Embarazo

1579 Words
Por Christopher Por un minuto pensé que todo iba a mejorar entre Scarlett y yo. No entendí porqué me dijo que me veía increíble. Lo que me sucedió luego de escuchar esas palabras, no lo puedo describir. Mi manos, mentalmente, ya estaban recorriendo su cuerpo. Me adelanté mucho, demasiado. Ella, sin darme tiempo a reaccionar, se levantó, y mientras yo miraba como la brisa marina movía la tela de su pijama, pegándole a su cuerpo, haciéndome sentir que estaba volando a su lado, y pensando que pronto bebería de sus fluidos, se encerró en su cuarto. Me sentí un idiota al darme cuenta de que no iba a abrir la puerta de su dormitorio A esa altura yo moría de ganas de estar con ella, extrañaba su aroma, su piel y su forma de amar. Estuvimos todo el día con mis tíos y con Scarlett, recorriendo algunas de sus empresas, conociendo empleados, algunos gerentes y durante el almuerzo, seguimos hablando de trabajo. Ella parece entusiasmada y descubrí que su especialidad en abogacía, es sobre finanzas. Nunca escuché, durante el crucero, la especialidad, asumí que era especialista en divorcios o algo así. Fue un error mío. Espero llevarme bien con ella, si es que terminamos trabajando juntos. Estaba en mi habitación, analizando el comportamiento de Scarlett de la noche anterior, cuando una mucama golpeó mi puerta. -Señor, lamento interrumpirlo, pero tiene una visita. No conozco a nadie allí, por eso tardé en contestar. Me paré y abrí la puerta. -Señor, una señorita en la entrada, pregunta por usted, dice que es su prometida. Las palabras de la mucama me cayeron como un balde de agua fría. Un escalofrío recorrió mi espalda. ¿Sería capaz, Mary Ann, de haber viajado hasta allí? ¡Claro que era capaz de hacer algo así! Reconozco que no nos despedimos correctamente, aunque eso era algo imposible, ella no iba a permitir que subiera a ese crucero. Iba a hacer cualquier cosa y el puñal de las mentiras que pudiera inventar, se iba a clavar, totalmente afilado, en todo mi camino. También debo reconocer que ella no existía en mi mente, sus recuerdos se habían esfumado. No había nada de ella en mí. -¿Estás segura? Mi voz tembló al hacer esa pregunta. -Sí, señor, dijo que era su futura esposa y que no se iba a ir hasta hablar con usted. -¡Maldición! Ella no es mi prometida. -La señora Julia ya habló con ella y la llevó al salón que da al mar. -Todo da al mar. Digo sin paciencia, por la estúpida descripción del salón. -Es verdad, pero ese salón tiene la vista más amplia y por estar en la planta baja, solemos llamarlo así. Su explicación no tenía lógica, pero tampoco iba a discutir esa tontería. Mis pasos me llevaron a dicho salón, no pensé que supe inmediatamente, luego de esa estúpida explicación, a qué salón se refería. Mary Ann me tendría que escuchar. No podía perseguirme hasta California. Casi sonrío al recordar cuando Scarlett me acusaba de ser engreído, no lo era, simplemente estaba acostumbrado al comportamiento de mi exnovia. Pensé en cómo Mary Ann se había metido en mi casa, destruyendo mi propiedad y como ella, o alguien de su entorno, presionó a mi jefe, para que me negase las vacaciones. Insisto, ella no tenía límites. Estaba acostumbrada a ser la reina del corso. Pero aquí su padre no tenía poder, no era la pequeña ciudad dónde todo pasaba por sus manos. Acá el poder real lo tenían otras personas y entre ellas, como empresarios sólidos y multimillonarios, en parte, lo tenían mis tíos. -¿Qué haces aquí? Le pregunté apenas la vi. -¡Amor! ¡Te extrañé! -¿Estás loca? ¿Para qué viniste? Le pregunté alejándome de ella cuando corrió a mis brazos al verme. -Soy tu prometida. -No, dejé en claro que terminamos. -Fue solamente una discusión. Mi tía observaba en silencio, mirando casi con desdén a Mary Ann. -Permiso, les doy unos minutos para que hablen con tranquilidad. -No es necesario, tía. -Tienes que aclarar el tema, ya vuelvo. Ella salió, y me di cuenta que no me dio mucho tiempo, porque enfatizó con que nos daba unos minutos. Eso quería decir que Mary Ann no era bienvenida a su casa. Lo dijo con altura. -¿Por qué viniste? -Eres mi novio. -No somos nada. -Es injusto que me pidas que te olvide, no me puedes abandonar. -Terminamos, no quise lastimarte, pero tu comportamiento pasa todos los límites. -Yo te voy a amar siempre, te prometo que voy a cambiar, que no voy a presionarte, que te voy a esperar. -No eres sincera, y lo sabes. -No puedo vivir sin ti. -Entiende que lo nuestro acabó. -Me prometiste casamiento. -Nunca lo hice. Dije pensando que quizás alguna vez, por presión de ella, le dije que sí, que nos íbamos a casar. -Lo hiciste. -Entiende que no, que tus actitudes desgastaron lo que tuvimos. -Eres muy diferente al hombre que estabas a mi lado. -Rompiste cada momento bueno que tuvimos. No, no puedes decir eso. -¡Presionaste a mi jefe! -Estábamos bien y no lo querías entender, de algún modo te tenías que dar cuenta. -¿Te escuchas? ¡Lo que dices son palabras sin sentido! -No, por favor, yo te amo, no me dejes, no lo hagas. -Entiende que lo nuestro terminó y no me dejaste otra opción de terminarlo a la distancia. -¿Estás seguro? Porque te aseguro que si me dejas, no vas a encontrar trabajo nunca más. -¿Eres la dueña de todas las empresas del mundo? Ella no captó mi sorna. -En nuestra ciudad no vas a volver a trabajar. -No voy a volver. Su rostro se desfiguró con mis palabras. -¿Eso quién lo dice? Si tienes alguna denuncia en tu contra, te deportan. Sus palabras me enfurecieron. -Mira bien esta casa, piensa en su valor, ni todas las propiedades, juntas, de tu familia, llegan a un cuarto de esta mansión, ¿Piensas que tú o tus allegados tienen poder para enfrentarse a los dueños de este palacio? ¿Qué alguien me va a tocar un pelo viviendo aquí? Ella miró a su alrededor y se dio cuenta de que yo tenía razón, pero no iba a quedarse tranquila, al menos no se iba a callar la boca, parecía un niño haciendo un berrinche por no poder tener un juguete ajeno. -Todos tienen su precio. -En eso tienes razón, pero te has encontrado con un mejor postor. -Eso no puede ser, tú solamente debes trabajar aquí y esa señora se hace pasar por la dueña, ni siquiera tiene clase. Me reí y lo hice a carcajadas, porque si algo le sobraba a Julia, era clase, esa misma clase y elegancia que destilaba Scarlett. -Julia es mi tía, es la dueña de esta mansión, y la clase le sobra. -No te van a mantener por mucho tiempo. -No me mantienen, trabajo. -No pudiste conseguir trabajo tan pronto, van a venir a golpear las puertas de este lugar y te van a deportar. Volví a reírme. -Soy ciudadano estadounidense. -¿Qué? ¿Por qué no lo sabía? -Porque no eres mi novia. -¡Lo soy! Nunca vas a encontrar a una mujer mejor que yo, soy una heredera millonaria. -¡Yo también soy un heredero y multimillonario! -¿Qué? -Lo que oíste, mis tíos no tienen hijos. Los ojos de Mary Ann se abrieron como platos. Comprendió que ella ya no manejaba mi vida. -Estás equivocado, conmigo tendrías todo, yo me estoy hospedando en el Ritz. -Y yo estoy viviendo acá, ¿Te das cuenta que haces de todo una competencia? Por otro lado, quieres que esté a tu lado aunque sea pagando por mi amor ¿Qué clase de mujer eres? -Cómo te dije hace un momento, nunca vas a encontrar a otra mujer como yo. En ese instante entraron al salón que daba al mar, Julia y Scarlett. Mi mirada recorrió a Scarlett, no puedo evitar comerla con los ojos cada vez que ella aparece delante mío. Estaba hermosa, con un vestido que dejaba a la imaginación, la perfección de su cuerpo. Ella me miró, ignorando a Mary Ann, y me sonrió abiertamente. -Buenas tardes. Saludó con la seguridad que la suele acompañar. Vi el horror y el odio en el rostro de Mary Ann. Creo que no le respondió el saludo. -Espero que hayan aclarado el malentendido. Dijo mi tía. -No nos presentaron, soy Scarlett. Mi exnovia apenas pudo estirar su mano, para estrechar la mano que Scarlett se brindaba. Tía y sobrina se instalaron cerca nuestro. -Soy Mary Ann, la prometida de Christopher. Esperé una mirada de la mujer cuyas piernas me hacían delirar, pero sólo vi una sonrisa sarcástica. -Ohh ¿Ya tienen fecha para la boda? Yo, hasta ese momento, estaba en silencio. -No, no la tenemos y no la tuvimos nunca y ese compromiso, que no fue tal, se disolvió, de hecho estábamos aclarando ese punto. Mi voz salió más alta de lo normal. -Ya te dije, corazón, si estás confundido, te espero. -No estoy confundido, fui claro. -Eso no puede ser posible, porque en realidad te vine a decir que estoy embarazada. En ese instante se borró la sonrisa despectiva de mi tía, la sonrisa sarcástica de Scarlett también desapareció y yo creí que un camión había pasado sobre mí.
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