¿Qué es lo correcto?

2557 Words
No he hablado con Santiago al respecto, no me atreví. Es decir, ya se lo había preguntado y recuerdo que dijo claramente que no se sentía confundido, que es a mí a quien quiere. ¿Porqué preguntárselo una y otra vez? Solo estaría demostrando inseguridad. Además, no quisiera convertirme en una persona dependiente del cariño de otro. Si Santiago quiere intentarlo con ella, debería dejarlo ir, ¿verdad? ¿Verdad? Al día siguiente, nos encontramos en el instituto en horario del recreo, junto con Paloma y Marina. Paloma parece distraída. Se había comprado un sándwich, pero no ha probado bocado. Mantiene la mirada fija en la nada, sumergida en sus pensamientos. —Oye —suelta Marina, dándole un leve codazo en el brazo— ¿Qué te pasa? Espabila. —Ah, lo siento —toma su sándwich y comienza a comerlo lentamente. —¿Estás bien? —pregunta Marina. —Sí, eso creo. Sé lo que le pasa. Está muerta de la duda, la cual tiene nombre. Santiago. Trató de autoconvencerse de que él jamás se fijaría en ella, pero no puede evitar sentirse esperanzada. Probablemente, no estaría de esa forma si Santiago lo hubiese negado al instante; sin embargo, no lo hizo. —Oigan —Paloma capta nuestra atención— he estado pensando... Que tal vez debería decírselo. Me atraganto con el refresco que estaba bebiendo y comienzo a toser. —¿Acaso es mala idea? —cuestiona, preocupada. —¿Eh? No... Quiero decir, no lo sé... —sigo tosiendo. —¿Tú qué crees, Marina? —Para empezar, ¿de qué estás hablando y porqué soy la única que no lo entiende? —Marina se cruza de brazos. —Siempre eres tan despistada —Paloma da un ligero golpe a la frente de Marina—. Me refiero a lo que Micaela dijo ayer, acerca de que a Santiago le gusto. —Bueno, Micaela siempre hace ese tipo de bromas, pero Santiago tampoco lo desmintió —alega Marina. —¿Tú también te diste cuenta? —se emociona Paloma— Lo natural sería que él lo niegue de inmediato, ¿no? Pero no fue así. —A ver, no te adelantes demasiado. Santiago es un chico tímido, es probable que haya preferido quedarse callado para no empeorar la situación; o, pensó que si lo negaba, te ofenderías... Quién sabe, hay muchas opciones. Me resulta gracioso que Santi sea tan fácil de predecir; sin embargo, aunque esas teorías son válidas, no va por ninguno de esos dos caminos. —¡Es por eso que quiero hablarlo con él! —exclama Paloma— Nunca le he dicho que me gustaba porque creía que no lo merecía y que jamás voltearía a verme; pero ya no quiero seguir pensando así. Si ese es el caso, necesito que Santiago me lo diga —afirma. —Si es lo que quieres hacer y estás segura de ello, te apoyamos —expresa Marina. ¿Porqué lo dice en plural? —Gracias, chicas —¿porqué me incluye? No he dicho nada— Si Santiago me rechaza, ¿estarán ahí para consolarme? Está yendo demasiado rápido y no puedo tomar su ritmo. —Claro que sí, nena —da palmaditas a la espalda de Paloma. No, por favor. Ahora no. El corazón se me agita y me cuesta respirar, mientras que mis ojos empiezan a llenarse de líquido. —Debo ir al baño —digo, levantándome de sopetón y caminando a paso apresurado. —¡Dalila, te acompaño! —suelta Paloma. —¡No! —vocifero, empezando a correr. No veo nada debido a las lágrimas que se han acumulado, pero no puedo permitir que sean derramadas delante de ellas. No puedo. Al llegar al baño, me derrumbo. Esto se está saliendo de control, escapa totalmente de mis manos. ¿Porqué siento tanto miedo? ¿Es porque nunca estuve segura del supuesto amor de Santiago hacia mí? ¿Es por eso que no me apresuré en darle una respuesta? Debería hacerlo ahora, ¿no? Pero, ¿qué le digo? Si le digo que sí, ¿qué sucederá? ¿Paloma le dirá lo que siente y él se confundirá? ¿Qué tal si me deja en ese momento? O peor aún, ¿se enreda con ella a mis espaldas? Quizás estoy exagerando, o quizás no. Confié ciegamente en Diego, jamás pensé que se atrevería a lastimarme, y el impacto que recibí fue demasiado duro. ¿Porqué no pensaría que Santiago podría engañarme de igual forma? Rayos, ¿acaso no tengo salida? ¿Tengo que decirle que no? ¿O debería esperar a que Paloma se le declare? ¡Maldita sea! ¡¿Qué es lo que tengo que hacer?! En primer lugar, necesito calmarme. No puedo pensar adecuadamente si estoy muy alterada. Respira, Dalila. Tranquilízate. Me lavo la cara con agua fresca y salgo de allí, dirigiéndome al aula, pues ya había sonado el timbre anunciando que el recreo se acabó. Durante el resto del día, solo pensaba en ello. Sentía una presión en el pecho, tenía el ánimo decaído y me encontraba tendida en la cama, observando el techo. La verdad es que, aunque me la pase dando vueltas y vueltas al asunto, solo puedo llegar a una conclusión. Santiago merece ser amado, y yo no lo amo. Solo estoy acostumbrada a él y a su cariño incondicional. Procuré enamorarme, pero no lo he conseguido; en cambio, lo que logré fue un apego emocional desgarrante. En el hipotético caso de que acepte estar con él, ¿podré ser feliz sabiendo que pudo haber tenido una oportunidad con Paloma, y no se lo permití? Esto es absurdo. No sé si lo que haré es lo correcto, pero no quiero tener la conciencia nublada por la culpa. En ese instante, marco al número de Santiago. —¿Dalila? —Hola, Santi. ¿Cómo estás? —digo, con la voz denotando ternura. —Bien, bien. Es decir, mucho mejor ahora que recibí tu llamada. No, Santi. ¿Porqué dices eso? No es el momento para que te expreses de esa manera. Solo lo harás más difícil. —¿A qué debo el honor? —agrega. —Um... Necesitaba decirte algo y no podía esperar —señalo. —Está bien, soy todo oídos. —Lo que pasa es que... Lo que quiero decir... Agh, no encuentro las palabras adecuadas. Lo llamé por impulso y no pensé en cómo debía dirigirme a él. —¿Estás bien? —pregunta. —Sí, lo estoy —respondo, con voz temblorosa—. La verdad es que... Necesitaba aclararte que si en algún momento sientes que tienes que elegir entre dos caminos, no te preocupes por mí. Solo escoge lo que te hará feliz y lo que creas que es lo mejor. Santiago se mantiene en silencio durante unos segundos. —No lo entiendo —manifiesta. —Lo sé, ahora no lo harás, pero ya llegará el día en que esto tendrá sentido para ti. Quiero que lo tengas en cuenta —establezco. —¿Podrías... Ser más explícita? No puedo decirte más, pues es Paloma quien debe dar el siguiente paso. Es a ella a quien le corresponde hablarte sobre sus sentimientos. —No seas impaciente —suelto una risita para aligerar el ambiente— lo sabrás a su debido tiempo. —Qué cruel eres —bromea. —Sí, es verdad. No sabes lo cruel que he sido contigo... —No lo decía en serio —se retracta. —Pues diste en el blanco —afirmo. —¿Eso piensas? Es triste porque yo he sido feliz a tu lado, como amigo y como un posible amor. Tu manera de tratarme siempre fue de las más bonitas, ¿porqué consideras que fuiste cruel? Creo que voy a ponerme a llorar de nuevo. A pesar de todo el tiempo que lo he hecho esperar y haberlo dejado en "standby", nunca me vió como a una mala persona. Si permito que se vaya a los brazos de otra, ¿podré encontrar a otro hombre como él? La verdad es que, alguien con el alma tan noble es posible hallarlo muy pocas veces en la vida. Ray era uno de ellos, pero ya no está aquí. Creí que Diego lo era; sin embargo, me equivoqué. Y ahora, que tengo la oportunidad de quedarme con Santiago, aparece un antiguo amor que desequilibra por completo nuestra situación. —Gracias por quererme Santi. Eres una de las mejores personas que se han cruzado en mi camino. Lamento no haber podido corresponderte como te mereces. —¿Porqué dices eso? Aún tenemos mucho tiempo para conseguirlo —dice, entusiasta. Claro. No tiene idea de lo que está por ocurrir, así que se mantiene firme. ¿Seguirás pensando eso cuando sepas la verdad? ¿Rechazarás a Paloma y te quedarás conmigo? —Ya debo colgar, me pondré a estudiar —suelto. —Ah, está bien. Buena suerte —expresa, luego termino la llamada. Esa fue la última vez que hablamos de esa forma, pues los exámenes se nos vinieron encima. Sucedieron demasiadas cosas, pero no podía darme el lujo de descuidar mis calificaciones. Tenía que esforzarme para mantenerlas al mismo nivel debido a que mi beca depende de ello. En ese lapso, procuré olvidar todo lo relacionado con asuntos sentimentales y enfoqué mi mente solo en mis materiales de estudio. Ya ni siquiera pedí que me ayudaran con el inglés, decidí estudiarlo sola. En realidad, mientras que me introduje en mi burbuja en donde los exámenes eran mi única prioridad, a mi alrededor pasaban cosas de las cuales me enteraría pronto. Cierta mañana, estábamos tomando el penúltimo examen. Me sentía ansiosa y nerviosa, pues tenía en cuenta que se aproximaba el final del año y sería la primera navidad que pasaría lejos de casa. Un año entero en un país desconocido, en donde el plan era que superara mis traumas del pasado, pero terminé adquiriendo unas nuevas. Fue mi culpa, ¿cierto? Nunca debí involucrarme con Diego. Desde que llegué aquí, era consciente de que las relaciones interpersonales no serían duraderas; sin embargo, me empeñé en llamar su atención y quise vivir un cuento de hadas. Qué estúpidez. Una vez que salgo de la clase, consigo respirar aire fresco. Saco de mi interior toda aquella tensión generada por la inquietud, el examen estuvo realmente complicado. Poco a poco, van acabando las demás. Estoy sentada en uno de los bancos, recostando mi cabeza hacia atrás con la mirada al cielo. Siento los ojos pesados, no he dormido bien en estos días. Cierro los párpados y me mantengo allí, mientras que el viento chocaba contra mi piel. De pronto, una mano se posa sobre mi hombro, sacándome de mi pequeño segundo de tranquilidad. —Hola, Dalila —saluda Paloma. —Oh, hola —digo, volviendo a cerrar los ojos. —¿Rendiste bien? —pregunta. —Sí, eso creo. —¿Podrías... Prestarme atención por un momento? —su voz suena extraña. La observo con recelo, confundida por su actitud. De todos modos, me incorporo en el banco y me dispongo a escucharla. —Está bien, ¿porqué no te sientas? —sugiero. —Preferiría mantenerme de pie —suelta. Aún no comprendo porqué tanta seriedad, supongo que debo ser paciente. —De acuerdo. Entonces, ¿qué pasa? —agrego. —Yo... Hablé con Santiago —expone—. Lo cierto es que, le confesé mis sentimientos y... Decidimos intentarlo. Vaya, así que tenía razón. Siempre la tuve. Me había preparado para esto, sin embargo, ¿porqué no siento menos dolor? —Qué... ¡Qué bien! Eso... Eso es... ¡Una gran noticia! —me esfuerzo para brindar una sonrisa. —No tienes que disimular conmigo —señala. —¿A qué te refieres? —cuestiono. —Sé que Santiago sentía algo por ti —responde. ¿Sentía? ¿Porqué lo dice en tiempo pasado? —¿En serio? —añado. —Dime la verdad, Dalila. ¿Tú también? No puedo contestar, porque ni siquiera yo sé cuál es la verdad. Quizás sentí algo, pero no lo que él esperaba. Aunque buscaba que naciera un sentimiento puro y bonito, solo me volví una persona que acepta el amor de otros para curar sus propias heridas. Fui egoísta al retenerlo por tanto tiempo, sin darle ninguna respuesta. —Sé sincera conmigo, por favor —ruega ella—. Escucha, siempre sospeché que a Santiago le gustabas, ustedes tuvieron una conexión inmediata, algo que nunca pude lograr. Fue escalofriante —confiesa—. Pensé que tú también lo querías, pero en cuanto supe que amabas a mi hermano, no volví a creer en eso. Sin embargo, se volvieron aún más cercanos después de lo que Diego te hizo. En realidad, nunca me molestó porque me sentía mal por lo que él te había hecho, así que apoyaba que Santiago estuviera a tu lado. Pero, ustedes... Nunca pasaron a ser más que amigos, y la verdad... Yo siempre he querido a Santiago. Probablemente, esté equivocada, pero tengo la extraña sensación de que se está disculpando conmigo. —¿Porqué me dices todo eso? —pregunto. —Porque no quiero que me veas como a Soraya —expresa—. Valoro tu amistad; sin embargo, no podía dejar escapar esta oportunidad. Santiago aceptó intentarlo y estoy dispuesta a dar lo mejor de mí para que funcione. Así que, perdón pero.. Sea lo que sea que sientas por él, no daré marcha atrás. Qué interesante. Está dejando muy en claro su posición. Si le digo que lo quiero, se sentirá culpable. Si le digo que no, se sentirá aliviada. ¿Qué es lo correcto? Estoy en desventaja, pues ya no tengo la posibilidad de quedarme con Santiago. No tiene caso que lo dude. —Paloma, nuestra amistad no se verá afectada por ningún chico, ni siquiera por Santiago —alego—. Además, nunca lo vi nada más que como un amigo, así que no te preocupes. —¿En serio? ¿Estás segura? —¡Claro! Si me hubiera gustado, lo habría intentado con él sin vacilar —no puedo creer lo que estoy diciendo—. Se merecen estar juntos, tienen todo mi apoyo. Paloma respira hondo, como si se deshiciera de tremenda incertidumbre. Ahora, siente que puede avanzar sin remordimiento. Se acerca y me rodea con los brazos. Su corazón late muy fuerte, y el mío también, aunque por razones distintas. —Te aprecio muchísimo —expresa. No puedo decir nada, ni siquiera puedo corresponder a su abrazo. Mis manos están apoyadas sobre el asiento mientras que Paloma me sostiene. Su cabeza está estribada encima de mi hombro, no puede ver cómo estoy apretando los labios. No fue mi intención ser tan hipócrita. Luché en contra de mí misma para no adueñarme del corazón de Santiago, así que me merezco un poco de crédito, ¿no? En cuanto se va, permanezco sentada en el banco. Debería volver al aula, pero no puedo moverme. No tengo la fuerza para levantarme. Sé que hice lo correcto, ellos están juntos al fin. Entonces, ¿porqué me siento tan terrible? ¿Porqué no puedo estar feliz por ambos? Subo mis piernas al banco y apoyo mi cabeza sobre mis rodillas para ocultar mi rostro. No quiero que nadie me vea así, luciendo tan miserable.
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