Por Christopher
Cerré la puerta de mi Pent-house tratando de adivinar en qué camarote estaría Scarlett.
Estuve pensando en ella desde que nos separamos.
Tenía una idea fija, eso era obvio, cualquiera con semejante mujer delante suyo, tendría la misma idea que yo.
Fue cuando la vi cerrando la puerta del camarote más próximo al mío.
Una sonrisa triunfal se instaló en mi rostro.
Siento que su presencia me va a acompañar el resto del viaje y que vamos a compartir mucho más que algunas salidas dentro del crucero.
Ella me miró sorprendida.
Cuando pasó la sorpresa, recorrí su cuerpo y la tentación que sentí era demasiado fuerte.
Me acerqué a ella.
-Demasiada casualidad.
Comenté con la mejor de mis sonrisas.
-Y me encantan las casualidades o el destino o la fuerza magnética que tiene el universo al ponernos frente a frente.
-Es verdad, es mucha casualidad.
-Estoy fascinado.
Scarlett sonrió y yo, ahí nomás, en medio del pasillo que separaba nuestras habitaciones, la acorralé contra la pared y pegándome a ella, la besé con una pasión que apenas podía contener.
Ella me devolvió el beso y la sentí temblar en mis brazos, eso me llevó a otro nivel.
Estuvimos besándonos un rato largo, muy largo, hasta que sentí que mi licor estaba a punto de salir a borbotones.
Era un hombre con mucha experiencia y siempre me controlaba, pero en ese momento estaba perdiendo la capacidad de hacerlo.
No soy un animal, aunque así me sentía, por lo que fui tranquilizando los besos, tratando de dominar la situación.
-¿Cenamos en el restaurante del cuarto piso?
Le propuse, había averiguado las opciones para cenar y esa me pareció óptima para mis planes.
-Perfecto.
Dijo, sin hacer preguntas previas.
Por un momento un flash de Mary Ann cruzó por mi mente, ella tenía que decidir hasta la silla en la que me sentaba y por supuesto, el lugar era el que ella indicaba.
No sé como aguanté tanto tiempo en esa relación.
No digo que siempre tenga que decidir yo, en todo caso tendría que ser consensuado.
La conversación fue un poco más íntima.
No tocamos temas familiares.
Hablamos de la facultad.
Pude saber que estudió en la facultad más prestigiosa y onerosa de su país.
-En realidad, soy ciudadana estadounidense.
Comentó al pasar.
-Pero no tienes acento inglés, hablas un español perfecto.
-Es que era pequeña cuando con mi madre dejamos mi país, historias familiares complicadas.
Dijo cambiando de tema.
-¿Y tú, en dónde cursaste tus estudios superiores?
Le comenté sobre mi facultad, que también era privada y de las más prestigiosas de mi país.
No sé cual es la posición económica de la familia de Scarlett, pero al parecer no tenía nada que envidiarle a la familia de mi exnovia y me llama la atención lo distintas que son.
Terminamos de cenar y fuimos a la discoteca.
Me sorprendieron las distintas temáticas que había dentro de una misma discoteca que literalmente estaba sobre el océano.
Este crucero era vivir la vida de otra manera.
Estábamos dentro de una ciudad andante.
Aunque nada llamaba más mi atención que Scarlett.
Fuimos al sector que pasaban lentos, no quise perder tiempo y tenía que preparar la previa para terminar con una gran noche.
Estábamos bailando, por llamarlo de alguna manera, tan pegados, que ella estaba sintiendo todo mi esplendor.
La situación era casi tan sensual como ella.
Estar con ella se estaba convirtiendo en mi obsesión, tengo que atrapar sus noches.
Encontrarla en este crucero se estaba convirtiendo en una experiencia inolvidable.
Los besos surgieron, allí mismo, en medio de la pista, nadie prestaba atención, en ninguna discoteca se suele prestar atención a las parejas, cada uno está en lo suyo.
Si alguien veía como nos matábamos con besos y caricias, no me importaba, no iba a dejar a esta preciosura por ninguna otra en todo el viaje.
Ninguna mujer podía igualarla, menos superarla.
Mi lengua se enterró en su oreja, y esto nuevamente estaba descontrolado.
Ella lanzó un gemido en mi oído y yo estaba retorcido de tanto placer.
Comprendí que tenía que alejarme en ese momento, no podía sentir su piel ni su aliento, ni siquiera su cercanía, porque era demasiado lo que ella me transmitía.
Tomé su mano, la sostuve con firmeza, ella llamaba demasiado la atención, y cualquiera se le podía acercar si pensaba que estaba sola.
Nunca fui posesivo, aunque no sé si esto contaba como posesividad o si solamente estaba asegurando que mi estadía fuese excepcional.
Mis ratones caminaban más rápido que mis piernas.
Calculaba que iba a ser un campeón en un primer round.
-¿Vamos?
Logré preguntar, aunque estaba tirando de su mano.
-Claro.
Dijo con una sonrisa traviesa.
Ya sabía en donde estaba su camarote, solamente faltaba decidir si yo me quedaba allí o ella entraría al mío.
Bajamos del ascensor, que aunque era bien entrada la madrugada, estaba concurrido, y caminamos hacia nuestras habitaciones.
Mi camarote estaba primero, me paré un poco antes de llegar a mi puerta, estábamos en un pasillo que daba a esas dos habitaciones, aunque girando a la izquierda había una tercera puerta, que supongo que corresponde a otro Pent-house del mismo status.
Aunque en ese momento no me importaba ni siquiera si alguien nos atrapa besándonos con locura.
La seguí besando, mientras mis manos se deslizaban hacía su pecho, por dentro de su vestido, luego de amasar un rato esa delicia túrgida que tenía entre mis manos, pude bajar su escote y de repente tenía sus senos mirándome y parecían pedir a gritos mi atención.
Mi boca se disparó sin pensar demasiado.
Los besé, los lamí y terminé prendido a sus pezones, mordiéndolos lo más suave que pude.
Yo sentía que mi intimidad era más fuerte, más grande y que no me quedaba resto para tener un río en mis pantalones.
-Entremos a mi camarote.
Scarlett me miró, como dándose cuenta de lo que estábamos haciendo.
-Yo… nunca tuve relaciones tan pronto… no creo estar lista, perdón.
De la nada, con pasos apresurados, se dirigió a su camarote, dejándome en medio de un pasillo silencioso.
Yo estaba aturdido.
Pensé que no teníamos que hablar, que los gritos de la pasión ya era un contrato firmado.
Al parecer no era así.
Pensé en mis opciones.
Volver a la discoteca y ligar con alguna de las maduritas que me miraban mientras yo no podía despegarme de Scarlett o entrar a mi habitación y darme una ducha con agua fría.
Opté por lo segundo, quizás mañana podría convencerla de que valía la pena dejar de lado ese criterio de esperar para tener relaciones.
Si volvía a la discoteca y terminaba involucrado con alguien, posiblemente mi bella vecina se iba a enterar y perdería llegar a estar debajo de su falda.
Entré a Pent-house.
Me acosté con cierta impotencia.
No sé qué me faltó para convencerla.
Viajaba sola y no era una mojigata.
Tampoco tenía el aspecto de ser accesible.
Sinceramente no sabía hacia donde apuntar.
Para mí no era suficiente que ella me bese en la boca, no me conformaba con eso.
Tenía la edad suficiente como para proyectar terminar la noche como correspondía y eso significaba teniendo el sexo que mi mente había anticipado y que mi cuerpo estaba necesitando.
No era un niño como para limpiar cierto líquido de mis pantalones.
Me dormí molesto.
Me despertó el sonido de mi teléfono.
Era mi tío.
-Hola campeón.
-¿Cómo estás, tío?
Le contesté con voz somnolienta.
-Bien ¿Te desperté? ¿Tuviste una noche larga?
-No… Bueno, más o menos, conocí a una chica y terminamos en la discoteca, pero cuando parecía que todo daba para terminar con una noche de locura, me cortó.
Ni siquiera sé porqué le conté eso, debe ser porque seguía sin poder creer que ella me había cortado.
Mi tío trata de acercarse a mí, creo que al no tener hijos propios quiere lograr un vínculo casi de amigos.
-No sé en qué parte perdí la oportunidad, pero no me doy por vencido, ella es mi objetivo en este viaje.
-¿Solamente para el viaje?
Me llamó la atención esa pregunta, pero debe ser algo generacional, a lo mejor en su juventud se proyectaba todo a largo plazo.
-No la conozco… por ahora es eso, posiblemente luego de este viaje no la vuelva a ver.
Charlamos unos minutos y luego me despedí con la idea de ir a tocar su puerta.
Ella me confirmaba con cada señal que yo le gustaba, que la atraía, de eso no dudaba, estaba seguro de que podía volverla loca en la cama.
Pienso que en la cama tendríamos mucho en común.
Esos besos y esas caricias eran un complemento perfecto, y la verdad creo que podríamos tener una aventura potente, inmensa, de esas que con los años seguiremos recordando.
Scarlett era hermosa y estar con ella debía ser un privilegio imposible de olvidar.
Estoy seguro, porque está a la vista, tenemos mucha piel con ella.
Nos complementaríamos de una manera única.
Seguí pensando en ella mientras me duchaba.
Con unos leggins casuales y una remera que destacaba mis horas de gimnasio, toqué su puerta.
Ella ayer estaba en llamas y acariciaba mis brazos con un deseo casi imparable…
Tal vez solamente necesitaba unos minutos a solas, sin estar en medio de un lugar público.
¿Necesitará algún tipo de promesa?