Es una cálida mañana cuando bajo del taxi y camino hacia la entrada del instituto. No veo a ninguna persona en el recinto, pues el acto de graduación anual ya había comenzado y todos se encuentran en el auditorio. Sigo adelante para llegar al sitio, en lo que siento un brazo posarse alrededor de mi nuca.
—¡Dalila! —exclama una voz femenina.
Por un momento, me paralicé al recordar que Soraya solía actuar de ese modo; sin embargo, es Paloma quien se halla a mi lado.
—¿Llegando tarde? —suelto.
—Igual que tú —me apunta con el dedo, sonriendo.
—No tengo idea de qué le sucedió a mi alarma, probablemente lo apagué mientras dormía —sostengo, rascando mi cabeza.
—Fue lo mejor, así me acompañas hasta el auditorio —insinúa.
—¿Santiago no vino contigo? —pregunto, levantando una ceja.
—Es muy puntual, no quería llegar muy temprano junto con él y esperar a que se aparecieran todos por aquí —expresa, realizando muecas de desagrado.
—¿Llegaste tarde a propósito?
—Solo es el mismo acto como en cada año. Además, los de tercero tienen prioridad ya que se gradúan y se marchan, a nosotras aún nos falta bastante tiempo —señala.
—Si tú lo dices...
Retomamos nuestro camino y avanzamos un poco más, en lo que coloca su mano en mi brazo para detenerme.
—Oye, ¿irás a la fiesta? —suelta de repente.
—¿Otra? —pregunto, girando los ojos.
—Es la de graduación —alega.
—La pasé muy mal en la última a la que fui, así que opto por quedarme en casa esta vez —establezco.
—¿Qué? ¿Cómo que no vas a ir? ¡Es la fiesta de graduación, GRADUACIÓN!
—Pensé que no era relevante para ti...
—Hay una gran diferencia entre la ceremonia y la fiesta —resalta.
—Estoy segura de que habrán muchas más, así que no pasa nada si no voy a ésta.
—No me digas que temes encontrarte con Soraya y mi hermano —supone.
—Ni me lo menciones...
Intento seguir caminando, pero me sostiene del hombro.
—Aguarda un segundo —agrega—. Ya te lo había preguntado, pero siento la necesidad de hacerlo de nuevo; así que, sé honesta. Dalila, ¿aún tienes sentimientos hacia Diego? —cuestiona.
—¿De qué estás hablando?
—Piénsalo. Si es verdad que ya no lo quieres, ¿porqué te molestó tanto verlo con Soraya?
—No lo sé, quizás fue por rabia. Después de todo lo que me hicieron, continúan dirigiéndose la palabra como si nada hubiera pasado —refunfuño.
—Pero no sabes cuál fue el motivo de aquella conversación...
—Ni me interesa saberlo.
Doy unos pasos hacia adelante y Paloma sigue mi ritmo.
—¿Estás segura de que se trata de eso?
—¿Porqué insistes con ello?
—Dalila, tú estabas loca de amor por mi hermano; y aunque cometió un error, es muy difícil que dejaras de amarlo de un día para otro. Nada justifica lo que ha hecho, pero todos merecemos una segunda oportunidad. Si tú sigues queriéndolo, podrías perdonarlo, olvidar lo que pasó y empezar de nuevo.
Hace un tiempo atrás, tenía miedo de perdonarlo. Temía a que si lo hacía, fuera capaz de darle otra chance y no quería llegar a eso. Preferí guardar rencor que volver con él.
Además, pensaba que el hecho de odiarlo podría funcionar como una especie de castigo para Diego.
—Eso no será posible, jamás olvidaré lo que me hizo. Los sentimientos ya no tienen importancia, tengo mi dignidad y no la aplastaré por alguien que nunca me quiso —manifiesto con firmeza.
Levanta ambas cejas y retrocede un paso.
—Vaya... No conocía este lado tuyo.
—Ni siquiera yo sabía que podía odiar tanto a la persona que alguna vez amé —expreso.
—Estoy segura de que no es odio lo que sientes hacia él, puedo apostarlo.
—Ya, ya. No me hables más de Diego y vayamos al auditorio, rápido —impongo.
Cuando llegamos, Marina levanta la mano y la sacude en el aire, a lo que nos dirigimos hacia ella. El lugar estaba repleto debido a que se estaba realizando el acto en conjunto, hombres y mujeres de todos los cursos.
Se expresaron palabras de agradecimiento y de honor para los estudiantes, alentando a que todos sigan con el buen rendimiento académico, para que cada quien se convierta en una persona calificada que pudiera ingresar a la universidad que desee; y, a su vez, mantener el buen prestigio de la institución.
El mejor y la mejor egresada del tercer curso de cada edificio, dieron sus respectivos discursos.
Tengo curiosidad, ¿quién será la mejor de nuestra promoción?
No he tenido la oportunidad de acercarme a todas mis compañeras, solo he conversado con algunas. No estoy segura de quién podría estar dando el discurso al terminar la preparatoria.
De todas maneras, ya no estaré aquí cuando ese momento llegue.
Al concluir la ceremonia, subimos al escenario para tomarnos fotografías. Para empezar, nos colocamos con los chicos del primero para ser fotografiados; después, nos ubicamos junto a todas las estudiantes del edificio femenino; y finalmente, nos tomamos la foto grupal del curso.
Salimos del auditorio y cada quien elige su rumbo; mientras que Paloma, Marina, Micaela y yo, nos reunimos en la entrada.
Ellas conversan acerca del reciente acto, en lo que Marina me hace una pregunta repentina.
—Dalila, ¿a qué hora paso a recogerte?
La miro extrañada, sin comprender sus palabras.
—¿A recogerme?
—¡Para ir a la fiesta! —expone.
—Ah... De hecho, no iré —aclaro.
—¡¿Qué?! —parpadea repetidamente.
¿Porqué todos reaccionan como si no ir a una fiesta fuese el fin del mundo?
—No tengo ganas de asistir, me quedaré en mi casa y dormiré temprano.
—No puedes estar hablando en serio... ¡Es la fiesta de graduación! No olvides que el próximo año no te graduarás aquí, sino que volverás a tu país. ¡Esta es tu oportunidad de celebrar con nosotros! —establece.
—Habrá muchas otras fiestas. Aún tenemos el campeonato de vóleibol de la última temporada e imagino que se realizará un festejo si salimos victoriosas.
—¡No es lo mismo! —refunfuña.
—Lo siento, ya lo decidí —me encojo de hombros.
Hace pucheros y entrecierra los ojos, mirándome fijamente.
—De acuerdo. No te forzaré a ir —suelta, levantando las manos al aire.
Suelto una risita y muevo la cabeza de un lado a otro.
Me despido de ellas y me dispongo a regresar a casa. En lugar de llamar un taxi, me coloco unos auriculares y comienzo a caminar.
A unas dos cuadras del instituto, escucho el sonido de una bocina, el cual capta mi atención de manera inevitable. Al llevar la vista hacia el coche, veo que el conductor es nada menos que Ray. Giro los ojos y continúo andando, a lo que baja del auto y pronuncia mi nombre.
—¡Dalila!
Volteo hacia su dirección y me quito los auriculares.
—¿Qué pasa? El acto de graduación ya terminó —señalo.
—Vine a buscar a Marina, sin embargo, te encontré en el camino. Debe ser el destino —bromea.
—Nos hubiéramos cruzado de todos modos —sostengo, sin darle importancia—. Marina está en el instituto, te estará esperando.
En un intento por colocarme los auriculares nuevamente, Ray se acerca a mi y toma mi muñeca para impedir que lo haga.
—Espera —suelta de repente—. Tengo entendido que habrá una fiesta esta noche, por lo tanto, déjame darte un consejo —añade—. Si pasarás de los dos vasos de cerveza, asegúrate de comer bien para evitar la embriaguez —guiña un ojo.
—Gracias por el consejo que no te he pedido, pero no iré a esa fiesta, así que ahórratelo —aparto mi mano.
—¿Hablas en serio? Pero si es la fiesta de graduación —resalta.
Si alguien más me lo vuelve a mencionar, creo que lo golpearé.
—Como dije, no asistiré —declaro.
—Agh, qué carácter. En fin, si cambias de opinión, nos veremos allí —me brinda una sonrisa relajada y se dirige de nuevo a su coche.
Entonces... ¿Ray irá a esa dichosa fiesta?
Um... Por supuesto que sí, para acompañar a Marina.
Sacudo la cabeza para expulsar aquellos pensamientos de mi mente, me pongo los auriculares y sigo mi camino.
Al llegar a casa, veo a Gustavo preparando el almuerzo. Roxana y él me habrían acompañado a la ceremonia, pero les quité el peso de encima diciéndoles que no era necesario ni relevante. Sé que Roxana hubiera faltado al trabajo y no quería que lo hiciera.
Poco a poco, el cielo se torna de un color oscuro. Paloma y las demás envían fotos de sus atuendos en el grupo chat y piden opiniones. Desde mi perspectiva, todas lucen muy arregladas y hermosas. Parecen estar muy emocionadas por esta fiesta, ¿pero qué tiene de especial? Estoy segura que sonarán las mismas músicas que en la anterior y estarán las mismas personas que vemos siempre.
No tiene caso, no iré.
Una hora más tarde, alguien toca el timbre de la casa. No me levanto de la cama debido a que no estaba esperando a nadie en absoluto, entonces supuse que al que buscaban era a Gustavo.
Minutos después, unos toques a mi puerta me obligan a levantarme. Al abrirla, lo veo detrás del umbral.
—Dalila, el chico caucásico está aquí... Otra vez —expone.
Agh, no puedo creerlo. ¿Ray vino de nuevo? ¿Para qué exactamente? No es como si fuéramos amigos, nunca lo fuimos.
—Está bien, lo atenderé. No lo dejaste pasar, ¿cierto?
—No, lo dejé en el pórtico —señala.
Salgo de la habitación y me dirijo hacia la entrada. Abro la puerta, viendo a Ray de espaldas. Voltea hacia mí y sonríe.
—Hola, Dalila —saluda, agitando la mano en el aire.
—Se te está haciendo costumbre venir a mi casa sin mi consentimiento. ¿No te da vergüenza? —refunfuño, cruzándome de brazos.
—¿Porqué la tendría? Si ya nos tenemos la confianza suficiente. Incluso, nos hemos besado... Bueno, tú me besaste —me apunta con el dedo.
—¿Podrías simplemente olvidarlo? —cuestiono, desviando la mirada.
—Es imposible. Eras una persona completamente diferente aquella noche, me pregunto si alguna vez volveré a verte de ese modo —suelta una risita.
—Solo dime a qué viniste y luego lárgate —impongo.
—Ah, sí. Estoy aquí para llevarte a la fiesta —expone.
Frunzo el ceño y arrugo los labios, demostrando desagrado.
—¿De qué demonios estás hablando? —me exaspero.
—¿Irás vestida así? —cuestiona, observándome de arriba a abajo e ignorando mis palabras.
—La cuestión es que no voy a ir —declaro.
—Oh, vamos. No seas testaruda. He venido a buscarte como todo un buen amigo, no me rechaces ahora —insiste.
—¿Desde cuándo somos amigos? Jamás dije que lo fuéramos —refuto.
—Solo aprecia mi buena voluntad y sube conmigo al coche —sostiene.
Aparentemente, no tiene intención de irse hasta lograr convencerme.
Agh, debo pensar en algo para deshacerme de él.
—Escucha, no me han dado permiso para ir a esa fiesta, así que... Ni hablar —invento.
—¿Les dijiste que es la fiesta de...?
—¿Podrías dejar de repetirlo una y otra vez? —me exacerbo— Ya sé que es la fiesta de graduación, entiendo perfectamente lo que significa, sin embargo, prefiero quedarme aquí y obedecer a mis tutores —establezco.
Ray se mantiene mirándome con atención por algunos minutos, sin articular ninguna palabra. De pronto, pasa de mí e ingresa a la casa dando una zancada. Comienza a caminar por la sala y observa los alrededores.
—¡¿Qué estás haciendo?! —cuestiono, irritada.
—¿Tus tutores no están? —pregunta extrañado.
—Sal de aquí en este instante o empezaré a gritar para alarmar a los vecinos —amenazo.
En ese momento, Gustavo sale de la cocina y ve a Ray parado en la sala.
—¿Qué está pasando? —suelta, con la vista incrustada en él, el ceño fruncido y las manos en los bolsillos de sus pantalones.
—Mucho gusto, señor —Ray extiende la mano para estrechar la de Gustavo—. Mi nombre es Jordan y quiero llevar a su hi... hijastra a una fiesta —añade.
¿Hijastra? ¿De dónde sacó ese disparate?
—¿Una fiesta? ¿Qué fiesta? —pregunta Gustavo, perplejo.
Ray me mira de reojo, en lo que lo esquivo de forma rápida. Evidentemente, se dio cuenta de que le mentí.
—Es la fiesta de graduación de Dalila, es decir, de su curso —aclara.
—¿Fiesta de graduación? —Gustavo fija los ojos en mí, aún más confundido. Le había hablado de la ceremonia, pero no de la fiesta. Siendo sincera, tampoco sabía que se realizaría una hasta que Paloma me lo comentó.
En ese instante, muevo la cabeza de un costado a otro, como pidiendo que se niegue. Él parece captar la señal, así que lo lleva a cabo.
—No —dice.
—¿No? —suelta Ray.
—N-No.
—¿Porqué no?
—Pues... Porque no —impone Gustavo.
—Señor, por favor. No le niegue esta oportunidad a Dalila —insiste Ray, juntando las palmas de las manos.
—¿Oportunidad? ¿A qué te refieres?
—Es su única fiesta de graduación en este país, luego nunca podrá tener la chance de experimentarla. No deje que regrese sin saber lo que significa festejar con esta institución. Además, sus amigas la esperan y están ansiosas por verla —señala.
—Pe-Pero...
Gustavo vuelve a mirarme, a lo que muevo la cabeza nuevamente.
¡Sé fuerte, no permitas que te convenza!
—Y-Ya dije que no. Por cierto, ahora que lo recuerdo, Dalila está castigada. La otra noche fue a una celebración y salió de allí completamente ebria.
—Ah, eso...
—Y fuiste tú quien la trajo junto con alguien más. Yo los vi —confiesa Gustavo.
—D-De acuerdo, no puedo negarlo. Sin embargo, me gustaría hacer un trato con usted. Deje que Dalila vaya conmigo y le prometo que voy a cuidarla. Seré responsable de su bienestar y la traeré sin haber bebido una sola gota de alcohol —propone Ray.
—Um... No lo sé... Tú también querrás divertirte, dudo que quieras andar de niñero —sostiene Gustavo, levantando una ceja.
—No le quitaré los ojos de encima —persiste—. Si rompo mi promesa, usted puede... usarme como esclavo por un mes —suelta Ray.
—¿Un esclavo? ¿De qué me servirías tú? —cuestiona Gustavo, sarcástico.
—Podaré su césped, limpiaré toda la casa y las habitaciones, sacaré la basura, haré los mandados... En fin, tiene una infinidad de alternativas.
Gustavo coloca los dedos en la barbilla y su expresión se torna pensativa.
¿Está considerándolo? Tiene que ser una broma.
—Está bien, es un trato —extiende la mano para estrechar la de Ray.
¡Qué absurdo!
—¡Listo! —exclama Ray y fija los ojos en mí— ¿Qué estás esperando Dalila? Ve a cambiarte. Esperaré en el pórtico.
Comienza a caminar y cruza el umbral de la entrada. Gustavo suelta una risita hasta encontrarse con mi mirada acusadora.
—Traidor, humph —aparto la vista y me dirijo a mi habitación.
En las fotos que habían enviado las demás, lucían espléndidas. Por lo tanto, busco unas prendas con las cuales logre estar al mismo nivel que ellas. No quería ser la única desarreglada del lugar, así que me esforcé en conseguir una aspecto decente.
Al terminar de prepararme, salgo de la casa y veo a Ray sentado en las escaleras del pórtico. Cuando nota que estoy detrás suyo, se levanta y sacude sus piernas.
—Perfecto, es hora de irnos —establece.
Nos acercamos a su coche y subimos. Enciende el motor y nos ponemos en marcha.
Durante la mitad del trayecto, no articulamos palabra. La radio está encendida y el volumen de la música es considerable.
Tengo el codo apoyado sobre el borde de la ventana, mientras que mi rostro descansa en mi mano. Observo las calles sin mirar a nada en particular, a lo que la voz de Ray capta mi atención.
—¿Porqué estabas tan reacia a ir a la fiesta? —pregunta.
—No hay ninguna razón en realidad, simplemente no tenía ganas —alego.
—¿En serio? ¿No será que tenías miedo de encontrarte con tu ex-novio y tu ex-amiga? —suelta de manera brusca.
—No lo sé. Es probable que sea uno de los motivos, pero no miento al decir que no me apetecía ir —manifiesto.
Se queda callado durante unos minutos y tamborilea los dedos sobre el volante.
—No deberías cerrarte de esa forma. Eres joven... Somos jóvenes, y no lo seremos toda la vida —indica—. Disfruta el momento y la ocasión, no le des tantas vueltas a lo mismo y no caigas en un abismo profundo por personas que no valen la pena. Tienes que aprender a brillar a pesar de tus heridas y no permitas que los errores de otros destruyan tu esencia. Sal a divertirte, conoce y experimenta. Hay mucho por ver allá afuera y una traición no es el fin del mundo. Créeme, existen cosas peores y tienes que ser fuerte para enfrentarlos.
Vaya. Es la primera vez que lo escucho expresarse tan seriamente.
A decir verdad, nunca le había dado la oportunidad de mostrarme ninguna de sus facetas, pues siempre lo apartaba o lo evadía, hacia lo posible para no tener que tratar con él.
Su semejanza con Ray era impresionante, pero claramente, sus personalidades eran distintas, lo cual me enfadaba. Me enojaba al pensar que Ray jamás actuaría del modo en que Jordan lo hace, creyendo que está manchando la memoria de Ray. Sin embargo, ellos nunca han tenido nada que ver y Jordan no tiene la responsabilidad de mantener viva la imagen de Ray.
Además, no pude perdonar a Jordan por el hecho de que, a pesar de tener una relación con Marina, me trató como si yo realmente le interesara.
Agh, recordarlo me enfurece.
—Es fácil decirlo, pero hacerlo es otra cosa —añado—. ¿Alguna vez has sido lastimado y lo superaste tal y como mencionaste hace un momento?
—Já, qué astuta, no hablaré de eso contigo.
—¿Ah, no? ¿Porqué?
—Porque no somos amigos, tú misma lo dijiste —declara.
—Tch, entonces tampoco deberías darme consejos —refunfuño, dirigiendo mi mirada hacia la ventana.
Suelta una risa corta y no dice nada más hasta llegar al sitio de la fiesta.