Entramos al lugar, el cual ya se halla repleto de personas. Cada rincón está ocupado por un grupo y no dejan espacio para caminar entre la multitud. Ni siquiera sé cómo encontrar a Marina, pues no le comenté que vendría.
De pronto, Ray toma mi muñeca con delicadeza y comienza a avanzar a pesar del alboroto, abriendo paso para que pudiera moverme sin dificultad. Por desgracia, no pudo evitar que chocara con algún sujeto mientras intentaba desplazarme.
Finalmente, llegamos hasta Marina, quien está cerca de la mesa de bebidas. En cuanto me ve, se abalanza sobre mí con una sonrisa de felicidad.
—¡Dalila, estás aquí! —exclama, dando pequeños brincos en tanto que me rodea con los brazos.
—Vine en contra de mi voluntad, para que lo sepas —refunfuño.
—Lo siento, sé que dijiste que no querías asistir a la fiesta, pero insistí a Jordan para que fuera por ti —confiesa.
Abro los ojos como platos y levanto las cejas por la impresión. Dirijo mi mirada hacia él, a lo que la esquiva para no encontrarse con ella.
Entonces... ¿Ray fue a buscarme porque Marina se lo pidió?
Un ligero dolor se extiende en la zona de mi pecho, lo cual me lleva a soltar un disimulado suspiro.
—A-Ahh... Ya veo... —agrego, desanimada.
—Jordan es bueno persuadiendo, así que confié en él —sostiene Marina, demostrando satisfacción.
—S-Sí, bastante...
—Ya que estás aquí, ¡hay que divertirnos! —manifiesta, tomando mi mano— La pista de baile ya está habilitada, ¡vamos a bailar!
Intenta estirar de mí pero me mantengo firme en mi posición, como si mis pies estuvieran pegados al piso.
—No tengo ganas de bailar... —manifiesto.
—¡Agh, vamos, Dalila! ¡No seas así!
—Mira. Ya vine sin querer hacerlo, pero no me obligues a bailar —gimoteo.
Me suelta con cuidado y exhala con fuerza.
—De acuerdo. Sin embargo, tienes que acercarte a la pista en algún momento, no quisiera verte sentada en un banco toda la noche —señala.
—Eso lo hubieras pensado antes —digo, con las manos en la cintura.
Deja escapar una risa y se aleja unos pasos, agarra a Ray como queriendo llevarlo con ella, pero él se abstiene; por lo tanto, Marina se dirige sola a la pista.
Tomo asiento en una de las sillas y apoyo los brazos sobre la mesa, cuando de pronto, Ray se coloca detrás de mí y asoma su rostro hacia mi cuello. Está tan cerca que puedo oír su respiración a pesar de la intensidad de la música.
—Te decepcionaste, ¿no es así? —susurró a mi oído.
Aparto la cabeza rápidamente y lo miro con disgusto.
—¿Y ahora de qué estás hablando? —cuestiono.
—Te decepcionaste al saber que no había ido a buscarte por mi cuenta, sino porque Marina me lo pidió —asume.
—Ideas tuyas.
—¿Vas a negarlo?
—Tu cerebro debe estar funcionando bastante mal para que te inventaras todo eso —muevo el dedo índice en círculos cerca de la sien.
—Mi cerebro no es el problema. A decir verdad, jamás hubiera ido de no ser por Marina —declara.
Mi corazón da un salto y golpea mi tórax. Aquello me dolió y no entendí porqué.
No recuerdo haberme sentido feliz cuando supe que Ray fue a buscarme, así que, ¿porqué estoy desilusionada?
De todos modos, me irrita. Estoy enojada conmigo por decepcionarme, y con él por darse cuenta.
—Claro, olvidé que eres su perrito faldero —refunfuño.
Me levanto de la silla y me dispongo a dejarlo solo, a lo que me toma del brazo y me jala hacia él. Incrusta la vista en mí, con la tez totalmente seria.
—Eso me ofendió —expresa.
—¿Acaso estoy equivocada? ¿Porqué no me dejas en paz y vas tras Marina para recibir la siguiente orden? —recrimino.
—¿Insistes en ofenderme?
—Solo estoy diciendo la verdad —aparto mi brazo de un arranque, logrando que me suelte.
—Vaya... Entonces, ¿así es como quieres que sean las cosas entre tú y yo? —cuestiona— De acuerdo. De ahora en adelante, te diré todo directamente, tal y como tú lo haces. Sin filtros —advierte—. Por cierto, ya puedo comprender la razón por la que tu ex-novio te cambió por tu mejor amiga. Nadie aguantaría semejante actitud, eres insoportable.
Apenas termina de decirlo, se pierde entre la multitud.
No puedo evitar sorprenderme y, por supuesto, enfadarme aún más.
Hace un rato, estaba dándome consejos en el auto, y ahora intenta hacerme sentir peor con respecto a lo que me sucedió.
Es un idiota.
Aunque entiendo porqué lo hizo. Fue su manera de reaccionar a mi ataque.
Aún así, sigue siendo un idiota.
Me acomodo en la silla y vuelvo a apoyarme sobre la mesa. Un chico se encuentra preparando las bebidas, así que me asomo para conseguir que me escuche.
—Disculpa, ¿tienen cerveza? —pregunto.
—Ah, sí. ¿Quieres una?
—Sí, por favor.
Toma una lata y la abre, dejando salir el característico sonido del gas. La extiende hacia mí y me la entrega. Bebo un par de sorbos y azoto la lata contra la mesa.
"¿Como se atrevió a decirme algo así?", no paraba de pensar en ello.
Minutos después, luego de terminar la primera, pido otra. Sabe horrible, pero mi boca se acostumbra al gusto amargo. Está tan fría que congela mi cerebro, pero la sensación es agradable.
De repente, una voz que reconozco al instante, me llama por mi nombre.
—¿Dalila? —suelta.
Fijo mi vista en él, confirmando lo que ya sabía. Se trata de Diego, quien está mirándome preocupado.
—¿Estás bebiendo de nuevo? —agrega.
—Lo dices como si fuera una alcohólica —reprocho.
—No, para nada. No era mi intención, pero confieso que me hace sentir un poco intranquilo —toma asiento a mi lado—. ¿No viniste con tus amigas?
—Marina está en la pista de baile, y probablemente, Paloma esté allí también, con Santiago —señalo, bebiendo otro sorbo y terminando el contenido de la lata.
—¿Porqué no bailas con ellos?
—No estoy de humor. En realidad, no debería estar aquí, pero me trajeron a la fuerza.
—Ya veo...
Pido más cerveza y la colocan frente a mí.
—Aprovechando que... Estamos hablando, quisiera aclararte una cosa —manifiesta—. Me enteré de que me viste conversando con Soraya, por lo tanto, me gustaría comentarte cuál fue la razón por la que estábamos platicando —declara.
La única persona que pudo haberle dicho eso, es Paloma. No se me ocurre nadie más.
—No me interesa saberlo. Nosotros ya no tenemos nada desde hace tiempo, puedes hacer lo que quieras —establezco.
—Tienes razón, pero no desearía que lo malinterpretaras.
¿Malinterpretarlo? ¿Cómo podría? Ellos solo tuvieron intimidad, así que, ¿porqué habría de pensar mal?
Suena tan estúpido, por lo que se me escapa una risita.
—Ya no debería importarte lo que yo crea, simplemente déjalo así —asevero.
—Dalila, por favor, solo escucha —insiste—. Ella... Se acercó a mí esa noche y me pidió que habláramos por un rato, y yo...
—Y tú aceptaste, como la buena persona que eres —suelto, sarcástica.
—Parecía ser algo importante, así que accedí —añade—. Esto te sorprenderá tanto como me ha sorprendido a mí. Soraya me pidió perdón. Se disculpó por lo que sucedió —expone.
Lo miro con extrañeza y frunzo el ceño.
—No lo entiendo. ¿Porqué exactamente te pidió perdón? ¿Por haberse acostado contigo o por contármelo después? —cuestiono de manera hostil.
—Por todo —responde—. Dijo que... Nunca quiso interponerse entre nosotros y arruinar nuestra relación...
—Diego —interrumpo— no fue ella quien la arruinó, fuiste tú —declaro—. Ahora, si no es mucho pedir, déjame sola, por favor.
Estoy a punto de beber un sorbo de la lata, en lo que Diego me la arrebata de la mano.
—Dalila, no sigas bebiendo —la coloca lejos de mí—. No quiero que termines como la última vez. Quizás no lo sepas, pero aquella noche en que cruzaste la línea intenté llevarte a casa, el problema fue que Marina no me lo permitió. Estoy seguro de que si vuelves a embriagarte así, sucederá lo mismo. No aceptarán que me harga cargo de ti —sostiene.
—No soy una niña pequeña, no tienes que cuidarme.
—Entonces, no te comportes como una. Puedes relajarte sin alcohol y tratar de divertirte —lentamente, acerca su mano y la posa sobre la mía— ¿Porqué no vamos a b...?
De pronto, siento un cuerpo estribarse sobre mi espalda, lo cual me da un sobresalto.
—¡Dalila! —exclama.
Giro la cabeza hacia su dirección, viendo a Ray muy cerca de mí.
Diego quita la mano de manera veloz y suelta un bufido.
—Agh, quítate —refunfuño, moviendo los hombros para liberarme del peso de Ray.
—Ah, perdón... ¿Interrumpí algo importante? —cuestiona.
Me quedo en silencio al igual que Diego, quien me mira por un instante, luego incrusta los ojos en Ray.
—No, no lo hiciste —responde a regañadientes.
—Uf. Qué bueno —dice, demostrando un falso alivio—. Yo solo vine a asegurarme de que Dalila no bebiera —señala Ray, ubicando su mano en mi nuca.
—¿Porqué? ¿Eres su niñero? —cuestiona Diego, con una expresión de disgusto.
—Así es. Le prometí a su tutor que no permitiría que ingiriera una sola gota de alcohol —declara con orgullo, a lo que Diego suelta una risa irónica.
—Pues fallaste, porque ya va por la tercera —dice, sacudiendo la lata.
—Tch. ¿Es en serio? —Ray dirige la vista hacia mí— ¿Me voy por unos minutos y ya me desobedeces? —finge regañarme.
Giro los ojos e inflo las mejillas con aire, para luego soltarlo de golpe.
—Entonces... ¿Fuiste tú el que la forzó a venir? —pregunta Diego— ¿Porqué no llamamos a Marina? Dalila luce muy incómoda junto a ti
Ray permanece callado por un rato, observándolo con atención. Después, vuelve a mirarme y se inclina ligeramente hacia mí.
—Dalila... ¿Te estoy molestando? —pregunta en tono suave.
—A decir verdad, ambos me están fastidiando —me levanto de la silla y camino entre las personas.
Ni siquiera el hecho de ser aplastada por la muchedumbre es tan agobiante como estar entre esos dos.
Finalmente, salgo del sitio y tomo aire fresco de la calle. El viento roza mi pelo y acaricia mi rostro, se siente realmente agradable. El espacio de adentro era tan cerrado, que la frescura de afuera me da una sensación de frío. Empiezo a temblar inevitablemente, a lo que una chaqueta descansa sobre mis hombros repentinamente.
—Aún en primavera, se puede apreciar el rocío —expresa Ray, quien había seguido mis pasos hasta la calle.
—¿Porqué estas aquí? Vuelve adentro —me quito la chaqueta y se la doy.
—No seas tan arisca, solo trataba de ser amable —se pone la chaqueta de mala gana.
—Será mejor que pida un taxi y regrese a casa.
—¿En verdad quieres irte?
—Así es...
—Te llevaré —suelta.
—No es necesario, dije que pediré un taxi.
—Los taxis son muy costosos...
—No eres tú quien pagará. Mi tutora se encarga de que no me falte dinero para tomar un taxi.
—Deberías ser más considerada con ella, ¿no lo crees? —bromea— Si vas conmigo, no te cobraré nada y no tendrás que usar el dinero de alguien más.
Já. Qué astuto.
—Dime una cosa... ¿Porqué insistes tanto en llevarme?
—Para ser honesto, me siento un poco culpable por haberte traído —confiesa—. Hace un rato, dije que no había ido a buscarte si Marina no me lo hubiera pedido, porque sabía que no querías venir. Habría respetado tus deseos.
¿Eso es verdad o solo está tratando de quedar bien?
Sea como sea, debería irme de una vez.
—Está bien, tú ganas —accedo, a lo que sonríe.
Nos dirigimos a su coche, lo enciende y partimos.
Nos mantenemos callados gran parte del camino, hasta que decide romper el silencio.
—Oye, ese chico que estaba contigo...
—No tenemos que hablar durante el trayecto —declaro.
En realidad, no quería que me hiciera preguntas acerca de Diego, así que preferí cortar la conversación antes de que inicie.
—Ah... Lo siento —agrega.
Aprieta el botón de la radio y la hace sonar, aligerando el ambiente.
Al llegar a casa, se estaciona frente a la acera, donde abro la puerta del coche sin perder el tiempo.
—Gracias —expreso.
Bajo de allí y comienzo a caminar, a lo que veo a Ray salir del vehículo. Me detengo y volteo hacia él.
—No hay necesidad de que me acompañes hasta la entrada —establezco.
—Quizás no, pero deseo actuar como un caballero —señala.
—Tú no eres un caballero, ni lo serás aunque te esfuerces —asevero, con un tono bromista.
—Procuro serlo, aunque tú no luzcas como una dama.
Giro los ojos y suelto un bufido, elijo ignorarlo y avanzar hasta la puerta. Mientras busco mis llaves, Ray coloca su mano en el picaporte para intentar abrirla, pero doy una fuerte palmada a su dorso.
—No lo toques con tus gérmenes —impongo.
Ray se queda petrificado, sin poder reaccionar ante tal acto.
Tras ingresar a la casa, volteo hacia su dirección y lo miro con indiferencia.
—Adiós —digo tajante, cerrando la puerta de un azote.
Al caminar hacia mi cuarto, Roxana aparece de repente.
—Dalila —pronuncia— ¿acabas de llegar?
—Ah, sí...
—¿Porqué cierras la puerta con tanta agresividad? ¿Sucedió algo? —cuestiona.
—Lo siento, no fue a propósito.
—Está bien, pero ten cuidado la próxima vez. Me dio un terrible susto —expresa, apretando su pecho.
—No volverá a ocurrir —aseguro.
Nos damos las buenas noches y nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones. Me quito la ropa que traía puesta y tomo una breve ducha. Al terminar de asearme, me envuelvo con una toalla y me tiendo en la cama.
Observo el techo con atención, mientras que mi mente divaga en el espacio. Todavía no logro entender la actitud de Ray hacia mí.
¿Porqué persiste en mantenerse cerca? ¿Lo hace solo para molestarme? ¿Le resulta divertido?
Su comportamiento me confunde cada vez más. Se supone que está en una relación abierta con Marina y probablemente sienta algo por ella. Entonces, ¿porqué no me deja en paz?