Alma reencarnada.

4749 Words
Luego de un par de horas de recorrer casetas de juegos y puestos de comida, tomamos asiento sobre un banco colocado a un costado del camino. Exhalamos con fuerza, sosteniendo un par de bolsas que llevan nuestros premios. —Estoy agotada... —expresa Micaela. —Estoy satisfecha, comí demasiado... —gimoteo. —Necesito ir al baño, ¿podrías cuidar de esto por mí? —extiende su bolsa. —Ah, sí. Está bien. Se levanta de nuevo y empieza a caminar, mezclándose entre la muchedumbre. Recuesto la espalda por el respaldo del banco y cierro los ojos durante unos minutos. Sin poder evitarlo, me sumo al sueño. De pronto, siento una mano tocar mi hombro. Me mueve con ligereza, con la intención de que abriera los ojos. Despego los párpados lentamente, recuperando la nitidez de mi visión. Entonces, veo a Jordan de pie frente a mí. —¿Qué estás haciendo? —cuestiona. Me incorporo en el banco y procuro aclarar mi mente. —Yo... Estaba esperando a Micaela... —respondo con la voz ronca. —¿En qué momento se fue? —extrae el celular de su bolsillo y observa la pantalla— Se está haciendo tarde, hay que regresar. —No lo sé... —estiro los brazos y suelto un bostezo. —¿En verdad te quedaste dormida aquí? —refunfuña. —Recorrí todo el lugar y comí bastante, así que me sentí muy cansada... —reviso las bolsas para cerciorarme de que los premios sigan allí. —Pues fuiste muy imprudente, ¿no viste la cantidad de personas que hay? Y tú ofreciéndote en charola de plata —señala, con la expresión de enfado. —¿Porqué me regañas? No lo hice a propósito —reclamo. —Eres una inconsciente, ¿cómo puedes simplemente dormirte en cualquier sitio? Pudo haberte ocurrido algo. —Ya te dije que no fue adrede. Además, ¿con qué derecho me dices eso? Ni que fueras mi padre. —Lo hago porque viniste conmigo y eres mi responsabilidad —me toma de la muñeca y me jala con fuerza—. Ahora vámonos. —¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! —exijo. —No armes un alboroto, la gente te ve —expone. —¡Tengo que esperar a Micaela! —exclamo, procurando zafar de él, pero no lo consigo. —Tú ni siquiera sabes por cuánto tiempo se fue, pudo haberse perdido en alguna parte —supone. —¡Te dije que me sueltes! —estiro el brazo de un arranque y logro liberarme— Preferiría quedarme sola que ir contigo —añado. Clava sus ojos en los míos y su expresión se torna aún más malhumorada. —Bien. Perfecto. En cuanto encuentre a Micaela me largo de aquí, tú vete como puedas —establece, irritado. —¿Q-Qué dices? ¿Vas a dejarme a mi suerte? —cuestiono, indignada. —A ver, ¿quién te entiende? —da unos pasos hacia mí, aproximándose— No quieres venirte conmigo pero te disgusta que me vaya sin ti, ¿cuál es tu problema? —se exaspera— Estoy harto de tus berrinches, Dalila. Mi corazón retumbó en mi pecho y sentí un dolor agudo, lo que hizo que me paralizara. Me está mirando con tanta rabia y no sé cómo manejarlo. Nunca pensé que sería difícil asimilarlo. Sin embargo, esa era mi intención desde el principio, ¿no? —Finalmente... Te cansaste de mí... —asumo. —En eso te equivocas, jamás me cansaría de ti —refuta al instante, asomándose a mi rostro—. Pero, el hecho de que despiertes interés en mí, no significa que tenga que soportar la manera en cómo me tratas —agrega con firmeza. —Tú también fuiste cruel conmigo, no actúes como una víctima. —Solo me defiendo de tus palabras que siempre buscan herirme y no comprendo la razón. ¿Qué es lo que tienes en contra mía? —me enfrenta— Haces hasta lo imposible para alejarme, para lastimarme, pero luego me miras así... Como si en realidad no quisieras que me alejara. Trago saliva, esforzándome por no bajar la guardia. Aunque quiero desviar la vista, no logro hacerlo. Su mirada es tan sólida que me obliga a sostenerla; y de esa forma, lee la profundidad de mi ser y no puedo impedirlo. —¿No vas a responder? —insiste— ¿O es que ni siquiera tienes una respuesta? —No tengo nada que decir... —No tienes ningún motivo, Dalila. Ese afán de mantenerte lejos de mí no tiene ningún sentido. O, tal vez sí, pero no quieres aceptarlo. —No sé de qué me hablas... —intento esquivar sus insinuaciones, pero no está dispuesto a echarse para atrás. —Sí lo sabes. Lo que pasa es que te gusto pero tienes miedo —alega. Aprieto los puños a tal punto de que la tira de las bolsas están empezando a raspar mis palmas. En ese momento, rio sarcásticamente. —¿Miedo de qué? ¿De ti? —me burlo. —No lo sé, dímelo tú —establece—. Si no se trata de eso, ¿qué más podría ser? ¿O acaso... Estoy pagando los pecados de alguien más? Mi sonrisa se desvanece al segundo y cierto temor invade mi interior. —¿Estás loco? —suelto. —Quizás eres un alma reencarnada en busca de venganza —divaga—. Sin embargo, te dejaré en claro una cosa. Tal vez cometí muchos errores en mi vida pasada, pero no estoy dispuesto a pagar por ellas en esta. Soy otra persona ahora. En cuanto termina de decirlo, me da la espalda y camina en dirección contraria, dejándome atrás. El impacto de sus palabras fueron tan duras que mis manos pierden fuerza y suelto las bolsas en el suelo. Mi respiración se acelera y todo mi cuerpo tiembla, perdiendo el control de mis movimientos y permaneciendo intacta en el mismo sitio. En verdad me sorprendió, no esperaba que me dijera algo como eso. “Soy otra persona ahora” Es como si la vida misma intentara decírmelo a gritos que Jordan no tiene ninguna relación con Ray y que lo que estoy haciendo es injusto. No es justo para Jordan, ni para Ray. Ni siquiera lo es para mí. Después de varios minutos de estar sumergida en mis pensamientos, una voz pronunciando mi nombre me trae de vuelta. —¡Dalila! Es Paloma quien me ve a lo lejos y se acerca corriendo, junto con Diego. —P-Paloma... —¡Te estábamos buscando! ¿Dónde está Micaela? —No... No lo sé... Aunque procuro disimular mi estado, no lo consigo. Resulta complicado contenerlo, el temblor sigue sacudiendo mis manos, por lo que Paloma se inquieta al notarlo. —¿Estás bien? —pregunta preocupada. —¡S-Sí! Claro que estoy bien... —fuerzo una sonrisa. —¿Segura? Luces muy pálida —señala. —Lo que pasa es que... Comí demasiado —me excuso. —Tal vez te sentirás mejor si caminas un poco —sugiere—. Busquemos a Jordan para que puedas ir a casa. —¡No! —niego al instante. —¿Porqué no? —E-Es que... Tuvimos una discusión —expongo. —¿Tan grave fue? —cuestiona, intrigada. —Solo las típicas peleas que solemos tener. Aún así, no quiero regresar con él —expreso. Paloma mira a Santiago y él a ella por unos segundos, como si se comunicaran a través de sus pupilas. Luego, Paloma dirige los ojos hacia mí y ubica la mano sobre mi hombro. —Santiago puede llevarte... —propone con cierta dificultad, como si actuara en contra de sí misma. —No es necesario... Solo guienme hasta la salida y ayúdenme a tomar un taxi —planteo. —¿Cómo crees que te dejaré ir en taxi en ese estado? Por supuesto que no —asevera—. Santiago te llevará, no pasa nada. Asiento con la cabeza y nos dirigimos hacia la salida, alcanzando la motocicleta. Santiago me entrega un casco y me insta a que me lo ponga. Primero sube él y luego me acomodo detrás suyo. —Tengan cuidado —expresa Paloma. Santiago arranca la moto y nos ponemos en marcha. Una vez que estamos alejados del lugar, rodeo su cintura con los brazos para sostenerme. No quería hacerlo frente a Paloma. De esta forma, llegamos a mi casa. Bajo y me quito el casco para devolvérselo. —Gracias por traerme —manifiesto. —No fue nada... Giro en dirección contraria y empiezo a caminar, a lo que me detiene. —Dalila, espera —suelta, bajando de la moto. Volteo a mirarlo mientras se acerca hasta mí. —¿Qué sucedió en la feria? —pregunta repentinamente. —No entiendo... —Dijiste que tuviste una discusión con Jordan. —Sí, pero no hay por qué preocuparse —asevero. —¿Acaso él... Te está molestando? —cuestiona. —No, no es así. Somos muy diferentes y por eso chocamos a menudo, pero nada que no se pueda resolver —alego. —¿Estás segura? Sabes que puedes contarme lo que sea —afirma. Me quedo callada durante unos segundos, observándolo. Las circunstancias han cambiado para ambos y ya no podemos volver a lo mismo. Aquel comentario no tiene sentido para mí. —No, Santiago. Ya nada es igual —expongo—. Si algo ocurriese, ya no puedo recurrir a ti. Paloma sabe que tuviste sentimientos hacia mí, así que... Si vienes corriendo hasta donde me encuentro, ella podría molestarse. —Comprendo que ese sea el modo en que tú lo veas; sin embargo, no importa lo que pase. Yo siempre estaré de tu lado —promete. Sonrío conmovida y doy palmadas a su hombro. —Está bien. Gracias. Ahora tienes que regresar o Paloma se preocupará —sostengo. Camino hasta el pórtico y abro la puerta. Entro a la casa sin mirar atrás y vuelvo a cerrarla. Me dirijo a mi habitación y me tumbo en la cama, hundiendo el rostro en las sábanas. Dios. Dame un respiro. No puedo con todo al mismo tiempo. Aún no me acostumbro a ver a Paloma y a Santiago juntos, por esa razón procuro mantener mi distancia. Además, no quisiera que se formara un conflicto innecesario. Si empiezan los celos por parte de ella, todo se arruinará. Por otro lado, Jordan lucía muy enfadado. ¿En verdad lo hice llegar al límite de su paciencia? Siempre me enfrenta con un gran carisma casi imposible de fragmentar, pero hoy se mostró realmente irritado. “Soy otra persona ahora” No dejo de pensar en ello. De hecho, aquellas palabras lograron que despertara en mí una sensación que no es para nada nueva. Sentimiento de culpa. Anteriormente, me sentía culpable por la muerte de Ray. Aunque no fui la persona que apuntó el arma y disparó, lo mío fue aún peor. No hice nada. Conocía sus circunstancias y no busqué la manera de ayudarlo, simplemente me lo guardé como un secreto sin considerar que tenía en mis manos la posibilidad de salvarlo. Permanecí callada. Por miedo. Por cobardía. En este momento, me siento culpable con respecto a Jordan. Por ver en él a otra persona. Por hacerlo cargar con una imagen que no le corresponde. Por hacer lo posible para dañar su ego. Por mirarlo con desprecio cada vez que actuaba diferente a Ray. Soy yo quien está equivocada. Lastimar a Jordan para alejarlo no es la manera de enfrentar la situación. No es el modo de resolverlo. Agh, ¿porqué no puedo ser más fuerte? ¿Porqué dejo que el pasado siga interfiriendo en mi presente? De pronto, las palabras que fueron dichas por Jordan aterrizan en mi memoria. “Una vez que decidas que quieres ser realmente feliz, puedo ayudarte a encontrar el camino” ¿Podría ser Jordan la persona que me ayude a superar lo sucedido con Ray? Resultaría muy irónico. Olvidar a un chico con otro igual a él. Tch, ¿en qué demonios estoy pensando? Es absurdo. Jordan tiene a Marina y yo no tengo ninguna posibilidad. De todas maneras, quisiera retractarme. Está claro que no merecía ser tratado tan mal ni ser insultado del modo en que lo hice. No puedo ni quiero continuar huyendo. [...] Luego de un par de días, llega la esperada fecha del campeonato de vóleibol femenino. La última del año. Son las cinco de la tarde cuando cada jugadora está ubicada en su posición en el campo de juego. Finalmente, el silbato suena para dar comienzo al partido. En el momento en que la pelota empieza a moverse, me desconecto del mundo y mis ojos la siguen solo a ella. Mi único objetivo es evitar que caiga al suelo, por lo tanto, me concentro de tal manera que no doy importancia a mi alrededor. Sin embargo, en los minutos de descanso, soy consciente de quienes nos observan. En las gradas se encuentran nuestras compañeras dando aliento al equipo, así como también nuestros amigos. Santiago es uno de ellos. Lleva una trompeta de plástico en la mano y la hace sonar cada vez que anotamos un punto. A su lado está Diego, quien toma unas fotos con la cámara de su celular. También vino Ámbar, la que eleva un cartel de apoyo al aire. Por último, Jordan, que canta enérgico algunas músicas de hinchada e instan a los demás para acompañarlo. Todas aquellas voces alimentan mi espíritu y me animan a esforzarme aún más. Deseo que nuestros entrenamientos no hayan sido en vano y quisiera demostrar que tenemos más sed de victoria que antes. Ya no son las novatas de meses atrás, han crecido y se han esmerado en pulir sus técnicas. Por lo tanto, están más que calificadas para participar en cualquier torneo que se presente. Ya no tienen miedo de enfrentar a grandes equipos, porque nos hemos vuelto mejores. Como prueba de ello, el partido de vóleibol termina en su segunda ronda, con quince puntos a nuestro favor y doce puntos por parte del oponente. Al escuchar el silbato, comenzamos a brincar y a colocarnos en ronda, pegando gritos de triunfadoras. Los que se encuentran en las gradas bajan como avalancha y colisionan contra nosotras. Ámbar es la primera en felicitarme, abalanzándose sobre mí y luciendo realmente emocionada. Se despega de mis brazos y me brinda una sonrisa de oreja a oreja junto con una mirada rebasando de un brillo cautivador. Esta expresión es la que me lleva a derretirme ante ella. Hay un gran alboroto en medio de la cancha debido a nuestra victoria, así que el árbitro y otros entrenadores nos instan a desocupar el espacio, ya que se llevaría a cabo el siguiente juego. Salimos de allí y nos dirigimos hacia la calle. En vista de que ninguno tiene la intención de quedarse, nos marchamos a la casa de Paloma, quien ofrece un lugar para la celebración. Al llegar, la hinchada se esparce por la sala y sustituyen el silencio por risas; mientras tanto, las jugadoras nos reunimos en la cocina. Jordan también está presente, hablando con algunas compañeras. Mis ojos se ponen inquietos y lo buscan cada vez que trato de esquivarlo. En ese instante, los pensamientos que había tenido acerca de él regresaron a mi mente, los cuales afirmaban que debía retractarme, es decir, ofrecerle una disculpa por aquellas ocasiones en que procuré lastimarlo. Aunque parece sencillo, hay dos cosas que me lo impiden. En primer lugar, hay muchas personas aquí, será difícil hallar un tiempo a solas con él. Y en segundo lugar, mi orgullo me vuelve caprichosa, llevándome a creer que las disculpas no son necesarias. Después de esforzarme en insultarlo para alejarlo de mí, ¿cómo le pido que acepte mis disculpas? Suena muy descarado incluso cuando lo digo. De todas maneras, mi sentimiento de culpa y mi sentido común no permitirá que me eche para atrás. Si no logro hablar con él esta noche, habrá otro momento en que podré hacerlo. En tanto que nos encontramos en la cocina, Micaela revisa la nevera, viendo que en ella no hay nada que avive aún más su alegría. —Paloma, ¿podemos traer algunas cervezas? —pregunta ella. —¡Claro! Pero... ¿Quién irá a comprarlas? No le darán alcohol a una menor —expone Paloma. Las miradas se fijan en Marina y, aparentemente, ella comprende la señal. —Ah... De acuerdo. Se lo pediré a Jordan —establece. Aún me sigo preguntando... ¿Qué edad tiene? ¿Acaso es mayor? No lo parece en absoluto. Marina sale de la cocina por unos minutos y luego regresa con él. —Oye, Jordan, ¿irías por unas cervezas? —señala Micaela sin titubear. —Claro, no tengo inconveniente. ¿Cuántos paquetes desean? —¿Unos... Tres? ¿Cuatro? No lo sé, estamos muchos aquí —responde Mica, dudando. —Está bien. Si hace falta, iré por más —expone Jordan con amabilidad. —Ah, hay que recoger el dinero... —indica Paloma. —No se preocupen, invito la primera tanda —manifiesta él, saliendo de la cocina. Pensé que iría acompañado de Marina, pero ella permanece en la cocina. Me pica la curiosidad, así que me acerco y me inclino ligeramente hacia su hombro. —¿No irás con Jordan? —pregunto en voz baja. —Um, no esta vez. Quizás en la próxima compra —agrega. En ese momento, se me ocurre que sería la oportunidad perfecta para tener un tiempo a solas con él, al subirme a su coche y acompañarlo a la tienda. Sin embargo, el hecho de que yo misma exprese mi deseo de ir, terminaría siendo bastante sospechoso. Jordan y yo discutimos mucho frente a Marina, así que le resultará extraño que haya cambiado tan repentinamente. Suelto un suspiro de resignación y paso la mano por mi nuca, teniendo en cuenta que no debo actuar de manera impulsiva. Las chicas continúan conversando en la cocina, a lo que salgo de allí y me acomodo en el sofá de la sala, observando a los demás. Probablemente, es mejor que me olvide de la idea de hablar con Jordan hoy. No creo que sea posible. De repente, lo veo cruzar la sala y dirigirse a la puerta. Alzo las cejas del asombro y me levanto del sofá de sopetón. ¿Porqué aún no se ha ido? Miro alrededor y me aseguro de que cada quien esté en lo suyo. Entonces, voy tras él. Al estar a punto de subir a su coche, consigo alcanzarlo. —¡Oye! —suelto. Voltea hacia mi dirección y me observa extrañado. —¿Qué quieres? —cuestiona. Agh. Aunque es normal que esté a la defensiva, me irrita. —Pensé que ya te habías ido a comprar las cervezas —señalo. —Fui al baño antes de partir, ahora es cuando iré —indica. Sube a su auto y enciende el motor, en lo que me asomo a su ventana rápidamente. —¡Espera! Vuelve a fijar la vista en mí con una evidente inquietud. —¿Sucede algo? —pregunta de mala gana. —Déjame acompañarte —establezco, a lo que suelta un bufido. —No estoy de humor para escuchar tus regaños —manifiesta. —No tengo pensado hacer eso —asevero—. Yo... No volveré a hacerlo. No te insultaré más. Entorna los ojos y frunce el ceño, mostrándose realmente perplejo. —¿A qué se debe ese cambio? —agrega. —¿Me dejarás ir o no? —digo, impacientándome. Piensa durante unos segundos, pestañeando repetidamente. Su expresión denota que no lo he convencido, pero aún así, accede. —De acuerdo. Vamos. Camino delante del auto y subo al asiento del copiloto. Entonces, nos ponemos en marcha. Tenía la intención de empezar a hablar al instante, pero encendió la radio y alzó el volumen. Quizás, imaginó que estaríamos en silencio o que no cumpliría mi palabra y terminaría insultándolo, así que prefirió evitarlo. Llegamos a la tienda y me sugiere que permanezca dentro del auto. Minutos después, regresa con unos paquetes en las manos y los ubica en el asiento de atrás. Entra nuevamente y giramos para volver a la casa de Paloma. La música sigue retumbando en el interior del auto, lo cual no me permite iniciar una conversación. Podría simplemente dejarlo así y olvidarme de ello, pero eso significaría que lo acompañé sin ninguna razón en particular. Habría sido en vano. Entonces, decido armarme de coraje y afrontarlo. Por lo tanto, bajo el volumen de la radio para captar su atención. —¿Qué haces? —cuestiona. —Necesito... Decirte algo —expongo, jugando con los dedos. —¿Ah, sí? ¿De qué se trata? Mi orgullo latente hace que me muerda los labios para no articular palabra; sin embargo, exhalo ruidosamente y aligero mis hombros que se encuentran rígidos debido al nerviosismo, bajo la cabeza y clavo la vista en mis rodillas. —Te... Te ofrezco... Te ofrezco una disculpa —titubeo. Repentinamente, Jordan detiene el coche al costado de la ruta y se petrifica frente al volante. —¿Qué dijiste? —suelta, intrigado. —Dije que... Quiero disculparme —repito. —¿En serio? ¿Porqué? —cuestiona, incrédulo. —Tenías razón —señalo—. No tenía ningún... —¿Q-Qué cosa? ¿Estás dándome la razón? ¿Acaso traes alguna cámara escondida en algún lado? —me mira muy sorprendido. —Estoy siendo seria con esto. Por favor, escucha con atención —señalo—. Te estaba diciendo que no tenía ningún motivo en particular para tratarte de mala manera, me hice ideas en la cabeza que ni siquiera son ciertas y me empeñé en creerlas. Te juzgué sin conocerte y asumí que eras un chico egoísta y superficial, lo cual me desagradaba. Sin embargo, finalmente entendí que no sé nada sobre ti y que no debería actuar como si lo supiera. Fue mi error. En este momento, no sé si Jordan me perdonará, pero independientemente de ello, me siento un poco aliviada. Estoy influenciando a mi corazón y a mi mente a aceptar que la persona que está sentado a mi costado no es Ray. Es un gran paso para mí. No tengo porqué forzarme tanto, simplemente debo darle tiempo a mi alma para que suelte a Ray. Lento pero seguro. —Yo... Sé que... Comparado a todas las cosas que dije, una disculpa no es suficiente... —Así es. Con una disculpa no remedias el daño —afirma, a lo que dirijo mi mirada a su rostro. —No sé qué más puedo hacer... —Si en verdad quieres que acepte tus disculpas, deberías invitarme a salir —indica. —¿Qué? —levanto una ceja. —Ya sabes... Una cena, un paseo, una película... En fin, tú eliges. No puedo creer que esté aprovechándose de esto para salirse con la suya. Aún así, decido seguir su juego. —Un paseo —establezco. —Muy bien. Trato hecho —agrega, con una sonrisa de satisfacción. Enciende de nuevo el motor y nos ponemos en marcha. Todavía falta un poco para llegar a la casa de Paloma, en lo que entra en confianza e inicia otra plática. —Por cierto, felicidades por haber ganado el torneo. Me queda claro que eres la estrella de ese equipo. —Gracias, pero estás exagerando. No lo habría conseguido sin mis compañeras —sostengo. —Por supuesto, todas son buenas jugadoras, pero tú eres el as —indica—. Sé que si no hubieras formado parte de ese ateneo, ellas continuarían siendo un equipo ordinario. Fuiste tú quien las impulsó hacia adelante. —¿Acaso Marina te dijo eso? —pregunto, intrigada. —Marina es consciente de cuánta influencia tuviste en ellas y que eres una jugadora esencial. Sabe reconocer cuando alguien tiene talento. A decir verdad, en cuanto comenté a Marina que formaba parte de un equipo en mi país y que habíamos ganado trofeos, ni siquiera dudó de que sería capaz de ayudarlas. Siempre tuvo fe en mí y confió ciegamente en todas mis estrategias. Finalmente, llegamos a la casa de Paloma, en lo que Jordan estaciona frente a la acera. Cuando está a punto de bajarse, le lanzo una pregunta repentina. —¿Qué pasaría si lo que mencionaste en la feria fuese verdad? —cuestiono. —¿Lo que mencioné? —¿Qué tal si soy un alma reencarnada en busca de venganza? ¿No deberías mantenerte lejos de mí? —agrego. —Um... —coloca los dedos en la barbilla, tornándose pensativo— ¿Conoces el dicho “el que no arriesga, no gana”? —resalta— Elijo arriesgarme. —Pero dijiste que no estarías dispuesto a pagar por los pecados de alguien más ni por los de tu vida pasada... —Si es por ti, lo vale. Me brinda una sonrisa torcida y baja del auto. Abre la puerta de atrás, ubica los paquetes uno encima de otro y los quita. Mientras tanto, permanezco inmóvil en mi asiento. No lo entiendo. ¿Porqué dijo que elige arriesgarse? ¿Qué es lo que busca ganar? Al notar que sigo dentro, se asoma a la ventana. —¿No vas a bajar? —pregunta. —Ahm, sí. Claro. Salgo del auto y me aproximo a él. —Deja que lleve algunos —intento sacarle un par de paquetes, pero me esquiva. —Puedo hacerlo solo —indica. —¿Qué tiene de malo? No seas orgulloso y acepta mi ayuda. —No pesan nada, no te preocupes —continúa su camino, pero se detiene de nuevo—. Ah, ahora que lo pienso, necesito pedirte algo. —Espero que no sea una tontería —me cruzo de brazos. —Dame tu número de celular —expone, a lo que lo miro con recelo. —¿Como porqué haría eso? —cuestiono. —Piénsalo. Si no tengo manera de contactarte, ¿cómo se supone que organizaremos el paseo? ¿O acaso era una mentira? Tch. Zorro astuto. —De acuerdo... —accedo de mala gana, con los ojos hacia atrás. —Mi celular está en el bolsillo de mi pantalón —apunta. —¿Porqué no bajas esos paquetes y lo anotas tú mismo? —refunfuño. —No seas terca. Hazlo rápido. Suelto un bufido y meto mi mano en su bolsillo, quitando el móvil. Anoto mi número de celular y lo coloco de nuevo en su sitio. —No me envíes spam ni des mi contacto a otras personas —advierto. —Ya, ya. No lo haré. Nos acercamos a la puerta y la abro para que Jordan pueda entrar con los paquetes, luego se dirige a la cocina. Al ir a la sala, veo a Micaela sentada en el sofá, en lo que tomo asiento a su lado. —¡Hey! ¿Dónde te habías metido? —cuestiona. —Ahm... Solo estaba... Dando vueltas por ahí —titubeo. Se encoge de hombros y no le da mucha importancia. Jordan entra a la sala y reparte las bebidas. Micaela toma un par y extiende una hacia mí. —¿No bebes? —pregunta. En cuanto estoy por agarrarla, Jordan se lo arrebata a Micaela. —Dalila no debe beber, es peligrosa —sostiene, sonriendo. Sus ojos me dicen que está recordando esa noche. La noche en que lo besé. Me di cuenta de que, luego de haberme disculpado con él, su expresión cambió. Luce más animado, más contento. Además, me habla con confianza y me sonríe como al principio. ¿Porqué seguir alejándolo? Debería darle una oportunidad. ¿Estaría bien que lo haga? ¿Puedo tomarme el atrevimiento? Quizás Ray no habría querido que siguiera así, estancada en sus recuerdos. Sin embargo, si Jordan no tuviera una particular semejanza con Ray, yo jamás habría tratado de acercarme a él. Ni siquiera sé si me habría hecho amiga de Marina y las demás. En cierto modo, el Ray que habita en mi corazón me llenó de valor para dar cada paso. En ese caso, en lugar de ver a Jordan como un peligro, ¿porqué no lo veo como una oportunidad? Hacer con él todo lo que no he podido hacer con Ray. Hacerlo reír como habría querido hacerlo con Ray. Brindarle mi amistad y apoyarlo. Darle el cariño y la compañía que no pude dar a la persona que me arrebataron.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD