Santiago y yo seguíamos tomados de las manos, mientras caminábamos hasta llegar a mi casa.
Más bien, creo que olvidó soltarme.
Durante todo el trayecto, permanecimos en silencio. No me atreví a hablarle, pues se veía realmente molesto y distraído.
Una vez en el pórtico, parece bajar de las nubes en el que flotaba.
—Gracias por acompañarme —expreso.
Solo asiente con la cabeza, sin responder. Da medio giro y se dispone a marcharse, en lo que lo detengo con la voz.
—Santi, quisiera preguntarte algo —declaro, a lo que voltea hacia mí— ¿Porqué Diego y tú estaban juntos? ¿Consiguieron aclarar lo que sucedió?
—En realidad, él se acercó a mí esta mañana y se disculpó por su manera de comportarse —expone—. Me comentó que Paloma se encontraba muy mal y me pidió que fuéramos a su casa, pues ella no quería hablar acerca de la razón por la que estaba de ese modo. Entonces, creyó que juntos podríamos lograr que nos lo diga —pasea los dedos entre su pelo, llevando los mechones hacia atrás— ahora entiendo porqué fue.
Luce realmente irritado. La noticia de que Paloma y el maestro de orientación sostenían un romance fue un gran impacto para él.
—¿Estás enfadado? —cuestiono— Digo, por haberte enterado de esa forma.
Santiago mueve la cabeza de un costado a otro, en señal de negación.
Probablemente, aún no lo asimila.
—¿Tú lo sabías? —pregunta, a lo que asiento.
—Sí, pero no fue porque ella me lo haya dicho, sino porque los descubrí. Fue en mi primer día de clases —sostengo.
Y pensar... Que así fue como empezó todo, y me hizo llegar hasta donde estoy.
—Entonces, ¿la apoyabas?
—A decir verdad... No, pero no podía hacer nada al respecto.
Deja escapar un suspiro, cerrando los ojos.
Es comprensible su reacción, Paloma fue una persona muy importante para él y además, es la hermanita de su mejor amigo. Sin embargo, aquí viene la gran incógnita.
¿Podría referirme a sus sentimientos por Paloma... En tiempo pasado?
Santiago estuvo enamorado de ella durante muchos años, ¿es un hecho que él ya lo haya superado?
En realidad, no deseo quedarme con esta incertidumbre atorada en el pecho, así que tomaré la decisión de despojarme de cualquier duda.
—Santi, ¿tú sigues... Sintiendo algo por Paloma?
Su expresión cambia de molesto a desconcertado.
—Yo... Es decir... Lo que pasa es que...
—Estás confundido —afirmo.
—No, no es así —se aproxima a mí y coloca sus manos sobre mis hombros—. No estoy confundido, Dalila. Estoy seguro de que te quiero —señala— es solo que... Paloma fue un amor no correspondido de varios años. Estoy decepcionado.
Un inexplicable alivio acaricia mi corazón.
¿Acaso me preocupaba que Santiago pudiera cambiar de opinión e ir tras Paloma?
Agh... La que está confundida, al fin y al cabo, soy yo.
—Lo entiendo. Tenías un concepto muy diferente de ella, por lo que esto habrá sido un golpe de realidad para ti. Sin embargo, solo es una chica que se enamoró, nunca fue su intención lastimar a nadie.
—¿En verdad crees que se enamoró? ¿No será que simplemente anhelaba experimentar? —cuestiona, mirándome con recelo.
La calma que se había instalado en mi interior, duró apenas unos segundos. Aunque Santiago procure negarlo, sé que en el fondo, Paloma sigue significando mucho para él.
—No lo sé, Santi —me alejo unos pasos— debería entrar ahora, nos vemos.
—¿No vas a despedirte? —agrega.
—Adiós —digo, agitando la mano.
En cuanto abro la puerta, Santiago se asoma y me abraza por la espalda, lo cual me paraliza.
—Desearía que no pienses en cosas que no son —advierte— te quiero a ti, Dalila.
Doy vuelta hacia él, lo tomo del rostro y, debido a lo alto que es, me paro de puntas para alcanzar su mejilla, plasmando un beso.
—Está bien —sonrió— no te preocupes.
Nos despedimos con un cálido abrazo, para luego ingresar a la casa.
No comprendo, ¿qué es lo que me pasa? Es cierto que no he definido mis sentimientos, pero no puedo negar que Santiago es alguien a quien no puedo ni quiero dejar ir.
Si no es amor, ¿será egoísmo? Es probable que desee mantenerlo a mi lado porque sé que me quiere, no porque yo lo quiera.
Santiago ha sido dueño de mi cariño desde el principio, sin embargo, no es suficiente para sostener una relación.
De todos modos, mi objetivo es enamorarme de él. Sé que no es imposible, pues Santiago tiene demasiados puntos a su favor.
Después de ello, Paloma me había llamado al celular, comentándome sobre su conversación con Diego. Dijo que él, en realidad, no expresó mucho, sino que dejó en claro que haría todo lo posible para que sus padres no se enteraran de aquel escándalo, pero que ella debía poner de su parte y no cometer otro error de esa magnitud.
Reconozco que sentí compasión por Diego. No encuentro las palabras para describir su semblante en el instante en que escuchó a esa mujer decir que su querida hermana estaba enredada con un hombre mayor y casado.
Si se hubiera enterado de ello en cuanto el maestro seguía vivo, no quiero imaginarme lo que habría pasado. Podría apostar a que la familia de Paloma habría denunciado a Alejandro, pues ella sigue siendo menor de edad y sus criterios, sus razones, no serían válidas ante nadie. Es probable que acusaran al maestro de manipular a una niña y abusar de ella.
En fin, dada las circunstancias, eso no sucedió. Podría decirse que Paloma tuvo suerte esta vez.
El tiempo transcurrió y las heridas fueron sanando: Las de Santiago, las de Paloma, así como también las mías. Poco a poco, fui sacando a Diego de mi corazón.
A decir verdad, fue con la compañía de Santiago que pude lograrlo.
Asimismo, velamos por el bienestar de Paloma. Lo que le había sucedido fue un golpe emocional muy fuerte para ella, así que buscábamos la manera de que mantenga la mente ocupada en pasatiempos divertidos.
Es miércoles por la tarde cuando nos encontramos en el instituto, en la segunda cancha. El horario de ateneo femenino había terminado y algunas chicas decidimos quedarnos allí. Marina, Paloma, Micaela y yo estamos sentadas en las gradas, observando el entrenamiento de los chicos.
Mi mirada sigue a la imagen de Santiago dentro del campo de juego.
Nuestra situación sigue igual, no hemos avanzado en absoluto. Aún no he dado una respuesta, y nuestro acercamiento se ha congelado. De cualquier forma, Santiago nunca intentó presionarme, siempre ha sido muy paciente y respetuoso conmigo.
Al terminar el ateneo masculino, los chicos se dirigen al vestuario para cambiarse, y luego se marchan; a excepción de Santi, quien sube a las gradas y toma asiento a mi lado.
—No quiero ir a casa —gimotea Micaela.
—Quedarnos aquí sería muy aburrido —comenta Marina.
—Entonces, ¡juguemos! —sugiere Micaela.
—¿Vóleibol? Paso, estoy cansada —expresa Paloma.
—No, me refiero a otro juego —aclara Micaela—. Se llama “verdad o reto”.
—¿Quieres jugar eso aquí? —cuestiona Marina, con desagrado.
—¡Ay, vamos! ¡No sean aguafiestas! —exclama Micaela— Tengo una botella de soda en la mochila, la usaremos para el juego.
En tanto que ella iba en busca de aquel elemento, los demás se disponen a formar una ronda en el centro de la cancha. Sin embargo, yo quedo fuera.
—No participaré, solo los observaré —suelto.
—¡Oye, no seas así! ¡Tengo muchas preguntas para hacerte! —Micaela hace berrinches.
Ese es mi temor. No soy buena mintiendo y no tendría escape ante un cuestionamiento difícil de responder; así que preferiría no ser parte de esto.
—Creo que me divertiré más viéndolos jugar —digo, con una sonrisa traviesa.
—Agh, como quieras —accede Micaela, a regañadientes.
—¿Tú juegas, Santi? —pregunta Paloma.
—Ah, sí. Siento curiosidad en saber de qué va —contesta él.
—Pues, el juego trata de hacer girar la botella, y cuando la misma se detenga, apuntará a dos personas. La que esté señalada por la parte trasera de la botella mencionará el dicho "verdad o reto", mientras que la que fue señalada por la tapa, debe elegir entre esas dos alternativas. Si escoge "verdad", debe responder una pregunta difícil y tiene que ser honesta; o, si elige "reto", tiene que hacer lo que se le indique. Si se niega a llevar a cabo una de estas dos opciones, entonces se le impondrá un castigo —explica.
—Parece más un régimen que un juego divertido —añade Marina.
—A ti también te haré muchas preguntas. Atenta, eh —advierte Micaela.
Entonces, empieza el juego.
Micaela, quien es la anfitriona, gira la botella sobre el suelo. Esta se detiene, apuntando a Marina y a Santiago.
Marina es quien está siendo señalada por la parte trasera de la botella.
—¿Verdad o reto? —pregunta ella.
—Eh... Verdad.
—Um, no tengo idea de qué preguntar —expone Marina.
—Puede ser algo personal e íntimo —aclara Micaela.
—¿Eso no sería forzar a alguien a la indiscreción? —reclama Marina.
—Santiago está jugando por propia voluntad —Micaela se encoge de hombros.
Marina gira los ojos, resignada a seguir el juego.
—Bien. ¿Qué fue lo más vergonzoso que te pasó en la vida?
Santiago piensa detenidamente, buscando en su memoria alguna escena realmente embarazosa.
—Pues... Una vez, durante un torneo de vóleibol, quise salvar la pelota para que no cayera al suelo, pero me agaché tan bajo que terminé rompiendo el short —expone.
—¡Ah, recuerdo eso! —exclama Paloma, a lo que comenzamos a reír.
Me hubiera encantado estar presente para ser testigo de ese momento.
Micaela vuelve a girar la botella, la cual, se detiene apuntando a ella y a Marina. Micaela fricciona las palmas de las manos entre sí, demostrando su determinación para incomodar a Marina.
—¿Verdad o reto? —menciona Micaela.
—Verdad.
—¡Genial! —celebra— ¿Jordan y tú lo han hecho muchas veces?
Jordan... Se refiere a...
Ray.
El objetivo de Micaela era que Marina se sonrojara o algo así; sin embargo, ella ni siquiera se inmuta.
—Sí, claro —agrega.
¿Qué han hecho? Están hablando de... ¿Tener relaciones íntimas?
Vaya... Ellos sí que no pierden el tiempo.
—Agh. Es aburrido si no muestras emoción —regaña Micaela.
—Entonces, deberías pensar mejor en tu pregunta —se mofa Marina.
Micaela quita la lengua a Marina, para molestarla. Luego, gira de nuevo la botella, deteniéndose entre Paloma y Micaela, siendo Paloma quien está señalada por la parte trasera.
—¿Verdad o reto? —suelta.
—Ahm... Verdad —responde, ansiosa.
—¿Puedo hacer la pregunta? —digo repentinamente, alzando la mano.
—Tú no juegas, así que no —establece Micaela.
—¡Por favor! —ruego.
—Oye, dime la pregunta en el oído y yo la haré —sugiere Paloma.
—¡Hey, eso es trampa! —reclama Micaela.
Expreso mi curiosidad, susurrando al oído de Paloma. Después, ella lo menciona a viva voz.
—¿Porqué odias tanto a Soraya?
Sí, esa siempre ha sido mi duda. Nunca había querido decírmelo, y tampoco Soraya.
Micaela se rasca la nuca, arrugando toda la cara.
—Está bien, voy a responder, pero no te gustará escucharlo —advierte.
¿Tan grave es?
—E-Estoy preparada —sostengo.
—Todos aquí saben que Diego y yo fuimos muy amigos antes; excepto tú, Dalila.
¿Qué? ¿Está hablando en serio? Jamás se me pasó por la cabeza. Ellos se ven tan... Lejanos.
—También saben que Soraya y él fueron "novios" —forma unas comillas con los dedos—. Soraya vio que Diego y yo éramos amigos cercanos, y también supo que él... Me gustaba.
La boca se me cae hasta el suelo, sin poder asimilar lo que acababa de decir.
¿Se sentía atraída por Diego? No puedo creerlo.
—¿Y qué pasó? —quería oír el resto de la historia.
—A Soraya no le agradó para nada, sintió celos y persuadió a Diego para que se alejara de mí. Y él lo hizo para complacerla.
Vaya... Sí que amaba a Soraya.
—Nunca se lo perdoné, que nuestra amistad haya valido tan poco para él. Es por eso que nunca volvimos a dirigirnos la palabra —sostiene.
Me lo imaginaba. Micaela luce como una persona verdaderamente orgullosa, sé que no perdonaría algo así jamás.
—Soraya hizo muchas cosas malas, ¿no? —expresa Paloma.
—En realidad, nunca entendí cómo podían seguir considerándola una amiga —recrimina Micaela.
—Fue por eso que terminamos alejándonos de ella, porque ya nos hartamos de sus malas decisiones. Lo sucedido con Dalila fue lo último —comenta Marina.
—Me sorprende escuchar este tipo de anécdotas en su contra —expreso.
Para ser honesta, me había encariñado bastante con ella. Fuimos muy unidas, me acostumbré a su compañía y me encantaba escuchar sus consejos. Lamentablemente, su traición lo arruinó todo.
—Okay, ahora que conoces la verdad, podemos continuar con el juego —añade Micaela.
Gira la botella, la cual apunta a Santiago y a Paloma.
—¿Verdad o reto? —pregunta Paloma, con una sonrisa.
—Reto —contesta sin dudar.
—¿Acaso tienes miedo de lo que Paloma te pueda preguntar? —Micaela provoca a Santi.
—Nadie ha escogido reto hasta ahora, quiero cambiar un poco el sentido del juego —aclara él.
—No estoy segura de qué cosa sea un reto para ti —Paloma se cruza de brazos.
—Pide lo que se te ocurra —indica Santiago.
—Um... Entonces, debes subir y bajar de las gradas unas quince veces —establece ella.
—Hecho —cuando está a punto de levantarse, Micaela lo detiene.
—¡No! —exclama— Santiago entrena duro todos los días, ¿no tienes alguna idea mejor? —reclama ella.
—Ese es el problema, Santiago puede hacerlo todo —sostiene Paloma.
—Habrá algo que no, solo debes pensarlo bien —sugiere Micaela.
—Ahm... No lo sé... ¿Besas mi pie? —dice Paloma, levantando la pierna.
—Agh, esto es tonto —Micaela se da por vencida.
Paloma se quita el zapato y extiende el pie hacia el rostro de Santiago, quien lo toma y lo besa.
—Guau, qué gran reto —Micaela se cruza de brazos, girando los ojos.
—¿Tú serías capaz de besar mi pie? —Paloma la provoca.
—Yo no, pero apuesto a que para Santiago no fue nada, ya que le gustas.
Paloma se queda inmovilizada, con el pie al aire.
—No digas tonterías —regaña.
—¿Vas a decirme que no lo sabías? —Micaela levanta una ceja.
El silencio es abrumador y la situación es inquietante, más para mí.
Se supone que no, que Paloma "le gustaba" en el pasado. Es decir, si así fuera, Santiago simplemente tendría que negarlo. Entonces, ¿porqué no dice nada? ¿Porqué le cuesta tanto explicarlo?
Él me atisba, y yo lo noto. Me doy cuenta de que se siente ansioso por no saber qué responder.
Puedo verlo en su rostro. Claramente, aún siente algo por ella.
—Díselo, Santiago —suelto bruscamente— dile a Paloma la verdad.
Santiago me observa, perplejo.
—¡Basta! —exclama Paloma— ¿Se están burlando de mí? —se coloca el zapato y se levanta— Este juego se acabó.
Comienza a dar pasos apresurados, saliendo de la cancha.
—¿Me sobrepasé? ¿Acaso lo que dije es mentira? —pregunta Micaela, mirando a Santiago, quien no articula palabra.
—Deberíamos irnos a casa —sugiero—. Yo iré tras ella.
Me levanto del suelo, sacudo mis piernas y me marcho, con la intención de alcanzar a Paloma.
En cuanto la veo, corro hasta ella y la detengo tocando su hombro.
—Oye, no te vayas así —expreso.
—No es justo que hayan tratado de jugar de esa forma conmigo —gimotea—. Además, apuesto a que Santiago se sintió muy incómodo.
Entiendo que sienta vergüenza por lo que ha dicho Micaela, ¿pero no estará exagerando? ¿Porqué le afecta tanto?
—Paloma, ¿qué pasa? ¿Tiene algo de malo que Santiago se sienta atraído por ti? —cuestiono.
—Por supuesto que no, al contrario. Santi es... El chico más grandioso que he conocido en mi vida; y por lo mismo, jamás se fijaría en alguien como yo.
—¿De qué hablas? ¿Porqué piensas así? —no consigo entender su punto.
—Dalila —suspira— no quisiera hablar de esto aquí; sin embargo, hace un tiempo, ya te lo había comentado.
Sinceramente, no sé a qué se refiere.
—A ver, ¿podrías ser más directa? ¿Qué fue lo que me dijiste?
—¿No lo recuerdas? Cuando me preguntaste si aún sostenía mi relación con el maestro, te lo confirmé; asimismo, te conté sobre un chico que me gustaba.
Buscando en mi memoria, un flashback repentino se atraviesa.
“Estuve enamorada de un chico un año mayor que yo, pero las cosas no se dieron, porque no estaba interesado en mí. Lo conozco desde hace varios años, me gustó desde el primer momento en que lo vi. Al principio solo lo observaba de lejos, luego intenté acercarme en numerosas ocasiones, pero no me lo permitió. Había una barrera entre nosotros impuesta por él, nunca logré derrumbarla. Creí que yo no era suficiente, que buscaba una chica con más carácter y no una inmadura como yo, así que me rendí.”
Esas palabras resonaban en mi cabeza.
¿Cómo pude ser tan tonta? ¡Era demasiado obvio!
Había tanta admiración y respeto mutuo entre ambos que bien podrían haber empezado una relación hace bastante tiempo; sin embargo, los dos tenían un concepto erróneo. Pensaban que no se merecían.
—Dalila, tú te has vuelto muy cercana a Santiago. ¿En verdad crees que él se enamoraría de mí?
¿Estará bien que se lo diga? ¿Qué pasaría si le confieso que, efectivamente, Santiago la quería, pero que ahora me quiere a mí? ¿Cómo reaccionaría ella? Y también, ¿cómo reaccionaría él? ¿Se molestaría?
Nadie conoce nuestro acuerdo, solo él y yo sabemos que queríamos darnos una oportunidad, pero que estábamos esperando el momento oportuno para hacerlo.
Empiezo a sentir temor, uno insoportable. Mi mente se nubla, no estoy segura de qué debería responder. La ansiedad me invade al imaginar que lo pierdo y que, otra vez, no seré la escogida.
—No... No lo sé, Paloma... —finjo demencia.
Deja escapar un suspiro, moviendo la cabeza en señal de negación.
—Eso es imposible. Santiago solo me ve como la hermana menor de su mejor amigo, yo no le intereso como mujer; y menos ahora, al enterarse de que estaba enredada con un hombre casado. Se merece a alguien que esté a su nivel. Quizás... Alguien como tú —establece.
Por favor, no lo digas. Tú no estás en posición de decir algo como eso, porque resulta que es una cruel ironía. Santiago te ha querido por varios años... Y tú a él.
—En fin, mejor me voy. Lamento haber arruinado el juego —suelta una risa nerviosa—. Adiós, Dalila. Nos vemos mañana —da un beso a mi mejilla, para luego marcharse.
Permanezco de pie, observando la espalda de Paloma, la cual se aleja.
En el amor, no se trata de lo que uno se merezca, sino de lo que el corazón elija. Si Santiago llegara a enterarse sobre los sentimientos de Paloma, ¿qué sucederá? ¿Renunciará a nosotros e irá tras ella?
Lo cierto es que, él y yo aún no tenemos nada, así que estaría en todo su derecho. Sin embargo, me costaría mucho aceptarlo, pues sé que todo cambiaría.
Ya no sé qué es lo que debo hacer. Estoy asustada.