La primera capa.

2749 Words
Todos los sucesos que han ocurrido durante el año, se marchan con el treinta y uno de diciembre. Ya solo quedan recuerdos ocupando espacio en nuestras memorias. Por otro lado, llega el uno de enero, inundado de esperanzas y de nuevas ilusiones, cambios radicales e importantes decisiones. Aunque lo recibí junto a Roxana y Gustavo, quienes se esforzaron para que me sintiera cómoda y para que disfrutara de las celebraciones, no pude evitar que la melancolía se asentara en mi corazón de alguna forma. Estaba lejos de mi casa, de mi hogar y de mi padre, por lo tanto, a pesar de que procuraba verme feliz, era difícil disimular mi añoranza. Es la tarde de año nuevo cuando me encuentro frente a la televisión salteando canales. Sé que, en esta ocasión, mis amigos no me harán una visita sorpresa, debido a que varios de ellos habían emprendido viajes familiares. Roxana me propuso ir a acampar, sin embargo, era consciente de que nos llevaría más de un día y que terminaría faltando al trabajo. Por esa razón, elegí negarme. No quería ser una molestia ni que alguien cambiara su rutina por mí. El resultado de ello: Aburrimiento. De pronto, suena el tono de mensaje de mi celular. Me había llegado un texto que transformaría mi aburrimiento en una mezcla de emociones. Número desconocido: ¡Hola, Dalila! ¡Feliz año nuevo! Te desea: Tu némesis favorito. ¿Mi némesis? No tengo algo como eso. DalilaRivas: ¿Quién demonios eres? Antes de pulsar la opción de “enviar”, tuve una revelación. ¡Oh! ¿Será posible que sea... Jordan? Tch. ¿Porqué no me dice que se trata de él directamente en lugar de confundirme? ¿Mi némesis? ¿Cree que somos enemigos? Aunque... Al principio, actué como si lo fuéramos. Hum... Borrar... Borrar... DalilaRivas: Feliz año nuevo, Jordan :) Aguarda un segundo... Jamás lo he llamado Jordan... “Admito que ese nombre, ¡me agrada! Es como si estuvieras diciendo que soy un "rey" todo el rato” Quizás... Solo deba seguir con ese juego. ¿Qué podría salir mal? Borrar... Borrar... DalilaRivas: Feliz año nuevo, Ray :) Enviar. Ni siquiera pasó un minuto, en lo que me llegó su respuesta. Número desconocido: Wow, me había acostumbrado tanto a tu mal genio que esperaba un insulto. ¿En verdad decidiste no volver a hacerlo? ¿Quién lo entiende? Hace unos días me regañó diciendo que no soportaría mi actitud. Vamos, Dalila. No pierdas la paciencia. Simplemente está jugando contigo. DalilaRivas: Así es, y voy a cumplirlo ;) Número desconocido: Entonces, es hora de ponerte a prueba. ¿Qué te parece si llevamos a cabo el paseo esta noche? ¿E-Esta noche? ¿Tan pronto? Pero... Es año nuevo... ¿No debería estar con su familia? Ah, debería registrar su número de contacto. DalilaRivas: ¿No tienes planes con tus padres? Némesis: Ya te había dicho que vivo solo, ¿no me creíste? Nunca puedo tomar en serio nada de lo que dice. DalilaRivas: De acuerdo. Si no tendrás inconveniente, hagamos ese paseo. Némesis: ¡Perfecto! Pasaré a recogerte a las ocho. Miro el reloj, viendo que marca las cinco con treinta minutos. El tiempo pasa rápido, ¿debería prepararme ahora? Agh, no seas ansiosa, Dalila. Dejo el móvil a un lado y me obligo a observar la pantalla de la televisión, sin comprender el hilo de la película que es transmitida en el canal. Aunque intento concentrarme, no lo logro. Agito los pies y tamborileo los dedos sobre mi muslo, sumergiéndome en mis más profundos pensamientos. Paso la mano por mi nuca y juego con los mechones de mi pelo, luego los introduzco en la boca y comienzo a masticarlos. Estoy tan nerviosa que no puedo controlar mis acciones, todo mi cuerpo se mueve involuntariamente. Tch, ¡al diablo! ¡Voy a alistarme en este instante! Me levanto del sofá y me dirijo a mi habitación, abro el armario y quito las prendas de su interior. Las extiendo sobre la cama y observo cada una minuciosamente. Después de pensarlo mucho, escojo un vestido rosa, el cual me llegan hasta las rodillas. Es muy cómodo caminar con él. Me coloco el par de aros que me había obsequiado Roxana junto con un collar que reposa sobre mis clavículas. Me aliso el pelo para dar una imagen calmada y tomo un mechón para fijarlo a un costado, utilizando un par de hebillas. Echo un vistazo al reloj, percatándome de que son las siete. Aún es temprano y ya estoy lista. ¿Qué haré para gastar los minutos? Me siento al borde de la cama y, de un momento a otro, me tiendo en ella. Miro el techo, con las manos estribadas en el abdomen y los dedos jugando entre ellos. Creía que el tiempo pasaba rápido, pero está transcurriendo más lento de lo que imaginé. ¿Qué es esta sensación en mi estómago? Lo traigo revuelto. Es un alivio que no haya comido nada. Recuerdo la primera vez que sentí este tipo de inquietud, mientras esperaba a Diego. Estaba tan entusiasmada por salir con él, aunque sabía que Santiago estaría presente. Habíamos ideado un plan, que terminó siendo un fracaso, ya que Diego estaba un paso por delante de nosotros. Fue aquella época en que hacía lo posible para empujarme a los brazos de Santiago. Si hubiera cedido, ¿cómo sería mi vida ahora? ¿Habría tenido un noviazgo feliz e irrompible? Rayos. ¿Porqué estoy pensando en ello? Sucedió hace meses. Cierro los ojos y empiezo a tararear una canción para tener a mi mente enfocado solo en la melodía. No sé cómo pasó, pero me quedé dormida al cabo de un rato. De repente, escucho el timbre resonando en la casa, lo cual me lleva a dar un sobresalto. Me levanto de un arranque y me dirijo rápidamente a la puerta para abrirla. Al hacerlo, veo a Jordan de pie detrás del umbral. —Hola, Dalila. ¿Nos vamos? —dice, con una sonrisa. Caminamos hasta su auto, en lo que abre la puerta del copiloto para ayudarme a subir, luego, se acomoda en el asiento de al lado. Toma el volante y permanece quieto, a lo que lo observo extrañada. —¿No deberíamos irnos ya? —pregunto. —Bueno, sí, pero... No me dijiste a dónde vamos —señala. —¿Y-Yo tengo que elegir el lugar? —Claro, tú haces la invitación y yo conduzco —establece. —Pues no conozco muy bien la ciudad como para ser tu guía —refunfuño. —No es necesario ir a un sitio nuevo, solo dime cualquier lugar en el que ya hayas ido —sugiere. Hum... —¿El sendero cerca del río? —propongo. —Perfecto. Gira la llave de encendido y arranca el motor, poniéndonos en marcha. Tras largos minutos de silencios incómodos, finalmente llegamos. Bajo del coche y camino por el sendero. De manera brusca, las olas traen consigo las palabras que Santiago expresó alguna vez. “Iré contigo a donde vayas. No importa si es al otro lado de la ciudad o si habrá que cruzar el continente, pero te seguiré a donde sea, hasta el fin del mundo si es necesario.” Aquella determinación resultó ser tan frágil que con una suave brisa se derrumbó. Sin embargo, no lo culpo. La indecisión es una situación que cansa y Santiago no podía esperarme toda la vida. No debí haber sugerido venir aquí, pero no sé me ocurrió otro sitio. Además, cada lugar al que voy, siempre guarda un recuerdo. —Se suponía que... Este paseo debía ser agradable —agrega Jordan, lo cual me extrae de mi estado absorto. —Lo es. Lo que pasa es que... Visité este lugar con alguien y... —¿Alguien especial? —pregunta con interés. —Más o menos... —doy una respuesta vaga. —¿Tu ex-novio? —Ahm, no... —¿Tu ex-mejor amiga? —Tampoco... —¿Con tu tutora, quizás? O con una de tus amigas... —¿Cuál es tu afán por querer saberlo? —lo miro extrañada, cruzándome de brazos. —Tengo curiosidad de quién es la persona que hace que pongas esa expresión de nostalgia —declara. —No es nostalgia, solo pienso en lo valioso que fue en su momento. Pero ya todo cambió. —Entonces, ¿ya no es importante para ti? —No dije eso... —¿Se trata de tu mejor amigo? En ese instante, fijé los ojos en él, sin poder negar su deducción. —Así que acerté —asume—. ¿Discutieron? Jordan había dado en el blanco y, aunque intentara hacerlo creer que estaba en un error, sabía que no se daría por vencido hasta que reconociera que sus conjeturas iban a una buena dirección. Por lo tanto, decidí seguir el ritmo de la conversación. —No. Santiago y yo éramos muy unidos, con su ayuda y la de los demás, pude superar mi ruptura con Diego. Sin embargo, elegimos poner distancia entre nosotros debido a que inició una relación con Paloma —expongo—. Su novia se convirtió en su prioridad. —Y te hizo a un lado —supone. —No es así. Aún somos buenos amigos. —¿En serio? No me lo pareció —refuta—. Aquella tarde de Navidad, te descubrí mirándolo con rabia. Él, por el contrario, lo hacía con avidez. Sus ojos reflejaban cierta frustración, como si lo que quisiera hacer es: Levantarse, extender su mano hacia ti y decirte “Ven conmigo”... En cada palabra, Jordan realiza gestos y ademanes graciosos, lo cual me lleva a soltar una risita. —Estás divagando —me burlo. —¿Eso crees? Pues yo apuesto mi propia cabeza a que ese chico está enamorado de ti. Al segundo, mi sonrisa se desvanece. Me di cuenta de que no debí permitir que sus conjeturas llegaran tan lejos. Poco a poco, Jordan estaba consiguiendo entrar en rincones de mi alma que procuraba mantener recónditos. —Estás equivocado —declaro—. Santiago adora a Paloma. —O, tal vez, es de lo que quiere autoconvencerse. Igual que tú —asevera—. Lo que no logro entender es, ¿porqué? ¿Porqué hacerse sufrir a sí mismo de ese modo? ¿Porqué no lucha por ti? Es normal que se lo cuestione. Jordan no tiene idea de lo que sucedió entre Santiago y yo, así que no puede sacar la conclusión correcta. —No vale la pena que se estrese por mí —manifiesto. —¿Te das cuenta? —añade— Con ello, me estás dando la razón. Santiago te quiere. —No tiene caso que me esfuerce por esconderlo, habrías indagado de todas maneras —insinuo, resignada—. Por otro lado, mi estancia aquí es corta. Su perseverancia habría sido una pérdida de tiempo. —Habrían podido tener un bonito romance mientras dure. —¿Porqué exponerse al daño si puedes evitarlo? —Ese miedo es el que los ciega a ambos. Ahora, ese muchacho recurre a conformarse con el cariño de otra chica. —No hables de Paloma como si fuera poca cosa —regaño. —No me refiero a eso, Dalila. Sino que Santiago desea estar contigo, pero con la tontería de que te irás pronto, escoge llenar el vacío con su novia actual —asume. —Paloma es la chica que él siempre amó, desde hace años. Lo que siente por mí es algo efímero. —Eso no lo puedes saber, ya que los dos se han negado a darse una oportunidad. —No habría podido dársela porque... nunca conseguí enamorarme de él. En este momento, solo se escucha el sonido de las olas. Jordan permanece en silencio, mirándome con atención. Sé que se percató de que mi voz denotó cierta culpa por no haber podido corresponder a los sentimientos de Santiago. —De igual forma, si lo que sentíamos era mutuo, no habría diferencia. Él es el mejor amigo de Diego, y Paloma es una de las mías. Santiago alega que Diego... aún siente algo por mí. Después de oírlo, Jordan realiza una expresión que indicaba que logró entender lo que ocurría, como si todas las piezas hubiesen encajado en su sitio. —Ya veo. Así que es por eso que prefirió renunciar a ti. Decido no responder a ese comentario. Sintiéndome extrañamente tranquila, pretendo encontrar el motivo de esta sensación. Tal vez porque nunca he hablado de esto con alguien más. Aunque, ni en mis sueños más alocados imaginé teniendo esta plática con Jordan. Precisamente Jordan. Es probable que, en realidad, confíe en él, pero no consigo distinguir si es porque se ganó mi confianza o por la similitud que tiene con Ray. Lo único exacto aquí es que no hay nada seguro acerca de lo que estoy haciendo, o sobre el modo en que me hace sentir. Por más de que trato de evadir la culpa, termina golpeando mi conciencia, recordándome cada cosa errónea que ya he hecho. Santiago, Diego, Soraya, e incluso Marina. No puedo afirmar qué siente Marina por Jordan, pero la intranquilidad me indica que no debería estar a solas con él. Que, quizás, si lo supiera, podría lastimarla. Sin embargo, algo más intenso me atrapa, un impulso hacia Jordan y lo que siento ahora mismo. Inhalo con fuerza y exhalo ruidosamente, alejando todo aquello en lo que no deseo pensar. Luego, llevo los ojos a él, y lo miro de una forma que no me había permitido antes. "Anhelo" ¿Qué anhelas, Dalila? Anhelo que este momento nunca se acabe. —Es un tema de conversación bastante fuerte para romper el hielo, ¿no? —suelta repentinamente, desatando una risita. —¿Eh? Ah, sí. Eso creo —paseo la mano por mi nuca. —Sin embargo, me alegra que me hayas dejado... quitar la primera capa. —¿La primera capa? —pestañeo de manera casi imperceptible. —Hablo de tus barreras —dice—. Siempre te esfuerzas por que nadie se atreva a derribarlas, pero solo es cuestión de paciencia. Tarde o temprano, terminaré quitando cada capa que te envuelve y quedarás al descubierto. Son pequeñas metas, con resultados increíbles. Aquella convicción con la que pronuncia esas palabras, esa seguridad en sí mismo que anteriormente me irritaba, ahora me tiene fascinada. Se impuso el reto de explorar mi ser y avanzar sin miramientos, escalón por escalón. Me pregunto, ¿qué sucederá en cuanto note que, en realidad, me faltan piezas? Cuando crea que está a punto de acoplarlas todas, se decepcionará al no encontrar las últimas. Como un rompecabezas sin todos sus lados. ¿Qué caso tiene armarlas, si no podrás apreciar la imagen? —Lo que pude entender sobre ti hasta este momento es que, cada rumbo que escogiste, fue más para el beneficio de los demás que para el tuyo —asevera—. Por ello, te repetiré lo que dije en la tarde de navidad. Deja de desear la felicidad de los demás y enfócate en la tuya. A veces, no tiene nada de malo ser egoísta. Animada por él, accedo a formar parte de su desafío. —Dijiste que me ayudarías a encontrar el camino —rememoré. —Así es. Por lo tanto, no es aquí donde debemos estar, sino en un lugar que no te traiga recuerdos melancólicos. Por una noche, que el pasado sea el pasado y no mires hacia él —coloca sus manos sobre mis hombros y me insta a voltear, dándole la espalda—. Mira hacia el frente y no apartes la vista para girar de nuevo. Si lo haces, te perderás de hermosas experiencias y bellos paisajes por aferrarte a lo que ya has conocido. Es reconfortante. Sus palmas parecen otorgarme su propia energía, por lo cual, mis hombros se calientan. Quiero voltear, pero no para mirar hacia el pasado, sino para contemplarlo a él. —Entonces... ¿a dónde me llevarás? —pregunto. —A un lugar con mucho ruido —da unos pasos y se ubica a mi costado—. ¿Me acompañas? Confío en él con tanta facilidad que me asusta. Estoy convencida de que, cualquier punto en la tierra al que vaya con Jordan, será divertido. Asiento con la cabeza, en lo que me toma de la mano y me dirige hacia el auto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD