Al terminar el ateneo, Diego y Santiago se encuentran. Se habían puesto de acuerdo en dirigirse a la casa de Diego para estar al día con el estudio debido a los exámenes.
Una vez allí, se acomodan en la sala y extraen los materiales de sus mochilas para poder empezar.
Estudian en silencio, y en ciertos momentos, aclaran varias dudas. Parece reinar la tranquilidad; sin embargo, Diego suelta un suspiro ruidoso.
—¿Estás cansado? —pregunta Santiago.
—No es eso, solo... Recordé algo —expone.
—¿Ah, sí? ¿Se puede saber qué es lo recordaste? —cuestiona con curiosidad.
—A Dalila —responde sin tapujos.
—Oh... —Santiago cree que quizás no debió preguntar.
—Sabes que fui su tutor por un tiempo, estudiábamos juntos en su casa —señala Diego.
—Sí, lo sé. Ahm... ¿Seguimos estudiando? —claramente, Santiago no quiere continuar escuchando.
—Oye —suelta Diego— sé honesto. Dalila y tú... ¿Qué se traen?
Santiago lo mira fijamente, no está seguro de que sea un buen momento para decírselo.
—Somos amigos —responde tajante.
—¿Es todo? —insiste Diego.
—¿Esperas que haya algo más? —insinúa Santiago.
—Sé que después de lo que ocurrió, no tengo derecho de oponerme a lo que ustedes decidan. Dalila merece ser feliz; incluso, existieron ocasiones en que pensaba que ella era demasiado para mí. Deseaba estar a su altura, pero terminé arruinando lo que teníamos.
La conversación se torna incómoda. Ninguno de los dos quiere hablar de Dalila, pues sus sentimientos se cruzan y podría generar una discusión. Han sido amigos durante tantos años que buscan la manera de mantener esa amistad a pesar de haberse enamorado de la misma persona.
—Diego, tú... ¿Aún la quieres? —agrega Santiago, temeroso a la respuesta.
—Claro que la quiero, y nunca dejaré de arrepentirme de mi error —expresa Diego.
Santiago traga saliva, preguntándose, ¿qué pasaría si él y Dalila empezaran una relación? ¿Cómo lo tomaría Diego? Evidentemente, se molestaría, pues cuando sospechó que había algo entre ellos, reaccionó bastante mal.
Aunque diga que no tiene derecho a reclamar, Diego la ama y no podrá evitar sentirse agobiado.
Santiago decide ponerle fin a esa plática y continúa leyendo su libro, mientras que Diego realiza lo mismo, sin chistar.
Una vez que terminan de estudiar, se disponen a preparar algo de comer en la cocina. Tras tener la merienda lista, se sientan en la mesa y se devoran todo lo que habían hecho.
Luego de lavar los trastes y dejar en orden la cocina, se despiden en la sala. Diego sube a su habitación, en tanto que Santiago recoge sus cosas para meterlas en su mochila. En ese entonces, Paloma baja por las escaleras.
—¡Oh, Santi! —exclama al verlo.
—H-Hola —saluda avergonzado, recordando lo que Micaela había dicho días atrás.
—¿Qué estás haciendo aquí solo? ¿Dónde está Diego? —pregunta, mirando alrededor.
—Subió a su cuarto, ya hemos terminado de estudiar —aclara.
—Ah, comprendo...
Permanecen observándose por unos segundos. Al darse cuenta de que sostenían sus miradas, la desvían rápidamente hacia un costado.
—Y-Ya debo irme —Santiago toma su mochila y lo coloca sobre su espalda, dispuesto a huir. Sin embargo, Paloma lo detiene.
—¡Espera! —lo agarra de la camiseta— No te vayas.
Santiago se congela, manteniéndose firme, como si sus pies estuvieran pegados al suelo.
—Necesito que hablemos —agrega Paloma.
—¿Hablar? ¿Sobre qué? —cuestiona muy ansioso.
—Sobre algo importante —establece ella.
Santiago parece ser un personaje de algún dibujo animado. Su rostro está completamente sonrojado y comienza a salirle humos de la cabeza, mientras que sus ojos dan vuelta formando unos espirales.
—¿A-Algo importante? No creo que haya nada como eso.
Lo que le asusta es que Paloma le pregunte acerca de la veracidad de lo que comentó Micaela. Se siente presionado y aturdido, quiere salir corriendo pero no se atreve.
—No te quitaré mucho tiempo, lo prometo. ¿Nos vamos al patio? —sugiere, a lo que Santiago termina accediendo.
Una vez allí, Paloma se ubica frente a Santiago, con la expresión seria y determinada a decirle la verdad.
—Santi, no sé cómo tomarás lo que voy a decirte, pero necesito que me escuches hasta el final —procede—. Esto no será nada fácil para mí, así que... Si me interrumpes, no podré continuar.
Santiago nota que Paloma no está intentando bromear ni llevar a cabo ningún tipo de juego; por lo tanto, se dispone a escucharla con atención.
—Quiero empezar confesándote que... —suspira— Desde que te conozco, me he sentido atraído hacia ti.
Santiago da un paso atrás como si estuviera a punto de caer de espaldas, pero se sostiene; aún así, permanece en silencio, esperando a que Paloma termine de expresar sus sentimientos.
—Claro, la primera vez que llegaste a esta casa, aún éramos muy niños. Así que, creía que eras lindo —ríe—. Sin embargo, al pasar los años, esta atracción nunca se desvaneció, sino todo lo contrario. Cada vez, me gustabas más y más, pues encontraba en ti cualidades que no veía en nadie. Eras alguien inusual, y te quería para mí. Intenté acercarme a ti tantas veces, pero te negabas a mantener una plática conmigo. Quizás, pensabas que era una niña tonta que corría detrás de ti y me evitabas a toda costa, nunca pude derribar las barreras que habías impuesto a tu alrededor. Fue frustrante. Todo lo que hacía era en vano. Entonces, poco a poco, fui resignándome a que jamás me ganaría tu corazón. Quiero decir.... No esperaba que fuéramos novios, pues aún éramos infantiles e inmaduros. Solo quería que supieras que te quería y que me dejaras estar a tu lado. Pero eso no fue lo que sucedió.
Paloma juega con los dedos y mira al piso, respirando profundamente, como si necesitara un poco de aire y más valor para continuar.
—Tiempo después, el maestro de orientación llegó al instituto. Era un hombre muy guapo y de buen hablar, me encantaba la forma en que se vestía y su voz era muy varonil. Todas las niñas estábamos locas por él, incluyéndome. Me ofrecí a ser la presidenta del curso porque sabía que, de esa forma, podría tratarlo más. En realidad, solo quería jugar con él, hacerle unas bromas y coquetearlo sin llegar a nada. Él, por supuesto, siempre me rechazó; es decir, al principio lo hizo. Pero luego, fui intensificando mis bromas a tal punto de que lo seduje, y él ya no tuvo la fuerza para negarse. Me sorprendí cuando me besó, pero me dejé llevar. Fue así como empezó nuestro romance, y Alejandro se convirtió en el primer hombre de mi vida. Me enseñó muchas cosas, la mayoría de ellas eran buenas, así que lo recuerdo con un gran cariño. Aún así, Santi, tú siempre fuiste mi gran amor, desde la infancia... Hasta ahora.
Paloma vuelve a hacer una pausa, limpiándose el sudor de la frente. Confesar tantos años de amor resulta bastante difícil.
—Quizás suene absurdo, o creas que no tiene sentido, pues si te quería a ti, te preguntarás cómo pude haber estado con otro. Sin embargo, déjame aclararte algo. Al creer que tú jamás te enamorarías de mí, decidí avanzar. Alejandro fue alguien que llegó a mi vida y, al ver la oportunidad de estar con él, no lo dejé pasar. Si no hubiera sido Alejandro, habría sido otro.
Santiago lo sabía, siempre supo que Paloma estaba en todo su derecho de elegir a la persona que ella deseara, alguien que la amara y la respetara como merecía. Aunque el maestro de orientación no fuese el hombre ideal para Paloma, ya que su romance iba en contra de lo que era correcto, tampoco se atrevía a juzgarla.
—Confieso que en algún momento sentí envidia... De Dalila. Ustedes se volvieron muy cercanos en tan poco tiempo, algo que no pude conseguir a pesar de conocerte hace tantos años. Pensé que ella tenía algo que yo no, así que una vez más me convencí de que nunca sería la chica a quien quisieras, pues tus ojos seguían los pasos de la sombra de Dalila, y yo jamás... Jamás podría llegar a ser mejor que ella.
—No... No hagas eso —interfiere Santiago—. Perdón, sé que me pediste que no te interrumpiera, pero no quería seguir escuchando la manera en cómo te menosprecias a ti misma. No deberías de compararte con ninguna otra chica, porque tú eres... Única.
—¿Eso piensas? —Paloma se llena de emoción.
—Claro que sí, estoy siendo sincero —afirma él.
—Entonces, ¿estoy equivocada en el hecho de que... Dalila te gustaba? ¿Acaso no es así?
Santiago la mira con la expresión seria, no quiere engañarla ni generar malos entendidos.
—No, no te equivocas. Tuve sentimientos hacia Dalila incluso antes de que se hiciera novia de Diego.
—Quiere decir que lo que Micaela dijo no era cierto... —indica ella.
—En realidad, es más complicado que eso. Ahora es mi turno de confesártelo.
Paloma agudiza sus oídos, preparada para recibir las palabras de Santiago.
—Cuando te conocí, me pareciste muy bonita, y te apreciaba por ser la hermana menor de mi mejor amigo. Sin embargo, debes saber que eso fue cambiando. A medida que fuimos creciendo, también empecé a desarrollar cierta atracción hacia ti, pero como dices, aún éramos muy niños, así que creía que era mejor mantener la distancia. Observaba cómo te relacionabas con los demás, eras extrovertida y simpática, los niños del barrio siempre querían estar cerca de ti. Yo, por el contrario, me mantenía alejado de todos, siendo Diego mi único amigo en ese momento. Cuando me mocionaron para capitán del ateneo, comencé a ser más abierto y a hablar con mis compañeros. En realidad, siempre tuve problemas para comunicarme, pero dar ese paso fue un gran cambio para mi vida. Llegué a pensar que podía intentar acercarme a ti, sin embargo, te veía tan lejana, tan difícil de alcanzar, que decidí solo quererte desde lejos. La verdad, yo me rendí más rápido que tú, porque estaba convencido de que no te merecía, pues pensaba que la persona que estuviera a tu lado debería ser igual de divertido y sociable como tú... No un pobre asocial y aburrido como yo.
El corazón de Paloma palpita con rapidez al escuchar a Santiago decir que la quería, y al darse cuenta de que, en realidad, ambos sentían lo mismo.
—Cuando conocí a Dalila, fue una situación bastante graciosa, pues la encontré en los baños masculinos y creí que alguien la estaba acosando. Después de ello, me enteré por Diego de que era la chica que entrenaba a las integrantes del ateneo femenino, así que sentí mucha curiosidad. Reconozco que, efectivamente, empezó a interesarme más de lo que pensé, pues ella me transmitía tanta paz y cierta seguridad, que nunca me sentí inquieto ni nervioso a su lado. Me enamoré de Dalila, y de su aura tan pacífica.
Por supuesto, oír que en este momento quiere a otra, la desilusiona totalmente.
—Vaya... Así que, nuestra atracción era mutua, pero por no saber expresarnos, optamos por tomar otro camino.
Ambos entienden que eran muy jóvenes, así que hubo un claro problema de comunicación. ¿Cómo hacen un par de niños para transmitirse amor?
—Dime una cosa... ¿Tú ya no sientes nada por mí? ¿Ya no me quieres? —agrega Paloma.
—Siempre te voy a querer... Como la hermana de mi mejor amigo que eres —alega Santiago.
—Sabes que no me refiero a eso.
—Paloma, es que... Dalila y yo...
—¿Acaso están saliendo? —añade ella.
—No en realidad.
—¿Dalila sabe que la quieres?
—Sí, lo sabe.
—¿Y ella qué siente por ti?
El alma de Santiago se entristece un poco, pues la verdad es que ni él mismo puede responder a eso.
—No lo sé... —expresa él.
—¿Estás esperando a que se enamore de ti? ¿Tienes esperanzas de poder ganarte su corazón? —pregunta Paloma, intrigada.
—Sí, procuré conquistarla. Es decir, me habría arrepentido toda mi vida si al menos no lo hubiera intentado —declara Santiago.
—¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Seguirás con eso?
El plan era el mismo. Esperar a Dalila hasta que se sanaran sus heridas para poder estar juntos. Ellos han permanecido mucho tiempo cerca y han hablado de una infinidad de posibilidades; lo cual, pesa en la conciencia de Santiago.
—Yo... Hice muchas promesas... —murmura.
Paloma nota la pesadumbre de Santiago, y quiere tranquilizarlo.
—No te sientas culpable, Santi. Si ya lo intentaste y no lo conseguiste, tienes que aprender a soltar. Así como alguna vez me soltaste a mí, y yo te solté a ti.
—No entiendo a qué quieres llegar... —la mira con recelo.
—Santi, si aún sientes aunque sea un poco de ese amor que me tenías, no dejes que muera allí. Nosotros siempre nos quisimos, es solo que... Éramos unos tontos. Sin embargo, todavía estamos a tiempo.
Paloma se acerca a él, sin tocarlo. Hay un ligero espacio entre los dos, pero están lo suficientemente próximos para alcanzarse.
Ella dio aquellos pasos; ahora, deja que él de el siguiente. Con uno bastará.
—Démonos una oportunidad, por favor —agrega Paloma.
Santiago la observa con detenimiento, aturdido por la confusión.
—Paloma, no lo sé... No puedo darte una respuesta ahora.
—Tómate todo el tiempo que necesites, te esperaré.
“Te esperaré pacientemente”, fueron las palabras de Santiago que fueron dichas a Dalila.
—Esto no está bien... —murmura él y comienza a caminar rápidamente, dejando a Paloma atrás. Pero ella no se rinde.
—¡Espera! —vuelve a tomarlo de la camiseta.
—Paloma, no hagas esto. Por favor —ruega.
—¡No es culpa de nadie, Santi! —exclama— No es mi culpa, ni la tuya, que las cosas hayan ocurrido de esta manera. Sin embargo, si dejas ir esta chance, estoy segura de que te arrepentirás, porque el único que está oponiéndose a nosotros... Eres tú.
Santiago se siente entre la espada y la pared. Decide que lo mejor, en tales circunstancias, es huir.
Sale de la casa y se dirige a la suya, en donde, al llegar, se tumba en su sofá e intenta calmarse.
Es la primera vez que se siente tan confundido, y no lo soporta.
Está seguro de lo que siente por Dalila, pero no quiere lastimar a nadie.
Entonces, rememora lo que ella le había dicho hace unos días atrás.
“Si en algún momento sientes que tienes que elegir entre dos caminos, no te preocupes por mí. Solo escoge lo que te hará feliz y lo que creas que es lo mejor.”
Se pregunta si Dalila ya sabía que esto sucedería, y por esa razón le dio aquel consejo.
La verdad es que lo que Santiago siente por ella es mucho más fuerte, su corazón se alegra al verla y palpita con rapidez al escuchar su voz. Aún así, debe admitir que quiere a Paloma, y que siempre la quiso.
Aunque estaba determinado a ganarse el amor de Dalila, no podía despojarse de una inquietud. Diego.
A pesar de lo que sucedió entre ellos, Santiago sabe que él aún ama a Dalila y que le resultaría difícil aceptar que ellos empezaran una relación. Probablemente, su amistad se quebraría poco a poco, hasta el punto de destruirse por completo.
Dalila y Santiago tuvieron momentos de dura reflexión, ninguno de los dos sabía que decisión tomar. Ambos, tenían sus propias dudas y demonios que los atormentaba. Cada quien por su lado, sin comentarlo entre ellos.
La diferencia, es que Santiago llegó a una verdad absoluta y eligió su camino, mientras que Dalila aún se sumergía en cavilaciones.
Él decidió intentarlo con Paloma, debido a que colocó todo en una balanza, llegando a la conclusión de que lo mejor es que lo suyo con Dalila se mantuviera igual.
Lo cierto es que, Santiago se hubiera negado rotundamente a esa oportunidad si al menos Dalila le expresaba que comenzó a sentir algo por él; sin embargo, ella nunca se lo dijo.
Aunque no quiere tanto a Paloma como antes, el sentimiento sigue chispeando, así que está determinado a alimentarlo y a hacer que crezca de nuevo.
Por el bien de su amistad con Diego, renuncia a la chica de sus sueños y acepta a Paloma. El problema, es que aún no se lo ha comunicado a Dalila.