La fogata

1065 Words
Después de la cena, me levanté y tomé mi abrigo. Al salir al aire frío, Grecia, que estaba en la recepción, me llamó. —Si necesitas recomendaciones de lugares para visitar, puedo sugerirte algunos —dijo con una sonrisa amistosa. —Gracias, pero solo voy a caminar un poco —respondí, sin mucho ánimo de hacer planes, aunque la idea de explorar este lugar me intrigaba—. Estoy segura de que mañana será un buen día. Al salir del hostal, cerré los ojos por un momento y sonreí. El aire frío de la noche me despejó, y la sensación de libertad me invadió. Caminé unos pasos y me encontré con un grupo de niños que, al verme, me ofrecieron dulces navideños. Tomándome de la mano, me llevaron hacia un pequeño círculo de personas que cantaban villancicos junto a una fogata. Sentí el calor de las llamas, y al sentarme, me sirvieron té. Miré a mi alrededor y vi los rostros felices de los aldeanos, su alegría reflejada claramente en sus expresiones. De repente, John apareció entre la multitud, caminando hacia mí con una sonrisa. —Parece que realmente te gusta la Navidad —comentó, con una leve risa. Me miró, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y algo más. Pero antes de que pudiera responder, una ráfaga de viento sopló, trayendo consigo el aroma de la madera y la canela. Sin darme cuenta, mi corazón empezó a acelerarse. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí una chispa de algo diferente, algo que podría ser más que una simple escapatoria. Después de un rato disfrutando de los villancicos junto a la fogata, el calor y la alegría a mi alrededor me envolvieron. Me sentí ligera, como si el peso de todo lo que había dejado atrás se desvaneciera en el aire frío de la noche. John y yo caminamos en silencio de regreso al hostal, el sonido de nuestros pasos crujía sobre la nieve fresca. Fue él quien rompió el silencio, su voz profunda llenando el espacio entre nosotros. —Creo que aún no me he presentado como es debido —dijo, deteniéndose por un momento. Extendió su mano hacia mí con una sonrisa sincera—. Mi nombre es John Hudson, el hijo de Grecia. Miré su mano, luego su rostro, y extendí la mía sin pensarlo. Cuando nuestras manos se encontraron, una corriente eléctrica recorrió mi brazo, y de manera inesperada, sentí una oleada de mariposas en el estómago. ¿Algo tan simple podía hacerme sentir tan… viva? Su mirada se cruzó con la mía, y por un segundo, el mundo pareció detenerse. Pero antes de que pudiera decir algo, un sonido rompió el hechizo. —¡Ah, ya veo! —una voz femenina llamó desde detrás de nosotros. Me giré rápidamente y vi a una mujer alta, con una presencia que no pasaba desapercibida. Tenía el cabello rubio y una mirada desafiante. No era difícil notar que tenía algún tipo de conexión con John. Se acercó con pasos firmes y me miró con una sonrisa sarcástica. —John, ya entiendo por qué no quisiste regresar conmigo —dijo, con un tono cargado de veneno—. Parece que has encontrado una nueva conquista. Mi corazón dio un vuelco al escuchar sus palabras. Miré a John, confundida, pero él no dijo nada, su rostro permaneció inexpresivo. —No soy su nueva conquista —respondí, incapaz de detenerme—. Estás equivocada. La mujer dejó escapar una risa contenida, como si lo que acababa de decir le pareciera gracioso. —Ajá, claro —dijo con una sonrisa burlona—. Todas las mujeres están detrás de John, pero él es solo mío. El aire a nuestro alrededor se tensó, y pude ver a John apretar los dientes. Finalmente, habló con voz firme. —No le pertenezco a nadie —dijo, mirando a la mujer con dureza—. Nuestra relación terminó porque no puedes controlar tus impulsos. La mujer pareció retroceder, sorprendida, antes de recuperar su actitud desafiante. —Bueno, si tú lo dices, pero… ya verás, John, las cosas no son tan simples —dijo, lanzándome una última mirada antes de alejarse. Me quedé en silencio, aún sintiendo el peso de sus palabras. La tensión en el aire era palpable, y al mirar a John, noté la incomodidad reflejada en su rostro. Cuando Bertha finalmente se fue, su figura desapareciendo a lo lejos, John me miró con una mezcla de disculpa e incomodidad. —Lamento ese pequeño momento incómodo —dijo, con un tono sincero. No pude evitar sonreír, sintiéndome un poco más relajada después de todo lo que acababa de pasar. —Parece que eres el hombre que roba suspiros —comenté en tono de broma, sin poder resistirme. John me devolvió la sonrisa, sus ojos brillando con complicidad. —¿Y robo los tuyos también? —preguntó, con una sonrisa ligeramente traviesa en sus labios. Me quedé helada por un momento, sin saber cómo responder. Mi mente intentaba procesar esas palabras, pero antes de que pudiera decir algo, él dejó escapar una risa baja. —Es solo una broma —añadió, como si hubiera leído mi confusión. Suspiré profundamente, aliviada, y la risa que escapó de mis labios me hizo sentir más cómoda, como si todo se volviera más natural entre nosotros. —Definitivamente eres un hombre interesante, John —pensé, pero no lo dije en voz alta. El frío aire nocturno nos rodeaba, pero ya no me sentía tan sola, ni tan perdida. Había algo en John que hacía que todo pareciera más fácil. Cuando llegamos a la puerta del hostal, John se detuvo y me miró con una cálida sonrisa. —Espero que tu estancia sea más larga de lo que crees —dijo, con un tono suave, lleno de una amabilidad que me hacía sentir tranquila. —De eso estoy segura —respondí, sin pensarlo mucho. Estaba empezando a disfrutar esta pequeña escapada. —Entonces, nos vemos mañana —dijo, inclinando ligeramente la cabeza y regalándome una última sonrisa antes de despedirse. Lo observé alejarse mientras me dirigía hacia la puerta de mi habitación. Tan pronto como la cerré detrás de mí, suspiré profundamente y me apoyé en ella. John… era encantador. Todo en él parecía tan natural, tan seguro, como si tuviera el control de todo, pero sin que eso lo hiciera menos atractivo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD