Por Scarlett
Es una locura lo que hice, pero algo muy profundo estaba naciendo dentro mío.
Dejé de lado el miedo de lo que pudiera suceder después.
Lo cierto es que cuando Christopher tocó mi puerta, presentí todo lo que seguía.
Me di cuenta del pánico que había en su mirada.
Sin dudas, mi rechazo de la noche anterior, le hizo plantearse la manera en que me tendría que tratar.
Él no tenía idea de todo lo que sentía y crecía dentro mío cuando lo tenía cerca.
La noche anterior lo rechacé, un poco para hacerme desear más y otro poco porque tenía miedo de mis propios sentimientos.
Sigo teniendo miedo, pero su insistencia, tan temprano por la mañana, barrió con mis prejuicios y pensé que no tenía sentido ahogar el fuego de mis entrañas cada vez que lo veía.
Estaba en un crucero y nadie me conocía.
Y ¿Quién sabe?
A lo mejor, terminado el viaje quedamos en contacto y…
No soy inocente, pero ilusiones tengo.
Hicimos el amor, mi cuerpo me estaba pidiendo a gritos que permita los besos y las caricias de Chris y también de todo lo que siguiera después de eso.
Creí que moría de placer.
Jamás en mi vida sentí tanto al estar con un hombre.
Él me dijo algo similar.
Parecíamos destinados a estar juntos, a amarnos con locura.
Estuvimos horas llenándonos de placer.
Me besó de una forma distinta y cuando me toca, me hace temblar.
Y luego me halaga y yo quiero creer en sus palabras.
Tampoco puedo dejar de lado el miedo que va creciendo en mí, porque aunque no soy enamoradiza… me estoy enamorando.
Mi vida cambió mucho en estos días, pero cambió mucho más desde el momento en que él entró a mi habitación.
Creo que es el tipo de hombre por el cual yo dejaría todo.
Apenas lo conozco y suelo tener los pies en la tierra, pero…
Me estoy descubriendo.
Este casi desconocido y yo, fuimos, por momentos, una misma piel, lo que siento es algo distinto a todo lo que existe.
Cerca de las 3 de la tarde, fuimos a almorzar.
-Me cambio y vamos.
Le contesté, porque no íbamos a estar todo el día encerrados en mi camarote.
Puede parecer tonto, pero me cambié en el baño.
Me puse un vestido suelto, en degradé de colores en tono violeta, tenía mangas largas, porque estaba fresquito y no sabía en dónde terminaríamos almorzando.
Estás hermosa… todo destaca tu cuerpo.
Dijo mirándome como si yo fuera una deidad.
Luego me propuso pasear por el barco.
-¿Recorremos el barco y nos fijamos opciones?
-Era lo que estaba pensando.
Había confiterías y restaurantes en todos los pisos, también salones con entretenimientos, tanto para adultos como para niños.
No vi muchos niños.
Comimos en un restaurante más informal, charlamos de todo, sin tocar temas muy personales.
Nunca nombré a mis tíos, no le iba a decir a nadie que estoy a punto de… en realidad no tengo muy en claro qué pretende mi tía.
Sé que con ella tengo trabajo y que ellos no tienen hijos.
Me dijo varias veces que voy a ser su heredera, aunque con alguna condición.
Cuando llegué a Malibú y pueda hablar personalmente, me voy a enterar que me está ofreciendo.
Es una mujer generosa, ambos lo son, porque el marido también comparte sus mismos pensamientos.
-¿Tienes hermanos?
Me preguntó de repente.
-No, soy única hija ¿Y tú?
-También soy único hijo.
-¿Tienes padres?
La conversación se tornó más personal.
-No, bueno, mi madre nos abandonó a mi padre y a mí cuando yo era pequeño y no volví a saber de ella y mi padre falleció hace unos años.
-Lo lamento.
-Está bien, no te preocupes… ¿Y tu familia?
Pensé en mis tíos, pero hablé de mis progenitores.
-A mi padre no lo conocí, cuando me madre quedó embarazada él se fue, o mis abuelos no permitieron que se acercara a mi madre, a través del tiempo escuché las dos versiones y por vergüenza, porque mi mamá era soltara, ellos la obligaron a dejar Estados Unidos, en pocas palabras nos desterraron…
-Qué locura.
-Sí, los prejuicios muchas veces ganan, en ese momento por mí, desheredaron a mi madre, ellos tenían mucho dinero, creo, porque nunca los volví a ver.
Me arrepentí de nombrar el dinero y aclaré que nunca supe de ellos.
Christian me inspiraba mucha confianza, pero lo conocía desde hacía unos pocos días y aprendí a ser cautelosa, por otro lado, por mi profesión, sé perfectamente que hay cosas, como el dinero, que son temas sensibles.
-Y mi mamá murió muy joven, hace dos años, de un cáncer fulminante.
Le conté y el nudo en mi garganta volvió a aparecer.
Tampoco pude evitar que mis ojos se llenaron de lágrimas.
Tomé un sorbo de gaseosa.
Él me tomó de la mano y me sentí, de alguna manera, muy acompañada.
Hubo un momento de silencio.
Luego suavemente, él habló.
-Lo lamento mucho.
Yo asentí, aún no podía decir una palabra sin terminar llorando.
-Mi madre era bailarina y mi padre se enamoró de ella y la acompañó en algunos de sus viajes, mis abuelos también tenían dinero y aunque estaban enojados con él por dejar sus responsabilidades, le permitieron lo que ellos pensaban que eran unas vacaciones o un entretenimiento.
-A veces el dinero lo usan para dominar.
-Tal cual… cuando ella quedó embarazada, mis abuelos se pusieron como locos y no perdonaron a mi padre, decían que ella estaba con él solamente por la fortuna familiar y por ese embarazo, lo desheredaron… cuando nací yo, ya no contaban con el dinero y ella se fue, dejándome con mi papá.
-¿Tus abuelos perdonaron a tu padre?
-No, nunca lo perdonaron, no conocí a mis abuelos.
-¡Qué mal!
-Supongo que sí, pero nunca extrañé conocerlos.
-Me sucedió lo mismo con mis abuelos, es más, creo que los odio.
-Me pasa algo parecido y no resiento lo que hizo mi padre, pero a mi madre no le tengo amor ni respeto.
-Te comprendo.
Al parecer teníamos cosas en común respecto al tema familiar y ambos no teníamos parientes cercanos, ninguno de los dos nombró a otros parientes.
Él rescata a su padre y yo rescataba a mi madre.
La conversación transmutó a diversos temas y ambos nos distendimos bastante.
Supongo que los dos tenemos rencores por nuestras familias.
Por la tarde nos despedimos en la puerta de mi camarote.
Decidimos cenar juntos, esta vez sí, decidimos cenar en el restaurante más formal y luego ir al casino.
Me puede un vestido rojo, escotado, con la espalda al aire y aunque era largo hasta los tobillos, tenía un prominente tajo que nacía a la altura de mi ingle.
Se lo mostré a mi tía en una video llamada.
-Estás hermosa.
-Gracias tía.
-Es la verdad… ¿Volviste a ver a ese afortunado muchacho?
Mi tía está pendiente de mí y escucha lo que le comento, eso me alegra mucho, porque con mi madre también teníamos una relación parecida, conversábamos de todo y éramos muy cercanas.
-¿A Christopher? Sí.
Le contesté con una sonrisa.
-Esta noche cenamos juntos.
-Me alegro mucho, no te imaginas cuánto.
No entendí la ironía de sus palabras, sólo supuse que se alegraba por mí.
Nos despedimos, porque ya era bastante tarde.
Unos golpes sonaron en mi puerta.
Era Christopher.
Quedé casi sin aire al verlo con un esmoquin y a él le sucedió lo mismo al verme.
-Estás hermosa, más que eso, eres la mujer más hermosa que conocí en mi vida.
Sus palabras aceleraron mi corazón.
Esta relación estaba echando raíces profundas en mí.
No era normal, porque apenas lo conocía, pero reitero, el amor a primera vista, existe.
Creo que era lo que yo estaba sintiendo.
Lo miré con una sonrisa que decía lo que mis palabras callaban.
No iba a decirle que me había enamorado de él.
-Tú también estás increíble.
La sonrisa de Chris casi me hizo desmayar.
Desde su primera mirada, sentí que me quemaría en sus brazos, al sentir sus ojos en mí, tan penetrantes, sin disimular su deseo, algo profundo, que pude disimular, se instaló dentro de mí.
Volví a pensar en esas mariposas que se instalan en el estómago.
De la mano entramos al ascensor.
En el restaurante recibimos muchas miradas y al ver el reflejo, en el ventanal que separaba la terraza del interior, vi la pareja que éramos.
Ambos éramos jóvenes, espectacularmente vestidos y debo reconocerlo, estábamos radiantes y éramos muy atractivos.
Al terminar de cenar fuimos al casino, allí sucedió lo mismo, a medida que caminábamos la gente nos miraba con admiración.
Las mujeres miraban descaradamente a Cristopher y los hombres me miraban sin disimular la intensidad de sus miradas.
Chris me acercó a él.
Ese gesto posesivo, me encantó.
Definitivamente todo lo que hacía me acercaba a él.
Ya había caído, irremediablemente, a sus pies.
Nos divertimos, jugando un rato con las maquinitas tragamonedas, luego tomamos una copa de champagne, pero los dos estábamos esperando terminar la noche juntos.
Las caricias disimuladas, fueron aumentando.
Apenas podíamos disimular lo que se avecinaba.
-Te toca conocer mi camarote.
Me dijo al oído, haciéndome estremecer, luego tiró de mi mano y caminamos nuevamente hacia el ascensor.