Por Scarlett
Decidí darle de su propia medicina.
Le voy a devolver sus piropos, porque yo no voy a ser la única que duda de su comportamiento.
En estos días me estoy preguntando si exageré.
La realidad es que él me cortó y se disculpó antes de saber que estamos emparentados políticamente, pero al instante volvió a acusarme y luego volvió a acusarme.
Me lleva seis o siete años y no está seguro de lo que quiere.
Se que delira por mí, que me desea, pero el dolor que me invade al recordar cómo se alejaba de mi camarote y de sus palabras hirientes al verme en el hotel, es difícil de olvidar.
Él me descartó y eso lo tengo muy presente.
Eso duele mucho más allá de lo imaginable.
Él va a dudar de lo que yo realmente quiero.
En un momento se va a cansar de pedirme perdón y para mí ni siquiera es suficiente su perdón.
Voy a hacer eso, voy a comportarme igual que él, pero la diferencia va a estar en no permitir que se acerque a mí.
Porque su boca es demasiado sensual y me vuelve loca y si siento su aliento, aunque sea en mi cuello, me quema con un fuego fatal, y entonces yo caería a sus pies y por dios qué quiero lograr lo contrario.
Sé que en el fondo nunca voy a dejar de amarlo.
Christopher me siguió hasta mi habitación, y al no obtener respuesta, dio la vuelta y pretendió entrar por la puerta, que la había cerrado desde dentro.
Él no iba a dar por seguro mi amor.
Si me quería conquistar iba a tener que trabajar mucho por dentro.
No me estoy escondiendo como si fuera un ave herida y él un león al acecho, aunque siento algo parecido a eso.
-Scarlett, abre la puerta, tenemos que hablar.
-Estoy durmiendo.
-No seas chiquilina.
No le contesté y él se retiró a su habitación, lo sé porque escuché porque escuché abrirse la puerta de su habitación.
Son paredes gruesas, no se tendría que escuchar, pero estando pendiente de sus movimientos y en medio de la noche, lo oí.
Sabía perfectamente que si lo dejaba pasar o que si nuestros encuentros duraban más de lo necesario, su presencia trastornar mis planes.
Su autocrítica, sus palabras bellas, me hicieron volar por caminos que no eran reales.
Mis tíos pretendían que nosotros dos estuviésemos juntos y eso complica toda mi existencia, será cuestión de que entiendan que su sobrino es un engreído, que piensa que el mundo gira a su alrededor.
Finalmente, luego de acomodarme, el cansancio me venció y me quedé dormida.
Cerca de las 10 de la mañana recorrimos, junto a Christian y a mis tíos, algunas de sus empresas, nos presentaban como si fuésemos de la realeza.
-Son nuestros herederos.
Repitió varias veces mi tío.
Algunos empleados nos miraban con respeto y otros con recelo.
Se programaron varias reuniones gerenciales para la semana entrante.
Vamos a tener mucho que estudiar y no solamente para validar nuestros títulos, sino para conocer los manejos de las empresas.
Nunca pensé que mis tíos manejasen tantas empresas y algunas, tan dispares entre sí, pero de relacionadas de algún modo.
Delante de mis tíos, éramos cordiales entre nosotros, pero se notaba cierta frialdad, como cuando dos novios están peleados.
No llegamos a ser novios, aunque él, en el crucero, se comportó como si lo fuera, como si nuestras almas estuvieran unidas para siempre.
Almorzamos en un restaurante de película, donde un almuerzo para cuatro costaba más que dos semanas de comestibles para la mayoría.
El dinero que tenían mis tíos era obsceno y desmedido.
Luego pasamos por otra empresa.
Eran las 4 de la tarde, la cena estaba prevista para las 19 y 30, con respecto al país dónde vivía era un horario sustancial.
Acá se suele cenar más temprano aún, es muy distinto, pero supongo que me acostumbraré a esos horarios.
Cuando estudiaba, lo hacía en el turno nocturno, y cenaba cuando volvía de la facultad, cerca de las 11 de la noche.
De día trabajaba en pasantías, desde estudios de abogados hasta juzgados, dónde aprendía pero el pago era mínimo.
Claro que el apoyo de mis tíos siempre fue fundamental.
No me había cambiado, mi tía insistía en que para cenar, aún en su casa, yo me viera espectacular.
Supongo que pretendía que Christopher terminara enamorado de mí.
Cuando llegué a Malibú, mi tía me esperó con un guardarropas impresionante, toda ropa de diseñador, que parecía hecha a mi medida.
No lo esperaba, en el crucero compré ropa que pensé que nunca más usaría, de hecho, aún tengo prendas sin estrenar.
Suelo vestirme bien, más formal si iba a los juzgados.
Estaba revisando mi computadora, cuando escuché que una mucama golpeaba el dormitorio de Christopher.
-Señor, una señorita en la entrada, pregunta por usted, dice que es su prometida.
Eso lo escuché clarito, no sé qué más hablaron.
Mis manos temblaban y mis piernas no me respondían.
De repente todo tenía sentido.
¡Él tenía novia!
No dijo novia, dijo prometida.
¿Se estaría por casar?
Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
Ya no escuchaba nada más.
Todo terminó siendo un cuento de horror, una pesadilla.
Tal vez por eso tuvo tanto miedo cuando me vio en el hotel.
Recuerdo que pensé que a lo mejor estaba con su novia o su mujer.
No estaba, pero era evidente de que yo no estaba tan equivocada.
Anoche mismo se me acercó, mirándome de esa manera tan insolente.
Él no tenía límites.
Luego de llorar un rato, decidí que no valía la pena llorar por él, aunque mi corazón no lo entendía.
Moría por ese hombre, pero a él no le importó todo lo que di.
¡Tenía una maldita novia!
No sé cuánto tiempo había pasado, que golpearon mi puerta y la abrieron casi inmediatamente.
Me asusté hasta que vi la cara de mi tía asomarse.
No estaba contenta.
-¿Tienes una relación con Christopher?
La miré por un momento, y sin evitarlo, retorcí mis manos, ese gesto no le pasó inadvertido a ella.
-En realidad no…
-Yo creí que…
Negué con la cabeza.
-Tuvimos algo muy fuerte durante el crucero, pero terminó una hora antes de atracar.
-Yo no lo sabía.
Le conté brevemente lo sucedido.
-Me apena mucho enterarme de esto, nosotros tenemos otros planes para ustedes.
No pregunté qué es lo que les gustaría a mis tíos, porque se caía de maduro.
-Apareció una mujer diciendo que era la prometida de Chris.
-Lo escuché.
Ellos están en el living que da a la playa.
Casi todos los ambientes daban a la playa.
-El de planta baja.
Me miró por un segundo.
-Vístete rápido.
Con decisión fue a mi guardarropas.
Salió poco después.
-Ponte este vestido y los tacones más altos que puedas manejar con seguridad.
La miré extrañada.
-Ella no es muy alta y aunque tú sí lo eres, quiero que pienses que eres insustituible, creéme, esa mujer está llena de complejos y la altura es uno de ellos.
No soy competitiva, lo normal, soy una mujer segura de sí misma, pero entre el dolor que sentía y saber que en unos minutos estaría frente a la futura esposa de Christopher, le sonreí a mi tía agradeciendo su gesto y su apoyo.
-Él las va a comparar y creéme, ganas por nocaut.
Me retoqué el maquillaje, me vestí con mi tía acomodándome la ropa.
Recuerdo cuando mi madre hacía eso mismo antes de que yo saliera a alguna cita.
Me puse tacones altos, pero no demasiados, quería verme natural, paso el 1,70 y para una mujer ya es bastante alto, más los tacones, decididamente era alta.
Quería impresionarlo, sí, pero no parecer desesperada.
Sí le hice caso a mi tía en cuanto al vestido y debo confesar, me veía elegante pero sumamente sexi.
Me pinté los labios y mi tía aplaudió.
Julia volvió al probador y me llamó.
Entré desconcertada.
Corrió un cuadro y eso me pareció muy cliché, porque detrás había una pequeña caja fuerte.
-No tuve tiempo de comentarte.
Aquí tienes pulseras, anillos, aretes y collares de las mejores marcas, son todos tuyos.
-¡Tía, no!
-Ponte algo, luego discutimos.
Le hice caso, yo también quería conocer a la mujer que al parecer era la dueña del corazón de mi amado.
Bajé las escaleras con cuidado.
Vi mi imagen en el reflejo de los inmensos cristales que rodeaban la mansión y reconocí que me veía espléndida.
-Ven, entremos aquí, para acompañar a los chicos.
Dijo Julia, tomándome del brazo y sentí fuego en dos miradas, una me quemaba de deseo y la otra quería convertirme en cenizas.