—Me siento honrado de ser la primera persona que quisiste ver al pisar suelo español. —Marcos me entrega un café mientras me siento en el sofá. No tuvimos mucho tiempo para hablar cuando llegué. Él estaba agotado de llegar de su trabajo en el hospital y yo quería dormir en un lugar cómodo. No alcancé a llegar a la habitación de huéspedes, me quedé dormido al momento en el que abandonó la sala.
—Gracias —Acepto la taza de café, está caliente y el primer trago termina de despertarme. No tengo la menor idea de cuánto tiempo dormí —Tu feo rostro fuel el último que ví antes de irme, me pareció justo que fuese el primero en ver al regresar.
—Fue un largo viaje el tuyo. La verdad, no creí que regresarías. Pensé que de pronto morirías junto a los monjes tibetanos o algo así —Se burla y yo le arrojo uno de los cojines del sofá que usé como almohada—. ¿Por qué regresaste después de tanto tiempo?
—Sentí que tenía que regresar. Además, mi madre no resistiría más tiempo imaginando que moriría con los monjes tibetanos.
—Siempre se trata de los monjes tibetanos —Me regresa el cojín arrojándolo a mi café, tengo que esforzarme para atrapar el cojín sin que se lleve mi café de por medio—. ¿Qué hay de la chica de anoche? ¿Sabe si está bien?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—No tengo cómo saberlo.
—¿Acaso no tienes su número? Envía un mensaje y así lo sabrás.
—Ese es el punto, no lo tengo. Ni siquiera sé su nombre.
—Probablemente le salvaste la vida y ni siquiera le preguntaste su nombre —Marcos niega con la cabeza elevando ambas cejas confundido. Yo me sentía igual. No me atreví a pedirle su número porque no quería que se asustara o creyera que la había ayudado solo por querer algo de ella. Pero la preocupación de saber si estaría bien comenzaba a punzar en mi cabeza. Tenía que asegurarme que estaba bien, así tuviera que actuar como un acosador.
—Creo que tanto tiempo en Asia te afectó el sentido común. ¿Y qué piensas hacer ahora que volviste? —preguntó cambiando de tema, haciendo la pregunta que me estuve haciendo desde que subí al avión de regreso a casa.
—Por lo pronto, ver a mi madre y a mi padre. Supongo que regresar al negocio familiar y aceitar a mi motocicleta que debe haberme extrañado mucho. —Desde el accidente no volví a conducir mi motocicleta, por el bien de los nervios de mi madre. Aunque mi corcel de metal siempre fue una extensión de mi cuerpo, cuando montaba sobre ella, me sentía libre, realmente libre.
—¿Te meterás en un traje con corbata?
—Creo que no tengo alternativa —Nunca me fue muy bien usando traje y corbata, lo sentía como una camisa de fuerza, me ahogaba y me sentía apresado. Sin embargo, era lo que tenía que hacer si quería volver al trabajo.
—Eso tendré que verlo, hombre.
Desayuno con Marcos y después es momento de ir a ver a mi familia. Sé que será una grata sorpresa para ambos. Al salir del edificio donde vive Marcos, la escena de anoche se repite en mi mente. Mis pies me llevan a su apartamento. Me detengo ahí de pie, observando las ventanas que dan a la calle, preguntándome si ella estaría bien. No conocía su nombre, pero pedía que su día iniciará mucho mejor de lo que terminó el anterior. Le di una última mirada al edificio, antes de coger un taxi y finalmente regresar a la casa de mis padres.
Las puertas se abren cuando introduzco la clave y las paredes color crema aparecen frente a mi, la grama verde recién cortada. Las rosas que mi madre sembró hace seis años, están tan cuidadas cómo entonces. Presiono el timbre y luego de unos minutos la abren.
—Soy Alexander Bedford. Busco a mi madre —le digo a la mujer asiática de unos cuarenta años que abre la puerta.
—¿Aexander? —escucho la voz de mi madre a lo lejos, unas pisadas resuenan, mientras se acerca a paso rápido. La mujer asiática se hace a un lado y yo camino hasta la sala. Veo a mi madre aparecer mientras se limpia las manos en el delantal floral que lleva colgado. Su rostro se ilumina con una inmensa sonrisa—. Creí que regresarías hasta dentro de dos meses. ¿Por qué no nos contaste que venías? Te habríamos esperado en el aeropuerto —Ella me abraza con fuerza y yo apoyo la cabeza sobre la suya. Extrañaba sus abrazos, su comida, su risa, todo de ella.
—Quería sorprenderlos. ¿Dónde está papá?
—Vendrá a comer más tarde.
—Entonces lo sorprenderemos en la cena. ¿Han cuidado de mi niña? —Dejo la mochila en el suelo porque comienza a molestarme su peso.
—Todas las semanas tu padre da una vuelta en ella. ¿No está pensando en subirte de nuevo? —Frunce el ceño mirándome como si fue un niño, con esa mirada que todas las madres tienen cuando estás por hacer algo malo.
—Nada me va a suceder. Tranquila —Dejo un beso sonoro en su mejilla y le doy mi mejor sonrisa, el mejor remedio a su mal humor, siempre funcionó y esta vez no es la excepción. Su expresión se dulcifica y suspira con cierta resignación. Es muy tarde para intentar cambiarme.
—Espero que sepas que te acompañaré cuando vayas a tu chequeo médico. Ya pasó mucho tiempo desde la última vez y ya sabes lo que dijo el doctor…
—Mamá… —Coloco mis manos sobre los hombros bajando la cabeza para que mis ojos y los suyos estén en sincronía. Siempre me dijeron que me parecía a mi padre, pero mis ojos y mi sonrisa eran como los de mi madre. Este es uno de esos pocos momentos en los que de verdad lo veo—. Recuerdo perfectamente al doctor. Apenas acabo de llegar. Dame unos días para aclimatarme y después iré a mi chequeo médico. No tienes de qué preocuparte. Todo estará bien.
—Estaré tranquila cuando el doctor te examine y diga que no hay de qué preocuparse. Recién te acabo de recuperar. No quiero que algo que pudimos preveer te aleje de nosotros.
—Eso no sucederá —Paso mis brazos sobre sus hombros, cubriéndola en un abrazo. Comprendo su temor y su preocupación. Ella la pasó muy mal desde mi diagnóstico aquella vez. No quería que tuviera que atravesar de nuevo por eso.
—Iré a dar una vuelta. Volveré más tarde. No te preocupes —Ella está por decirme algo pero termina suspirando y me indica donde está la llave de mi motocicleta.
Cuando estoy sobre ella todo desaparece. Las ligeras preocupaciones que recién surgieron acerca de mi chequeo médico, la incertidumbre de los siguientes días, todo es un pequeño borrón en unos de los espejos retrovisores de mi máquina.
Me alejo de la casa y decido pasar por el hospital donde trabaja Marcos. Por lo que me contó anoche en nuestra corta plática, no volvió a correr después del accidente, algunos dirían que es estrés postraumático, yo digo que es sentido común.
Apago el motor frente al hospital y decido tomar un café en el lugar de enfrente, entonces la veo. Ella observa a ambos lados antes de cruzar la calle, lleva cuatro cafés en las manos. La sigo con la mirada hasta que desaparece por las puertas del hospital. Nunca hubiese imaginado que trabajaba en el mismo lugar de Marcos. ¿Cuáles eran las posibilidades de volver a verla sin siquiera buscarla?
Me quedé ahí en el café, mirando a través de la ventana, con la mirada fija en las puertas del hospital, con la esperanza de volver a verla. No tenía la menor idea de lo que sucedía con esta chica. Pero comenzaba a pensar que el destino estaba esforzándose por qué nuestros caminos se cruzaran.
No había tenido una relación desde Luna. Estuvimos juntos durante poco más de tres años, con muchas idas y venidas. La amé hasta que amarla comenzó a significar que me amara menos, cuando amarme se convirtió en tratar de hacerme cambiar a alguien que nunca fui. El día que terminamos fue esa noche, poco antes de que la carrera iniciara. Se suponía que me acompañaría esa noche pero no lo hizo. Sin embargo, mis planes no iban a cambiar por eso.
Había estado mirando por tanto tiempo aquella entrada casi sin pestañar, que la visión se tornó borrosa de pronto y un pequeño dolor se fue esparciendo por mi cabeza.
—Debo intentar dormir mejor esta noche —Froto mis ojos, pestañeando hasta que mi visión regresando a la normalidad. Sin poder dejar de pensar en que el universo me hizo regresar por una razón y me estaba haciendo encontrarme con ella por algo. —La tercera es la vencida. Si vuelvo a encontrarte una vez más, no te dejaré ir hasta descubrir la razón por la que tenía que estar en tu camino.