Perdiendo contra él.

3842 Words
Aunque las clases habían terminado, el instituto no cerraba sus puertas. Las canchas y los salones estaban disponibles para que cada ateneo pudiera realizar sus prácticas correspondientes. Nuestro equipo de vóleibol aún tenía un campeonato pendiente, por lo tanto, llevábamos a cabo nuestro entrenamiento en ciertos horarios en que todas acordábamos. Es un jueves por la tarde cuando me dirijo al instituto y me reúno con las integrantes del ateneo. Cuando finalmente llegan todas, comenzamos a practicar. Nuestra capitana, Micaela, se ha vuelto más estricta y exigente desde el último torneo que participamos. Haber perdido en los octavos de final nos había dejado con un mal sabor de boca; por lo tanto, nos esforzamos aún más para el siguiente juego. Debíamos ganar, cueste lo que cueste. En los minutos de descanso, me tiendo en el suelo extendiendo los brazos a los costados y cierro los ojos, inhalando y exhalando con fuerza a través de la boca. De pronto, siento que alguien toca mi frente con el dedo. Despego los párpados y veo a Ray, agachado hacia mi cabeza, con una botella de agua colgando de su mano. —¿Cansada? —suelta, con una sonrisa. Me incorporo de sopetón sobre mis codos y golpeo mi frente contra el pie de la botella. —¡Auch! —gimoteo. —Qué torpe —se mofa, dejando el envase a un lado y dirigiéndose a las otras para entregarles el agua. —¿De dónde demonios salió ese cretino? —pensé en voz alta. Una mano se posa en mi hombro, lo cual me lleva a girar la cabeza hacia su dirección, viendo a Marina en cuclillas a mi costado. —Ese cretino vino conmigo —intercede. —¿Ahora también tendré que soportarlo en los entrenamientos? —refunfuño. —¿Qué tiene de malo? Estábamos juntos hace un rato y cuando le comenté que debía venir aquí, se ofreció a acompañarme —expone—. Además, se encargó de traer más botellas. —Uy, sí. Qué considerado —digo sarcástica, recostándome nuevamente en el suelo. —Deberías hacer algo con esa actitud —señala Marina. Se levanta y se acerca a Ray para obtener una botella de agua. Minutos después, continuamos con las prácticas. Al culminar, me tardo un poco más en el vestuario con el fin de no cruzarme con Ray. Cada una se cambia de ropa y se despide para marcharse, hasta quedarme completamente sola. Salgo de allí y cierro la puerta. Camino hacia la salida de la cancha tranquilamente con la vista en mis pasos, en lo que colisiono de forma inevitable contra un fornido cuerpo. —¡Oye! —suelto sobresaltada, alejándome de aquella persona. Lo miro con detenimiento y mis ojos reconocen su rostro. Es Ray. —¿Así que soy un cretino? —cuestiona, con una sonrisa tediosa— Vaya, se suma un nuevo insulto hacia mí en ese vocabulario tuyo. ¿Acaso me escuchó? No creo que Marina se lo haya dicho. —¿Porqué sigues aquí? Marina ya se fue —refunfuño. —No, no es así. En realidad, está buscándote —señala. —¿Buscándome? —¡Dalila! —escucho la voz de Marina pronunciando mi nombre. Se acerca dando pequeños trotes, hasta llegar a mí— Qué bueno que aún no te has ido... —¿Qué sucede? —pregunto intrigada. —¿Tienes algo que hacer? —N-No, no realmente... —¡Entonces, ven conmigo! —exclama. —¿A dónde? —¡Al centro comercial! Como sabes, la navidad está muy cerca y debemos escoger atuendos bonitos para estrenar —comenta entusiasmada. —Ah, pero... —¡Por favor! ¡Si vienes, te compraré un vestido! —E-Eso no será necesario... —¡Ándale, no te niegues! —insiste— ¡Preciso de tu opinión para escoger una prenda! Observo a Ray de reojo y levanto una ceja. —¿Él también irá? —cuestiono con desagrado. —¡Claro! Nos tardaremos allá y será peligroso regresar a casa solas. Agh, eso solo es un pretexto. —E-Está bien... —accedo a regañadientes. Salimos del recinto y subimos al coche de Ray. Al llegar al centro comercial, bajamos y caminamos por las grandes instalaciones. Mientras Ray miraba algunas camisetas para hombres, me aproximo a Marina y le hablo en voz baja. —Marina, ¿porqué insististe en que viniera? Sabes que no me agrada tu novio, tu amigo o lo que sea —reclamo. —No logro entender porqué te cae tan mal, ¿acaso te molestó de alguna manera? —coloca las manos sobre su cintura. —Es un egocéntrico narcisista —asevero. —Eso no es verdad, es la imagen que creaste en tu mente y te empeñas en sostenerla. ¿Porqué no te das la oportunidad de conocerlo? —El concepto que tengo de él no cambiará —establezco. —Qué terca. —¿Qué es lo que quieres? ¿Que nos hagamos amigos? Eso no sucederá. —Deseo que el trato entre ambos sea bueno. No es divertido escucharlos discutir todo el rato —gimotea. —Pues no nos invites al mismo tiempo. —¡No digas eso! Me gusta que aquellos que me agradan, se lleven bien... —Entonces, ¿porqué no haces un esfuerzo para aceptar a Ámbar? Su sonrisa se desvanece poco a poco y la expresión de su rostro cambia. Me mira con seriedad y se acerca. —Es diferente. Ámbar y yo tenemos una historia, la cual sucedió antes de conocerte. No hay nada que pueda hacer al respecto —declaró. —Pues a mí me parece que estás exagerando, sin embargo, respeto tu posición. ¿No deberías hacer lo mismo? Suelta un suspiro de resignación y masajea su entrecejo. —De acuerdo. Esta será la última vez que te ofrezca una invitación en la que Jordan esté presente. ¿Contenta? —refunfuña, girando los ojos, a lo que dejo escapar una risita. —Finalmente nos entendemos —doy un ligero pellizco a su brazo. En cuanto veo a Ray caminar hacia nosotras, decido alejarme. —Iré a mirar alguna cosa por allá —apunté, a lo que Marina asiente con la cabeza. Empiezo a andar sin rumbo hasta que una joyería llama mi atención. Me aproximo a ella y observo detenidamente las gemas en exposición. Son brillantes y hermosas. Miro los precios en las etiquetas, los cuales me dejan atónita. ¡Cuestan una fortuna! Retrocedo unos pasos pensando que si llegara a romper alguna, tendría que pagarlas. A un costado, veo un estante de anteojos de sol. Tomo una y me la pruebo, me asomo a un espejo y poso delante de ella. Repentinamente, noto el reflejo de una silueta que pasa por detrás de mí. En un impulso, giro hacia su dirección y fijo la vista en aquella figura. Es un chico delgado que camina para adelante y no logro ver su rostro, sin embargo, la forma y el color de su pelo me resultan extrañamente familiar. Sigo sus pasos hasta alcanzarlo y coloco la mano sobre su hombro, haciéndolo voltear hacia mí. Al reconocer su cara, doy un sobresalto. —¡¿Ámbar?! —suelto asombrada. Levanta ambas cejas y mantiene la boca semiabierta. Al parecer, está tan sorprendida como yo. —D-Dalila... —¿Qué... Qué haces vestida así? —la miro de pies a cabeza. Estoy realmente impactada. Ámbar lleva puesta prendas masculinas y le sientan muy bien. De todas maneras, estaba curiosa por saber cuál era el motivo de esa extraña situación. —Quizás no te agrade la respuesta pero... Fue idea de Soraya —manifiesta. —¿Ella te obligó a vestirte como un hombre? —cuestiono. —No me obligó. Más bien, me convenció —aclara. —¿Con qué fin? —Pues... Una compañera del ateneo de balonmano nos comentó que tendría una cita a ciegas en este lugar, debía encontrarse con un chico; pero, él traería a una amiga consigo y no quería convertirse en el mal tercio. Por lo tanto, nos pidió que la acompañáramos. Fue entonces cuando a Soraya se le ocurrió que me vistiera como un muchacho y viniera con Sabrina —explica. —¿Sabrina? ¿Es la compañera que dices? —pregunto, a lo que asiente—. Bueno pero, ¿dónde están todos? ¿Porqué estás sola? —A Sabrina le va muy bien, está paseando con el chico que conoció; sin embargo, me tocó quedarme con la amiga del tipo. ¡El problema es que es una loca! —exclama. —¿Qué? ¿Una loca? —Se pegó a mí como un chicle y asumió que empezaríamos a salir desde ahora, incluso intentó besarme pero la esquivé, así que me besó en la mejilla —comenta con un toque de desesperación. —¿En serio? —Le dije que iría al baño para poder deshacerme de ella, pero ahora me está buscando por todo el centro comercial —refunfuña. —¿Porqué no le confiesas que eres una chica? —Me temo que dañaré tanto su orgullo que probablemente terminaré con una nariz rota —asume. Llena la boca de aire y la suelta de golpe, moviendo la cabeza de un lado a otro. De pronto, abre los ojos muy grandes y me toma del brazo. —¡Ahí está! ¡Escondámonos! —susurra. Estira de mí y me lleva detrás de un pilar, procurando que no seamos vista por su obsesiva admiradora. Inclina levemente el rostro para observarla y cerciorarse de que no se dirija hacia donde nos encontramos, mientras que yo observo a Ámbar con atención. Lleva una camisa blanca que podría confundirse con su pálida piel y con cuello alto que no llega a ocultar sus lunares. Unos jeans y un reloj de mano adornando su muñeca. Su pelo estaba desaliñado, las puntas en forma de gancho apuntaban a cualquier dirección, lo cual le daban un aire de chico rebelde. Sin poder evitarlo, suelto una pequeña risa. Me mira extrañada, pero no se inquieta. —¿Qué es tan gracioso? —pregunta. —A decir verdad, no me sorprende que aquella niña haya quedado enganchada contigo con solo verte, eres una chica realmente bonita y vestida así, luces como un muchacho muy atractivo —señalo. Sus mejillas se ruborizan y sus ojos son invadidos por cierto brillo indescriptible; sin embargo, su semblante se mantiene serio. —¿T-Tú crees? —suelta. —¡Claro! Esta es la prueba —expongo. Me brinda una sonrisa torcida y casi caigo rendida a sus pies, cuando se percata de que la chica la había encontrado con la mirada. —¡Demonios! —dice entre dientes. Comienza a caminar hacia nosotras y Ámbar entra en desesperación. En ese instante, la tomo del rostro y la beso en los labios. Como me supera en estatura, tuve que estirarla hacia mí. Ni siquiera lo pensé, mi cuerpo se movió por sí solo. Creí que sería suficiente para espantar a aquella chica; sin embargo, se aproxima hasta donde estamos y se detiene delante de nosotras. Me despego de Ámbar y dirijo los ojos hacia la persona que nos mira con desdén. —¿Qué significa esto? —reprocha. Me sorprendió su actitud, como si sintiera que tenía derecho alguno de hacer reclamos. Me di cuenta de que en el momento en que vio a Ámbar, le resultó tan bonita que decidió que quería monopolizarla. Aquello me irritó. —¿Quién eres tú? ¿Porqué estás persiguiendo a mi novio? —cuestiono con autoridad. —¿Tu... Tu novio? —su expresión denota disgusto. —Así es... —P-Pero... Pero él... Estaba conmigo... —tartamudea. —¿Te refieres a esa cita a ciegas? Solo asistió para acompañar a su amiga, no tenía ningún interés en particular —alego. Recupera el aliento que había perdido y levanta la barbilla, demostrando que no se dejaría intimidar. —No dijo nada sobre una novia —acotó, cruzándose de brazos. —Lo que pasa es que es muy tímido, pero ya estoy aquí —tomo su mano y entrelazamos los dedos—. Él es mío. Lo dije con tanta convicción que por poco me lo creo yo misma. De todas maneras, ese era el objetivo. Debía ser tan creíble para que aquella chica, finalmente, se rindiera. —Pues quizás él no piensa igual que tú, ya que no te reconoció como una novia —establece. Aparentemente, fueron sus últimas palabras, ya que dio media vuelta y comenzó a caminar, alejándose de nosotras. Suelto la mano de Ámbar y exhalo ruidosamente, masajeando mi nuca. —Eso estuvo cerca... —señalo. —Yo... Diría que demasiado... —responde. Sostenemos la mirada durante unos segundos, luego la desvío. Debido a la adrenalina de hace un rato, no sentí ninguna clase de incomodidad mientras besaba a Ámbar, pero al terminar el efecto de aquella hormona, comencé a inquietarme. —Discúlpame por haber sido tan atrevida, fue lo primero que se me ocurrió —expreso, avergonzada. —No te disculpes, tú me salvaste. Gracias —se rasca la cabeza y sonríe con nerviosismo. —Sí, eso parece... Junto las manos y juego con los dedos, manteniendo mi mirada en ellos. —Entonces... Debería irme... —señala. —Ah, sí... Claro... En cuanto se dispone a marcharse, la detengo de nuevo. —Oye —suelto— la próxima vez, no olvides mencionar a tu novia —bromeo, a lo que sonríe. —Tienes razón... Se despide agitando la mano en el aire y después la mete en el bolsillo, voltea en dirección contraria y avanza hacia la salida del sitio. Mientras la música suena ligeramente mediante la radio del centro comercial, veo la espalda de Ámbar alejarse. Me pregunto, si ella hubiera nacido como un chico, ¿cómo habrían sido las circunstancias? ¿Tendría una oportunidad con él? Estoy segura de que con esa apariencia, llamaría la atención de cualquier mujer. Habría tenido demasiada competencia. Sin embargo, la realidad es distinta. Soy la única dueña del corazón de Ámbar. Siendo así, ¿qué es lo que me impide corresponder a sus sentimientos? Al darme cuenta de lo que estaba pensando, me paralizo. ¿Porqué permito que esas tonterías se apoderen de mi mente? Quizás, me he vuelto loca también. Sacudo la cabeza para expulsar esos extraños pensamientos y suelto un suspiro, en lo que una voz detrás de mí me trae de vuelta a la superficie. —Vaya, vaya, vaya... —pronuncian los labios de Ray. El aire se queda atascado en mi interior cuando volteo a mirarlo con asombro. —¿Q-Qué haces? ¿Estás espiándome? —reacciono a la defensiva. —Para nada, estás en un lugar público, a la vista de todos —señala—. Por cierto, ¿en verdad ese es tu nuevo novio? —pregunta, levantando una ceja. —¿Qué? ¡No! —Pero tú misma lo dijiste... —resalta. Rayos, ¿qué tanto escuchó? —Ash, no es un novio ni nada como eso. ¿Acaso no la reconoces? —Pues... No me he fijado en su rostro... —Es Ámbar Palomino —expongo. —Um... Me suena... —entorna los ojos y ubica la mano en la barbilla. —Es la chica a la que Marina detesta tanto —aclaro. Siendo ellos tan cercanos, apuesto a que sabrá de lo que hablo. —Oh... Ya la recuerdo... —menciona— ¡Ah! Ahora lo entiendo —añade repentinamente—. Ya que tu antigua relación no funcionó, te mudaste al otro bando... —¡Por supuesto que no! —niego rotundamente, dando un palmazo a su espalda— Lo que pasó fue que... —Tranquila, no tienes que explicarme nada. Yo te apoyo —se mofa, colocando la mano sobre mi hombro. Giro los ojos y lo aparto de un golpe. —Deja de jugar —impongo. —No estoy jugando, solo soy un observador. Además, acabo de darme cuenta de una cosa acerca de ti —asume—. Tienes el hábito de besar a las personas sin su permiso, ¿es tu pasatiempo? Agh, ¿lo vio absolutamente todo? ¿Porqué tuvo que ser él, de todas las personas? —Que ni se te ocurra comentárselo a Marina ni a nadie más... —advierto. —No te preocupes, lo que hagas no me concierne. Por otro lado, dudo mucho que le agrade saber que besaste a la chica que repudia —manifiesta. —¡No lo digas en voz alta! —susurro, tapando su boca con ambas manos, a lo que se echa a reír. —Será uno de nuestros tantos secretos... —divaga. —¿A qué te refieres? —¿Quieres que te lo recuerde? —levanta una ceja, insinuando aquel incidente de la noche en la que me embriagué. —Tch. Olvídalo —digo, rodando los ojos de nuevo. Le doy la espalda y me alejo de él, encontrándome con Marina minutos después. Lleva sobre los hombros una montaña de ropa y una sonrisa entusiasta plasmada en los labios. —¡Me probaré estas, acompáñame! —indica, tomándome de la muñeca. La veo ponerse cada prenda y me pide mi opinión acerca de cada una, lo cual nos lleva unas cuantas horas. Finalmente, se decide por un vestido rojo con motas blancas. En cuanto termina de pagar por la ropa nueva, abandonamos el centro comercial y nos dirigimos al coche de Ray. Mientras Marina está absorta tecleando su celular, siento su mirada a través del retrovisor. Finjo no notarlo e incrusto la vista en la ventana. —Marina, ya que tu casa queda más cerca de aquí, ¿qué te parece si te llevo primero y luego a Dalila? —propone él, repentinamente. —Creo que es buena idea —accede. ¿Nadie va a preguntarme lo que opino al respecto? ¡No quiero estar a solas con Ray! —Podría bajar en la casa de Marina y pedir un taxi después —planteo. —¿Porqué pedirías un taxi si ya tienes a alguien que te lleve? No seas orgullosa, solo es un aventón —sostiene ella. —D-De acuerdo... —acepto de mala gana. Al llegar a la residencia de Marina, se despide de nosotros y baja primero. Cuando cierra la puerta del vehículo, Ray la observa hasta alcanzar su pórtico. Una vez que la ve entrar, voltea la cabeza hacia mi dirección y sonríe. —¿Porqué no te mudas al frente? —sugiere, golpeando la mano sobre el asiento. —No, gracias. Aquí estoy perfectamente —asevero. —¿Acaso tienes miedo de mí? —desafía— No lo entiendo, soy yo quien debería tener miedo de ti, considerando que invades el espacio personal de la gente y las besas en contra de su voluntad —agrega, en tono burlesco. ¿Porqué está hablando en plural? No es como si fuese por la vida besando a cualquier persona que se me aparezca en frente. —Si vuelves a mencionarlo, te juro que la marca de mi mano quedará plasmada en tu rostro —amenazo. —¡Já! Cuánta agresividad... Enciende el motor y nos ponemos en marcha. Varios minutos después, llegamos a mi domicilio. Abro la puerta del coche, bajo rápidamente y la cierro de un portazo. No doy palabras de despedidas ni de agradecimientos, simplemente me dirijo hacia el pórtico ignorando la presencia de Ray, quien sigue mis pasos. —Oye —suelta— la educación no quita la belleza. —Gracias y adiós —digo tajante, a lo que se echa a reír. —Así me gusta. Si te comportas como toda una niña buena, quizás me vista de Santa Claus y te haga una visita a la medianoche, en navidad. Giro los ojos y no respondo. Al quitar las llaves de mi bolsillo, cierta idea aterriza en mi mente. Lo miro con atención y entorno los ojos. —Ahora que lo pienso... —me acerco a él lentamente— Tú siempre estás de un lado a otro, metiendo tus narices en los eventos de Marina y apareciendo en cualquier lugar al que voy. ¿No tienes tu propia vida? Me brinda una sonrisa tediosa y no se inmuta con mis palabras. —¿Porqué lo preguntas? ¿Te interesa? —levanta una ceja. Lo dije con el propósito de ofenderlo, pero siempre encuentra la manera de dar vuelta a la situación. —Siento curiosidad de porqué tienes demasiado tiempo libre —manifiesto. —Marina me aprecia mucho, así que siempre está haciéndome invitaciones. Como estamos en vísperas de festejos y celebraciones, la academia a la que asisto se mantiene cerrada. Por lo tanto, estoy de vacaciones —expone—. Puedo ir a dónde quiera. —¿Y tus padres? —Vivo solo. Frunzo el ceño y lo miro con extrañeza. ¿Cómo que vive solo? ¿Cuántos años tiene? ¿Acaso es un hombre adulto e independiente? No lo parece. Aunque en mi mente surgían preguntas, no las dejé salir. —¿No tienes a nadie que se preocupe por ti? —cuestiono con fingida compasión. —¿Y eso qué? Si no tengo a alguien que se preocupe por mí, ¿tú lo harás? Tch. Está distorsionando las cosas de nuevo. De alguna forma, siento que pierdo contra él cada vez que procuro enfrentarlo. Sin embargo, jamás lo admitiría delante suyo. —No. Simplemente, eso explica muchas cosas. Deambulas por las calles, vas a cada fiesta que se organiza y ahora te paseas por el instituto. No tienes a nadie que te eche un vistazo o que te indique lo que debes hacer y lo que no. Ten cuidado, no vayas a descarrilarte —sonrío falsamente y le doy la espalda para acercarme a la puerta, en lo que me toma de la muñeca y me hace voltear nuevamente hacia él. —Tú ten cuidado con lo que dices, no soy tan gentil como crees y no quieres verme enojado. La expresión de su rostro cambió por completo. Ya no lleva aquella sonrisa de triunfo que acostumbra tener y sus ojos se volvieron feroces. —Nunca creí que fueras gentil y no te tengo miedo —aparto la mano de un estirón—. Si no quieres seguir escuchando palabras hirientes de mi parte, deja de meterte conmigo —advierto. —Solo intentaba ser amable, pero ya veo que no vale la pena. Sin decir nada más, da media vuelta y camina hasta su coche, sube en él y se marcha. En ese momento, suelto un suspiro agotador. Llevo la mano a mi pecho, el cual me estaba doliendo. “No te tengo miedo”, fue lo que dije. Sin embargo, la manera en la que me miró me desconcertó. Sentí como si fuera el mismísimo Ray quien me estuviese mirando con esa expresión, una que denotaba desagrado. Por un instante, me arrepentí de lo que había hecho, pero sabía que era lo mejor. Estar cerca de él... De Jordan... Es peligroso para mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD