—El hijo pródigo regresa a casa —mi padre se levanta de la mesa cuando atravieso las puertas corredizas que dan hacia el jardín. Me abraza con fuerza como cuando era tan sólo un niño y regresaba de algún viaje de trabajo, un abrazo de los que duran más de un par de segundos—. No creí que te veríamos todavía. Tu madre me contó, tan pronto regresé a casa por la noche. Subí a verte pero dormías tan plácidamente que no me atreví a despertarte. —Me habría alegrado mucho al despertar y verte ahí. —Rodeo la mesa y dejo un beso en la mejilla de mi madre, quien se encuentra sentada a la derecha de mi padre—. Hace una hermosa mañana. —Tomo asiento junto a ella y es como si el tiempo volviera atrás, hace un par de años. —Tu madre me dijo que saliste a dar una vuelta ayer —dice con indiferencia comi

