Por Christopher.
Scarlett abrió apenas la puerta de su camarote.
Mi mirada la recorrió enterita.
Traía puesto un pijama, pegado a su cuerpo… en realidad no sé si estaba pegado a su cuerpo, pero yo me imaginé todo lo que había debajo de esa tela.
-Hola… ¿Qué necesitas?
Nunca terminó de abrir la puerta del todo.
-Me encantaría desayunar contigo.
-Suelo desayunar en mi habitación, sola.
-Eso puede cambiar, es decir, podemos desayunar aquí, en tu habitación, pero juntos.
Traté de poner mi cara más inocente.
-Si esperas, me cambio y desayunamos en la confitería de la popa, la que está en este piso.
-Sí, te espero.
Dije corriendo la puerta y entrando con una seguridad que no tenía.
Me senté en el sillón.
-Es similar a mi Penthouse.
Le comenté al pasar.
Ella estaba mirando como yo me acomodaba en su sillón.
-Aunque ya que estamos acá, puedes pedir que nos traigan el desayuno, es más práctico.
Scarlett dudó, pero luego asintió.
Tocó el tablero y sin hablar con nadie, pidió dos desayunos completos.
-Me cambio en un minuto.
-Estaba pensando que podríamos ir a la piscina.
-Me pareció que estaba fresco.
-Pero está la piscina climatizada, en el sector oeste.
Quiero verla en bikini, mejor en ropa interior… o desnuda.
-Vale, entonces me pongo un traje de baño enterizo, ya que no hay sol y…
-¡No!
Ese no salió de mis entrañas.
-¿No?
-No sé si… digo… creo que algunos rayos de sol se colaban entre las nubes e igual sirven para tostarse.
Yo quería algo que me diera acceso rápido a su cuerpo.
-¿Te parece?
Me preguntó bastante desconcertada.
-Mira, no creo que ningún rayo pueda colarse.
Ella se acercó al ventanal y lo abrió de par en par.
El aire del mar se colaba, hacía bastante frío a pesar de la época del año.
-Es raro, porque la corriente marítima, a medida que nos acercamos a Brasil, tendría que ser más cálida.
Ella estaba analizando el clima, de espalda a mí y yo la estaba analizando.
-Pero el clima nunca es uniforme.
Le contesté, aunque me importaba muy poco el clima, solamente quería el calor de su cama y estaba trabajando para obtenerlo.
Estaba logrando que ella confiara en mí y entonces podría seducirla sin rodeos.
Salí al balcón terraza, que de verdad, era idéntico al de mi habitación, hasta el jacuzzi era idéntico, aunque las batas que estaban colgadas acá, eran blancas con doradas y en mi palacio móvil, eran blancas con apliques en azul marino.
-Mi terraza es similar, si quieres podemos aprovechar el jacuzzi en lugar de ir a la piscina.
-¿Tienes el short de baño?
Me preguntó bastante desconfiada y por supuesto, me atrapó.
-No estoy tan lejos, lo voy a buscar.
En ese instante el toc toc se adueñó del ambiente, estaba indicando que llegó el desayuno.
-Luego de desayunar.
Me contestó, mientras se dirigía a la puerta del camarote.
Una mucama trajo un carrito lleno de infusiones, jugos, tostadas dulces, mermeladas, quesos, panecillos, tartas frutales y hasta huevos revueltos.
-¿Dejo el carrito o prefieren que les sirva?
Preguntó cuando me vio.
-Déjalo, por favor.
Nos acercamos a la mesa que estaba luego del sillón, en la que había cuatro sillas, todas tapizadas en rojo, combinadas con tonos ocres, parecía la habitación de una reina.
Mi habitación era azul marino, aunque también estaba combinada con las mismas tonalidades ocres.
Scarlett picoteó de todo un poco, pasaba de lo dulce a los rollitos de jamón.
Yo desayuné como un rey, generalmente, cuando salgo apurado para la oficina, tomo un café en mi trabajo y a media mañana con el segundo café, como algo de pasada, en medio de documentos y planillas de excel.
Acá era distinto, teníamos tiempo, no había trabajo pendiente y estaba acompañado de la mejor compañía que podía soñar.
Charlamos bastante, aunque mi paciencia estaba al límite, estaba buscando el momento de quitarla bata que cubría su pijama de dos piezas.
Estaba esperando el momento para adueñarme de su fragilidad, de su sensualidad tan marcada y de su piel, esa que me excitaba apenas la rozaba.
Estábamos en su sillón, el de dos cuerpos, desde dónde se veía el ventanal que daba al balcón terraza del camarote.
La vista era inmejorable, porque a lo lejos se veía como en el horizonte se mezclaban el cielo y el mar, y todo se difuminaba, ahora la nubosidad se había convertido en una leve llovizna y acompañada por la bruma, todo parecía más gris, con las luces tenues de la habitación, se combinaban para darle un aspecto más íntimo, lo que me animó a acercarme más a ella.
Estaba siendo cuidadoso, porque no quería que me vuelva a cortar.
No es una chica que busque aventuras y se nota, aunque eso es lo que le estoy proponiendo, claro que no se lo voy a plantear de esa manera.
Me acerqué hasta que nuestros cuerpos se estaban rozando, tampoco iba a ir tan lento.
Ya no sabía qué estrategia usar.
Moría de deseo por ella.
Mis manos comenzaron a acariciar su cuello y sin pensarlo dos veces, me acerqué a su boca y en cuanto mis labios se apoyaron en los suyos, la pasión le ganó a la cordura.
Ella no me rechazó, no estoy seguro de que su intención fuera tener relaciones, pero yo sentía sus caricias, las que me devolvía, envuelta de un deleite que podía asegurar que era verdadero.
Pronto yo estaba sobre ella, apretujando su cola, por debajo de su pantalón de pijama, sintiendo sus pezones rígidos, duros, que pedían mi atención.
Me zambullí en sus pechos y succioné sin dejarlos en paz.
Su cuerpo era mi tentación.
Comencé a deslizarme hacia el sur de su cuerpo, para beber de una fuente mágica.
Los gemidos salían de boca mientras estaba abandonada al regocijo de lo que estaba sintiendo.
Se estaba entregando y yo la sentía mía, tan mía que su explosión fue un descontrol para la sangre que corría hirviendo dentro de mis venas.
Rápidamente tomé la cajita de preservativos del bolsillo de mis pantalones y me coloqué uno con una rapidez envidiable.
Estaba temblando de deseo, era algo tan fuerte y natural lo que estaba sintiendo, que no pude pensar que jamás en toda mi vida sentí algo tan intenso, tan impetuoso.
Me acomodé sobre su cuerpo, lo hice mirándola a los ojos, sintiendo su piel arder y su corazón latir fuertemente.
Por fin me enterré en ella, sintiendo algo único y tan enérgico que me volvió loco, estaba sintiendo un fuego que quemaba mi vientre.
Mis embestidas no tenían control, el placer era violento, queriendo arrancar cada pensamiento o sentimiento anterior.
Los gemidos traspasaban su camarote y a ninguno de los dos nos importaba.
-Sos hermosa.
Logré decir.
No podía decir mucho más que eso, me estaba alimentando de su cuerpo, de su piel, de su pasión.
No podía organizar las poesías que mi mente escondía detrás de mis sentidos.
Trataba de controlar mi ansiedad, se supone que no hay campeones en un primer round, al menos eso es lo que escuché decir, pero yo me creía imbatible, por eso quería llevarla hasta su máximo placer.
-¡Ay… Dios!
-¡Síí!
Scarlett gemía sin control y me buscó la boca, mientras una descarga eléctrica la envolvía.
Fue cuando dejé de controlarme.
Mi licor ardiente fue servido en su santo Grial.
-Ahhh.
Mi gemido, casi un grito, salió de mi garganta, acompañando mis temblores.
Segundos después me tendí sobre ella.
Seguía sintiendo su piel y el latir frenético de su corazón, aunque a lo mejor ese latir era el de mi propio corazón.
-Jamás sentí tanto placer en toda mi vida.
Al fin pude articular una frase coherente.
Ella estaba sonrojada.
Me miraba con esos ojos tan bellos e inmensos.
Su mirada era tan clara como el cielo.
Sus ojos brillaban más que el infinito.
-Sos maravillosa.
Le di un suave beso en los labios y otro en su cuello.
Ella se contrajo brevemente.
Perfecto… interpreté que podíamos seguir.
Fui a enjuagarme, luego lo hizo ella y cuando salió del baño estaba cubierta por una bata, larga, pero que dejaba adivinar cada centímetro de su cuerpo.
Pese a que hacía solo unos minutos que lo habíamos hecho, mi esperanza volvió a nacer.
Esta mujer me puede de punta a punta, la piel que teníamos, no dejaba duda que la atracción era endiabladamente potente, éramos un complemento perfecto.
Todo se volvió inmenso en unos segundos, pero esta vez, de la mano, nos dirigimos a su cama.
Nuestras respiraciones volvieron a acelerarse.
Volví a saborear su néctar.
Ella destapando la botella bebió de mi licor.
Me quitó hasta el aliento.
Lo que sentí fue algo desconocido.
En mi camino jamás me había encontrado con una mujer que me hiciera sentir tan profundo.
Estaba caminando por un sendero desconocido, pero lleno de una fuerza, de una vibración tan fuerte, que me sentía un animal, un toro invencible.
Ella estaba envenenando mi piel.
Mis dedos se encontraban dentro de su ostra divina, y mi boca, mordía sus labios, torturándola, queriendo devorarla entera.
Sus uñas me hacían saltar cada vez que se clavaban en mi espalda y la arañaba cada vez con más fuerza.
Estábamos envenenados de pasión.
Mis manos se llenaron de su elixir y su boca era la que mordía la mía.
Alcanzamos el cielo.
Cada uno de los orgasmos, me llevaron al cielo.
Puedo asegurar que cada uno de esos orgasmos fueron los mejores de mi vida.
Scarlett, deje que la conocí, encendió algo dentro de mí y al saber que esta imponente aventura, se iba a terminar cuando el viaje llegue a su fin, me hacía disfrutar más cada momento.