Por Scarlett
Chris me besó, eso lo veía venir y no pensaba impedirlo, él me había impactado desde la primera vez que sentí su mirada en mí.
Se que pretendió ser un beso más suave y posiblemente no fue tan apasionado, ya que estábamos en un lugar público, pero lo que sentí con su contacto, no tenía que ver con un dulce beso.
Se lo devolví, pero tuve que controlar un gemido que quiso salir de mi garganta.
Tuve ganas de apretarme contra su cuerpo y sentir su virilidad.
Nunca tuve un arrebato de esa índole.
Detuve mi instinto, no entendí que me sucedió, pero Christopher me provoca cosas que no tendría porqué sentir con un desconocido.
No soy enamoradiza, tuve algunos novios y tengo algo de experiencia, pero mi almohada no tiene demasiados secretos, tuve relaciones con dos hombres y ninguno me hizo tener ganas de estar pegada a su cuerpo en cuanto lo conocí.
No suelo hacer ese tipo de locuras, pero puedo asegurar que tengo en mi estómago las famosas mariposas y en mi vientre un fuego que no llego a comprender.
Entiendo que lo que siento es casi un suicidio, porque no sé nada de este hombre y por su forma de encarar, su sonrisa tan mundana y su cuerpo trabajado que se suma a su altura imponente, debe ser un conquistador nato.
Una ráfaga de algo fuerte se estaba gestando en mí y cegaba mi mente, por suerte el beso terminó antes de que diéramos un espectáculo.
Nos miramos y parecía que ambos estábamos confundidos.
Él, luego de unos segundos, me guiñó un ojo y yo le sonreí.
Nos quedamos dentro de la piscina un rato más, creo que ambos estábamos acomodando nuestros pensamientos.
Al salir de la piscina, Chris me extendió la mano y caminamos de la mano hasta nuestras reposeras.
-Eres hermosa.
Yo le sonreí, no le iba a decir “vos también”
Aunque le diría mil cosas.
Me desconozco.
-¿En que cubierta estás?
Me preguntó de repente.
-En el noveno piso.
-Qué casualidad, yo también estoy en el noveno, aunque supongo que por eso coincidimos
-Es verdad, aunque el crucero tiene restaurantes en todas las cubiertas, pero uno suele ir a cenar en las cubiertas más cercanas.
-En los pisos de abajo hay discotecas e incluso un casino, podemos ir a la noche.
-¿Al casino o a la discoteca?
Le pregunté pensando en que él estaba haciendo planes para los dos y yo me sentía cómoda con eso.
Siento que esto estaba comenzando muy bien.
Aunque no sé si él luego de este viaje vuelve en avión o como sigue su vida y ni siquiera sé cómo va a seguir mi propia vida, porque mi tía quiere que me instale en Malibú, con ella.
Tampoco sé si voy a tener algo con este hombre.
-Donde gustes, aunque estaba pensado en ir a la discoteca.
-Me gusta el plan.
Era verdad, porque posiblemente me sentiría más cómoda yendo a una discoteca.
Mientras hacíamos planes, pensé que, aunque compré suficientes vestidos, ninguno me convencía como para ir a una discoteca.
Nos estábamos yendo, por un lado quise evitar que me acompañe hasta mi camarote y por otro lado, me pareció más práctico ir directamente a la boutique donde había algunos vestidos que me habían parecido demasiado provocativos y aunque hermosos, desentonaba para cenar en los restaurantes dónde pensaba cenar por las noches.
-Tengo que ir a retirar un vestido a la boutique de la cubierta inferior.
Comenté.
-Te acompaño.
-No, gracias, nos vemos por la noche.
Yo necesitaba comprender qué me sucedía cuando estaba al lado de este hombre.
Necesitaba espacio.
También me di cuenta de que quería lucir un vestido que lo impactara.
No sabía que iba a comprar, tampoco iba a vestirme vulgar.
Entré a una de las tiendas que trabajaba con vestidos de distintas marcas de alta costura, pero eran más informales y sensuales.
Justo lo que buscaba.
Compre un vestido rojo, pero me pareció que era demasiado atrevido, al menos para la primera cita, aunque técnicamente era la segunda, era como ponerme en bandeja y no era eso lo que pretendía.
Vi un vestido dorado, con bastante transparencia, también era exclusivo y me quedaba bárbaro, lo compré, pero no era lo que buscaba para esa noche, al final le estoy dando demasiadas vueltas al asunto, yo siempre fui más práctica que eso.
Estaba casi de mal humor, porque estaba permitiendo que un hombre atractivo y desconocido estuviera interfiriendo con mi personalidad.
Me estaba yendo cuando vi un vestido n***o, minifalda, escotado, con transparencia debajo del busto, y la espalda descubierta, con un escote que llegaba al inicio de la cola.
Me encantó.
Era eso lo que estaba buscando.
Llegué a mi Pen-House con tres bolsas.
Revisé mi cuenta bancaria, realmente había gastado una fortuna.
Miré los números dos veces, mi tía volvió a depositar dinero, sentí vergüenza, era demasiado y me sentí culpable al gastar tanto dinero.
Sonó mi celular, justo iba a ir a ducharme, pero era Julia y por supuesto, atendí su llamado.
-Hola tía.
-Hola cariño.
-Tía… Compré tres vestidos y ahora siento que estoy abusando de tu dinero.
Sentí su risa.
-Lo que es un abuso es que no me los hayas mostrado.
-Perdón, es que conocí a un muchacho y…
-¿A un muchacho?
Me preguntó preocupada.
-Sí, lo vi ayer y hoy se me acercó en el restaurante, luego pasamos la tarde juntos en la piscina y…
-Niña, ten cuidado.
-Sí, quedate tranquila, me dijo que también tiene su camarote en este piso, hasta evité que me acompañe hasta la puerta de mi habitación.
-¿Está en tu mismo sector?
Me llamó la atención esa pregunta, pero supuse que sólo quería conversar.
-No lo sé, es agradable y esta noche vamos a ir a la discoteca que hay en el barco.
-¿Viaja solo?
-Sí.
-¿Cómo se llama?
-Christopher.
-Ahhhh.
Ahogó un grito.
-¿Sucede algo?
Le pregunté preocupada.
-No… una de las mucamas tiró una bandeja.
-Pudo ser un accidente.
-Sí, ten cuidado María.
Escuché lo que dijo.
Julia era amable con el personal de servicio, eso me agradó.
-Mándame una foto cuando estés a punto de salir.
-Lo prometo.
Fui a ducharme.
Me ardía un poco la piel por el sol de la piscina, me puse bastante crema para hidratar mi piel.
Me probé el vestido rojo y decididamente lo dejé para otra ocasión.
Sin dar más vueltas, me puse el vestido n***o, lo acompañe con zapatos de taco aguja plateados y negros, y con un pequeño bolso tipo minaudiere, haciendo juego con los zapatos.
Me maquillé, aunque no mucho, lo suficiente para resaltar mis ojos claros y un poco de labial.
Me saqué un par de fotos y se las envié a mi tía.
Al instante me mandó un mensaje.
-Estás hermosa, que disfrutes la noche.
Me llegó otro mensaje suyo.
-Disfruta el momento y vive la noche plenamente.
¿Qué me quiso decir?
Simplemente me deseó suerte, yo estoy malinterpretando sus palabras, por lo que siento cuando estoy cerca de Christopher, pero no creo que mi tía me haya querido decir que termine la noche en los brazos de un hombre al que conozco desde hace unas horas.
Soy solamente yo, con mi mente sucia y con las ganas de seguir disfrutando de sus besos y de todo lo que viene después.
Mi celular volvió a sonar y esta vez era Christopher.
-Hola hermosa.
-Hola.
-Dime tu número de camote, que pasó por vos y cenamos juntos, antes de ir a la discoteca.
-No es necesario, si quieres nos encontramos en el restaurante de la novena cubierta.
-Estaba pensando en ir al restaurante de la segunda cubierta, es menos familiar.
Miré mi reflejo en el ventanal de la suite y realmente no estaba vestida para un ambiente familiar.
-Ok.
Dime en qué sector estás que te espero al pie del ascensor.
-Estoy en el A-PH.
Le dije con cierta resistencia.
Era la zona más costosa del barco y no quería que se forme una opinión de mí que no era la adecuada.
-Perfecto, seguramente nuestros camarotes estén cerca.
No le contesté, pero me llamó la atención, entiendo que ese crucero era para gente de mucho dinero, pero el sector en dónde estaba yo era más que exclusivo y él no me parecía ser una persona que pase su estadía en un crucero en Penthouse de este tipo.
No por su aspecto, que es pulcro, y tiene ese aire de quién va por la vida ganando todo, sobre todo en mujeres, sino porque considero que este tipo de camarotes es para gente más presuntuosa y él es desfachatado, y engreído, pero…
En realidad no sé nada sobre él.
Voy a dejar de hacer suposiciones.
Me miré al espejo una última vez, guardé mi celular dentro de mi bolso y salí.
Al cerrar la puerta escuché que se cerró la puerta del próximo camarote y cuando miré, era Christopher quién estaba saliendo de su habitación, la que estaba pegada a la mía.
Al verme se sintió tan desconcertado como yo y luego, ambos, estallamos en carcajadas.
Estábamos pagados y no lo sabíamos.
Quizás era una señal del destino.