalgia y culpabilidad, incluso deja su actitud de conquistador. Lo miro con los ojos entrecerrados mientras mi cerebro rememora corazón de condominio para saber quién carajo es este chico…pero de nuevo, nada viene a mí. —Ya, mira, no te conozco, así que, por favor, retírate de mi área de trabajo— Le digo de manera fría mientras rodeo la recepción para ponerme a trabajar. —¡Vamos, cariño! Soy inolvidable, no me hagas esto— Regresa su actitud divertida cuando contesta, se quita los lentes y me hace un puchero que me dan ganas de reír, pero en eso entra mi querido jefe. —Vaya, ¿y estas flores? —dice de forma burlona viéndome, me conoce, una que otra vez le he dado problemas con mis líos de amores, pero esta vez juro que no es mi culpa. —No tengo idea, señor, le juro que no lo conozco— Mi jefe, Irene y Verónica se ríen a carcajadas, yo solo me sonrojo por la vergüenza, Verónica se va corriendo antes de que le diga algo. —Bueno, te creo. Joven deje trabajar en paz a mi mejor recepcionista sino quiere que seguridad lo saque y tire como basura— Mi jefe ve de forma amenazante al chico y mi corazón se regocija, para este buen jefe somos como sus hijas. Veo como lo fulmina con la mirada y me hace una seña que conozco muy bien, es esa seña de luz verde de que puedo pedir a seguridad entrar y darle su merecido a este patán desconocido. Volteo para ver al sujeto con una sonrisa siniestra y una mirada de victoria. —Ah no, no me veas así y no le pidas a seguridad que me saquen a patadas, somos familia, ¡Princesa SoniVelt! — Estoy por apretar el botón para que venga seguridad, puesto que no me interesan sus suplicas, cuando mi mano se congela por el seudónimo por el que me ha hablado. —Pero que rayos… ¿Cómo me llamaste? — Pregunto echa una furia. El sujeto levanta sus manos como tratando de calmarme. —No te enojes, Princesa SoniVelt, soy tu primo Rubén, el más guapo de los guapos de la familia, ¿no te acuerdas de mí? — ¿Rubén? Mis ojos se abren de par en par. Sin pensarlo toco el botón y los de seguridad se acercan, tomando desprevenido a este sujeto. —¿Qué hacen? Noooo, Princesa… Soni— —No me digas así, no te conozco, saquen a este sujeto de aquí— —Vamos, Soni, no me hagas esto, necesito hablar contigo, es importante, ¡Soni! ¡Princesaaaaaa!... ¡Sonia Vel...aaaah! — Lo siguiente que escucho son gritos del tipo. Mis manos están hechas puños a mis costados, y se me paraliza el corazón cuando escucho a lo lejos una parte de mi otro apellido, para mi fortuna no logra terminar de decirlo y nadie escucha nada más. —Sonia, ¿estás bien? —me pregunta con cautela mi amiga Irene. —Sí, solo necesito un momento—mi voz sale entrecortada. —Bien, yo me encargo de la recepción, ve a la sala de descanso— Irene me da una sonrisa reconfortante y salgo como zombi para la sala de descanso. Ni el jefe intenta detenerme, me conoce demasiado bien como para darme mi espacio cuando entro en shock. Afortunadamente estoy sola en este lugar, se me escapan mis lágrimas, no ha pasado tanto desde que mamá murió y esta gente comienza a molestar, primero el abogado, después Rubén… si ellos me buscan no es para nada bueno. Aprieto mis manos en puños, no me dejaré, no dejaré que molesten a papá. Inmediatamente, le mando mensaje a Víctor, el ayudante de papá para que se mantenga al tanto de visitas inesperadas y horribles, le pido que me avise por cualquier cosa y que, si se atreven a buscar a papá que lo defienda y cuide en lo que llego. De nuevo, respiro hondo. Camino al baño, donde me lavo la cara y arreglo un poco. —Tú puedes Sonia Rodríguez, nunca olvides que eres una diosa poderosa, nadie se atreverá a hacerte daño de nuevo, ni a tu familia— me sonrío en el espejo y salgo con una nueva meta, defendernos a mi padre y a mí hasta las últimas consecuencias, no dejaré que la familia de mi madre nos humille de nuevo, ni manche su memoria. Sonrío con suficiencia, ya no soy esa niñita que quería a sus abuelos maternos, a su tía y a sus primos, no, ahora soy una mujer que no necesita de ellos para nada. Al regresar a la recepción las flores no están. Irene a pesar de no saber de mi pasado me conoce en otros aspectos demasiado bien. Le doy una mirada de gratitud y me dispongo a trabajar lo que resta del día. Todo transcurre con normalidad. —Sonia, antes de que te vayas, las flores venían con esta carta, la guarde por si la necesitabas o algo, te quiero—Irene me abraza y después, sale corriendo. —Niña…—me burlo un poco. Observo el sobre, la ira regresa a mí, así que respiro hondo y arrugo la carta para después botarla a la basura. Ojos que no ven corazón que no siente. No necesito saber nada de ellos, menos cuando me ponen tan mal, todavía. Mi día continuo con normalidad, sin saber que a partir de este día comenzaría el caos en mi vida, el pasado regresaría con fuerza y el amor podría cambiar mi futuro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD