Un par de horas después, Santiago se marcha. En estos momentos, me encuentro sola en mi habitación. Esta es la parte más difícil con la que tengo que lidiar. La soledad.
Es como si nada tuviese sentido ya, como si todo lo que he hecho haya sido en vano. Estoy enfadada, irritada conmigo misma, con Diego, Soraya, Santiago, Paloma... Con todos, hasta con quienes no tuvieron nada que ver.
De cualquier modo, no tiene caso dar tantas vueltas. Es la primera vez que experimento el dolor de la traición, y probablemente no sea la última. Perdí a un hombre por el que me he esforzado para ganarme su corazón, o tal vez, no lo perdí en verdad. Dicen que si una persona te traiciona, no fuiste tú quien perdió, sino el que traicionó. Debo decir, entonces, que Diego me perdió a mí.
Sea como sea, solo me queda superarlo. Si fui capaz de avanzar luego de la muerte de Ray, puedo hacerlo con esto. Es la única opción que tengo, pues lo que sucedió entre Diego y yo ya no se puede remediar.
Estoy tumbada en la cama con la mirada al techo, sumergida en mis pensamientos, cuando de pronto, Roxana ingresa al dormitorio.
—¿Se puede? —pregunta.
—Adelante —me incorporo.
—¿Estás bien? Gustavo me comentó que tuviste problemas, pero no me dio muchos detalles —expone.
—Oh... No es nada.
—¿En serio? Te ves muy mal —señala.
—Es solo que... Si empiezo a recordarlo de nuevo... —la voz me tiembla— voy a llorar... —gimoteo.
—Vaya, niña —se aproxima y toma asiento a mi lado, para rodearme con los brazos y acariciar mi pelo.
—No lo entiendo, Roxana. ¿En qué me equivoqué?
—¿Tuviste algún conflicto con tu novio? ¿O es un asunto relacionado con el instituto?
—Diego me engañó con otra —confieso.
—¡¿Qué?! —se sorprende y se aleja para mirarme a la cara.
—Ni siquiera puedes imaginar mi reacción cuando lo supe. En ese instante, me invadió un instinto asesino, quería deshacerme de la persona con la que me traicionó... Y también de él —sostengo.
—No vale la pena mancharse las manos por ellos. Sé que es duro, pero tómalo como una lección de vida que te fortalecerá.
—Es frustrante saber que uno se hace fuerte mediante el sufrimiento y el corazón roto.
—Existen diferentes formas de aprendizaje; aunque frecuentemente, sean las experiencias negativas las que tomamos como una especie de enseñanza. Al principio, es desgarrador; sin embargo, cuando vuelve a ocurrir, ya no duele tanto como la primera vez, pues ya sabes cómo manejarte en esa situación, qué decisiones tomar y, por sobretodo, eres consciente de que la vida continúa —explica.
—Tú luces como una mujer inquebrantable —opino, a lo que deja escapar una risa corta.
—Pues, me han ocurrido muchas cosas, tuve que sobrevivir de alguna manera.
—¿También has sido traicionada? —cuestiono.
—No he tenido tantas relaciones, ni me he topado con demasiados hombres. Tenía otra prioridad, el cual era terminar mi carrera. Gracias a mi dedicación, he conseguido abrir mi propia empresa y ser reconocida por mis habilidades. Fue un trabajo duro, hice sacrificios y renuncié a cualquier distracción, lo cual tuvo sus frutos.
—Entonces, ¿no te has enamorado antes? —siento curiosidad.
—Por supuesto, tengo el recuerdo de mi primer amor. Era un hombre leal, amoroso y entregado. Nunca dudé de que me amó, y sé que él tampoco duda de lo que sentí. Nuestros sentimientos eran mutuos y verdaderos —su voz se suaviza.
—Si todo era tan bonito, ¿porqué no siguen juntos? ¿O es que acaso te refieres a Gustavo? —suelta una risa de nuevo.
—Gustavo es el símbolo de que decidí darme una oportunidad para formar una familia. Después de bastante tiempo, he vuelto a pensar en tener una pareja estable, alguien a quien abrazar al llegar a casa. En cuanto a aquel primer hombre a quien le entregué mi corazón, aunque nos amábamos tanto, no era suficiente. En la vida, el amor no basta para salir adelante. No nacimos en cuna de oro, éramos personas de recursos limitados, y no quería vivir de esa forma. Por lo tanto, renuncié a él para empezar una carrera aquí, en este país.
—¡¿Eres extranjera?! —pregunto, con los ojos abiertos como platos.
—Soy ciudadana desde hace varios años.
—No lo puedo creer... —estoy realmente asombrada— ¿Y qué pasó con ese hombre?
—No sé nada de él, ya que vive muy lejos.
Probablemente, mi vulnerabilidad sea la razón por la que oír esta historia me causa mucha tristeza. Quiero llorar por ella, por ese hombre, por mí y por todas las personas que tienen el corazón roto en este mundo.
—¿No volviste a buscarlo? —gimoteo.
—No, no hubiera sido justo. Lo dejé para ir en busca de mis sueños, él tenía derecho a rehacer su vida.
Desde que conozco a Roxana, sentí admiración hacia ella; ahora, la admiro y la respeto aún más.
Qué mujer tan madura y determinada, tenía sus objetivos claros desde siempre y no estaba dispuesta a cambiarlos por nada. Construyó un camino y alcanzó sus metas. Quizás, eso sea bueno para mí en estas circunstancias, debería buscar algo que me apasione y esforzarme por obtenerlo; de esta forma, mantendré la mente ocupada y el corazón sanará con el tiempo.
—Lamento que ese amor no haya podido ser —expreso.
—No hay motivos para lamentarse, soy feliz y no me arrepiento de las decisiones que tomé. Si tuviera la oportunidad de volver al pasado, actuaría de la misma manera. Todo lo que hice fue necesario para llegar a donde estoy, no le daría la espalda a todos mis logros.
Definitivamente, me quito el sombrero ante ella. Se merece todo lo bueno.
—Gracias por hablar conmigo y por contarme acerca de tu primer amor. Me gustaría ser como tú cuando sea mayor —sostengo.
—Tienes que ser aún mejor que yo —guiña un ojo—. En fin, fue una buena conversación, pero ya debo irme a mi habitación, mañana me espera un largo día de trabajo, otra vez —bosteza.
—Buenas noches, Roxana. Que duermas bien.
Plasma un beso en mi frente, luego se retira.
Por poco le pido que permanezca aquí toda la noche, pero sentí vergüenza, así que no lo hice. Además, imaginé a Gustavo durmiendo solo, por lo que le tuve compasión.
De repente, se me ocurre llamar a mi padre. Lo extraño bastante, desearía que estuviese a mi lado. Necesito de sus abrazos cálidos y escuchar su voz tan firme, estoy segura de que con ello, se aliviará el dolor de mi corazón. Sin embargo, notaría de inmediato que algo no anda bien, y no quiero preocuparlo.
Ámbar me había dicho que podría marcar a su celular, pero creo que ya la he molestado lo suficiente. Lo único que me queda es aceptar que en este instante solo me tengo a mí.
En la mañana siguiente, despierto a duras penas. Sigo con los párpados hinchados y no he podido dormir cómodamente. Me levanto de la cama con una pesadumbre insertada en mi pecho. Debo volver al instituto, no puedo continuar faltando a clases; sin embargo, temo encontrarme con Diego o Soraya.
Aún me resulta difícil asimilar que de un día para otro, las cosas hayan cambiado. Amanecía feliz, deseosa por ver a mi novio y ansiosa por hablar con mi mejor amiga. Ahora, debo conseguir evitarlos a toda costa.
No andarían recorriendo el recinto tomados de las manos, ¿cierto? Si eso ocurre, no estoy segura de lo que haría.
Llamo a un taxi para marcharme, no tengo la fuerza para caminar. Aunque el trayecto sea corto, no deseo ver las calles que acostumbraba transitar con Diego. Todo me recuerda a él, hasta la más mínima cosa.
Llego al instituto y subo las escaleras para alcanzar el segundo piso. Llevo la cabeza gacha y la mirada al suelo, en lo que termino colisionando contra Marina.
—Oh, Dalila —su expresión cambia totalmente, de una normal a una que denota pena— creí que no vendrías hoy, pero aquí estás.
Se aproxima y me abraza con fuerza, lo cual me deja atónita y sin poder moverme. Marina no es particularmente una chica afectuosa, por lo que me sorprendió bastante su acercamiento. Segundos después, la correspondo.
—¿Porqué no habría de venir? —digo, intentando ocultar mi corazón desgarrado.
—Sé lo que sucedió con Diego —expone, arrugando la frente.
—¿Có... Cómo lo sabes?
—Ya se ha esparcido por los pasillos de las aulas.
—¿Cómo que...? —noto que voy alzando la voz, así que empiezo a murmurar— ¿Cómo que se esparció? ¿Todo el mundo lo sabe?
—Al menos, la mayoría —afirma.
Perfecto. Ahora todos conocen el estupendo chisme de cómo fui humillada por mi ex-novio y mi ex-mejor amiga.
Empiezo a escuchar unos pasos aproximándose y una voz que reconozco al instante.
—¡Ah, Dalila! —dice Micaela al verme, quien también se asoma y me rodea con los brazos— ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? —pregunta, con tono afligido.
¿Porqué están abrazándome como si estuviese en un funeral?
—Estoy bien, no te preocupes —sostengo, dando palmadas a su espalda.
—Intenté prometerme a mí misma que no diría esto; sin embargo, me resulta imposible cumplirlo. Es que, ¡yo te lo dije! —exclama—. Soraya nunca fue una persona de fiar, procuré advertirte pero te empeñabas en defenderla y estar de su lado.
—Micaela, este no es el momento apropiado para decir algo como eso —interviene Marina.
—Sé que ahora todo parece terrible, pero lo superarás con el tiempo —Micaela coloca ambas manos sobre mis hombros y me mira con atención— tienes que ser fuerte, la vida continúa. Por cierto, te esperaré durante el ateneo, no faltes hoy —impone.
—No creo que Dalila tenga fuerzas para practicar —supone Marina.
—El entrenamiento es lo ideal para ella, le ayudará a levantar ese ánimo y a no pensar demasiado en las desgracias. Como dije, la vida continúa, cariño —ubica su mano sobre mi cabeza e ingresa al aula.
—Qué insensible —dice Marina, entre dientes.
—En realidad, tiene razón. No quisiera permanecer todo el día encerrada en mi habitación pensando una y otra vez en aquello que me hace daño. Cuanto más rápido lo deje atrás, mejor para mí —expreso.
—No tiene nada de malo llorar por lo que duele y desahogarse.
—Creo que ya he llorado lo suficiente —le toco el hombro, como agradeciendo su interés por mi bienestar. Luego, entro al aula.
Mantengo la vista hacia afuera a través de la ventana, cuando veo a Paloma por el rabillo del ojo. Toma asiento y nada más, no reacciona como las demás, no se acerca ni me brinda sus palabras de consuelo, aunque no lo esperaba de todas maneras.
Al llegar el horario del recreo, todas se dirigen a la cafetería; sin embargo, yo no me muevo de mi lugar.
—¿Vamos fuera? —pregunta Marina.
—No, me quedaré aquí —asevero.
—No quieres cruzarte con Soraya, ¿cierto? —odio tener que admitirlo, así que solo guardo silencio, pero ella lo sabe sin tener que decírselo— Está bien, no insistiré.
Permanezco estática, con la mirada siempre en la ventana, aunque no esté observando nada en concreto.
Repentinamente, percibo a una persona cerca de mí. Muevo los ojos hacia su dirección, para ver que se trata de Paloma.
Tiene el semblante serio, no consigo deducir qué es lo que está pensando o sintiendo.
—¿Cómo estás? —suelta.
—¿Tú qué crees?
—Lamento lo que sucedió —expresa.
—¿Porqué? ¿Tuviste algo que ver? —pregunto, a la defensiva.
—No es así. Es que... Es mi hermano, metí mis manos al fuego por él, asegurando que era un buen chico en quien podías confiar ciegamente; sin embargo, acabó haciéndote mucho daño —expresa.
—Esa fue mi decisión —declaro—. Por cierto, sí tengo curiosidad sobre una cosa que me ha estado rondando en la cabeza. ¿Sabías lo que había ocurrido entre ellos antes de que yo me enterara?
Conozco la respuesta, aún así quería oírlo de su boca.
—Sí, lo sabía —expone—. Quizás te enfades por no habértelo dicho, pero tienes que entender que no me correspondía —juega con los dedos.
—No pensaba culparte, solo quería saberlo. No fuiste quien lo obligó a acostarse con ella, él tomó su camino —apoyo la barbilla sobre la mano, resignada a la situación.
De repente, se acerca y me rodea con los brazos fuertemente.
—Dalila, lo siento mucho. Nunca imaginé que sucedería algo como esto. Me siento avergonzada y dolida por lo que Diego te ha hecho, ni siquiera yo puedo perdonárselo —confiesa.
Por favor, ya no digas más o lloraré de nuevo.
—Está bien, no es un asunto que te involucre tal cual, no hay razón para que te sientas así —la tranquilizo.
—Te quiero, ¿sabes? Te considero una de mis mejores amigas y la mejor persona que he conocido en mi vida, te defenderé siempre contra quien sea —agrega.
—No tienes que prometerme nada, no creas que me debes algo. Nuestra amistad no depende de lo que ocurra entre tu hermano y yo.
Aunque eso fue lo que dije, en cierto modo, también estoy un poco enojada con Paloma. No porque no me lo haya dicho, ni porque tuviera algo que ver, sino porque es su hermana. Quizás es normal por todo este rencor, pero en cuanto consiga enfriar la cabeza, sé que podré entender que ella no tiene la culpa de lo que Diego haya hecho. Nadie tiene porqué pagar por sus platos rotos.