No pude creer cuando la encontré en el avión.
Volví a acusarla, le pedí respuestas que ella no me pudo dar.
Sí, desconfío porque tengo como precedente a Mary Ann.
Por otro lado, no es casualidad encontrarla en tantos lugares.
Me perseguía, de eso no tenía dudas, aunque luego ella me mostró la fecha en la que sacó el pasaje de este avión.
No supe qué pensar.
Era como que mi vida estaba rodeada y llena de su existencia.
No sé qué está sucediendo.
O era muy buena falsificando documentos, o el destino me estaba pasando una mala jugada.
Pensé que ella no era una más en mi camino, y posiblemente eso era verdad, pero me está aterrando todo lo que está sucediendo.
Me pellizqué el brazo para saber si estaba despierto.
Scarlett era una mujer increíble, bella como ninguna otra, apasionada a mi medida, pero el hecho de encontrarla a cada rato, ponía mi tela de juicio en alerta.
Su intensidad era mucha, no estoy diciendo que fuera tóxica, porque tóxica era Mary Ann y podía distinguir perfectamente ambas personalidades.
Ella se puso los auriculares y me ignoraba luego de cada discusión, que era sobre el mismo tema.
Yo quería una respuesta para tantos encuentros y ella juraba que no la tenía.
Casi estaba terminando esa película que ella estaba mirando, cuando descubrí que se había quedado dormida.
Ambos estábamos cansados, pero yo no podía dormir.
Al parecer ella estaba más que tranquila.
Mi mente seguía siendo un caos y fallaba en cada suposición.
¿Y si ella era manipuladora? ¿Podría ser peor que Mary Ann?
Intenté dormir, quizás lo logré por algunos minutos.
¿No tendría autoconciencia? ¿Por eso se comportaba de esa manera?
Vi, a través de la ventanilla del avión, como llegó el amanecer y recordé la docena de veces que desde el ventanal del pent-house del crucero, el amanecer llegó mientras nos amábamos.
¿En qué momento se terminó eso?
Lo terminé yo, o al menos pretendí hacerlo.
Una azafata se nos acercó para comprobar si estábamos despiertos y en ese caso, ofrecernos el desayuno.
-¿Señor, desea desayunar?
-Sí, gracias.
Le contesté con amabilidad.
-¿Señorita, desea desayunar?
Miré a Scarlett, ella estaba despierta, sonriendo a la azafata.
-Sí, gracias.
Apenas se fue la azafata, encaré a la mujer con la que compartí mi viaje.
-¿Te hacías la dormida? ¿Qué sigue ahora?
-Estás enfermo, eres engreído, te cuento que el mundo no gira en torno a ti.
No pienso que todo gira en torno a mí.
Decidí no contestarle.
Ella parecía indiferente, pero eso me parecía simplemente una postura.
Desayunamos en silencio, ignorándonos intencionalmente.
Por fin llegamos a California, y cada uno, sin apenas mirarse y sin un saludo de por medio, nos alejamos creyendo que era el final de nuestra historia.
Miré de reojo como un hombre se acercaba a ella y la ayudaba con el equipaje, claramente la estaba esperando, parecía un chofer o alguien de alguna empresa.
Al parecer, verdaderamente fue todo una maldita casualidad.
Un sabor espantoso se adueñó de mi boca.
¿Esa mujer estaba jugando conmigo?
Me sentí fuera de lugar.
Quizás debería llamarla, quizás debería disculparme…
Al parecer los dos estaríamos en California.
Un hombre, también con aspecto de empleado, quizás chofer, se acercó a mí, en una tableta tenía mi nombre y mi apellida escribo y en un perfecto inglés, me dijo que mis tíos me estaban esperando, que él me llevaría a su mansión.
Cargó mi equipaje y emprendimos el viaje.
El largo viaje, el que emprendí desde mi país, estaba llegando a su fin y supuse que era el fin de mi aventura con esa mujer que me dejó sin aire, que me hizo vivir las noches más intensas de mi vida, también había terminado.
Tuve miedo de mis sentimientos, por eso huí de ella, no estaba buscando amor.
Pretendí dejarla en el camino y al parecer era más
-¿Hablas español?
Le pregunté en inglés.
-Sí, por supuesto, soy colombiano.
Me contestó con el acento de su país.
-Perfecto.
-Sus tíos lo esperan ansiosos.
-Yo también estoy ansioso por verlos.
El chofer dejaba pasar a otros autos, y me pareció que en el aeropuerto dio alguna vuelta demás, pero yo no conocía ese lugar y podría haberme mareado, incluso hasta él, siendo de allí, podría equivocarse.
El aeropuerto era inmenso.
No podía dejar de pensar en Scarlett, aunque quería dejar atrás todo lo sucedido, me había obsesionado de tal manera, que apenas pasaban segundos y ella volvía a apoderarse de mi mente y de mis sentidos.
Suspiré profundamente.
-¿Está cansado? ¿Desea parar a tomar algo?
Me asombró su ofrecimiento.
Luego de viajar tantas horas, lo único que pretendía era llegar a la casa de mis tíos.
-No, gracias, solamente estoy ansioso por llegar.
-Comprendo, aunque el tráfico a esta hora es infernal, se tarda el doble.
Pensé que cualquiera, manejando a dos por hora, como él, tardaría el doble, pero omití decirlo.
Quizás las regulaciones del tráfico allí eran distintas, aunque los autos nos pasaban por los dos costados y los bocinazos sobraban.
Luego de una hora y cuarto, salió de la avenida principal y se metió por las calles tranquilas de un barrio cuyas casas ostentaban una riqueza casi ofensiva.
Era impresionante la opulencia de esas mansiones.
Muchas ni siquiera se veían, solamente se veía la fastuosidad de la entrada y se adivinaba el resto.
Por fin llegamos a un camino secundario y nos detuvimos ante un portón de garaje que se abrió de par en par para darnos paso a un camino de unos 50 metros.
Giró levemente, porque en medio de lo que parecía la entrada a una gran mansión, había una bella fuente de agua.
La mansión tenía ventanas desde el piso hasta el techó y columnas de hormigón, decoradas con piedras que sin duda, eran exclusivas como todo lo que me rodeaba.
Estaba impresionado.
Jamás pensé que este paraíso existía.
Aún en medio de este oasis, pensé en otro paraíso, ese más tangible, ese paraíso con forma de escultura, con un rostro tan bello que me daba escalofrío al recordarla y un vientre tan caliente que me quemaba.
Me sentí un idiota por pensar en ella.
De alguna forma tenía que sacarla de mi mente.
-Bienvenido, señor.
Me dijo un hombre de mediana edad, que era seguido por otro hombre.
Ambos se ocuparon de mi equipaje.
El chofer me sonreía, quizás adivinando mi deslumbramiento.
Apenas se abrió la puerta principal de la mansión, apareció mi tío Simón.
Se acercó a mí con sus brazos abiertos que me rodearon con un caluroso abrazo.
Nos abrazamos por unos minutos.
-Querido Christopher, que alegría me da verte, por fin estás en tu hogar.
Sus palabras me sorprendieron.
-Gracias.
Logré decir.
-Ven, Julia está ansiosa por verte.
Lo seguí, caminando un paso detrás de él.
El lugar era inmenso, lujoso.
Dado el tamaño y la suntuosidad, parecía un palacio moderno.
-Nos da gusto tenerlos acá, por fin mi sobrino y la sobrina de Julia están con nosotros, era nuestro sueño.
No comprendí del todo sus palabras.
Al parecer Julia tenía una sobrina que también estaba allí.
En ese momento apareció Julia, con alguien caminando detrás suyo.
-¡Hermoso! ¡Por fin llegaste!
Dijo adelantándose hacía mí y abrazándome con el mismo cariño de su marido.
Me llenó de besos y cuando nos separamos, lo que vi, me dejó pasmado.
-Te presento a mi sobrina.
No razoné sus palabras.
El piso parecía moverse a mis pies.
Realmente todo giraba ante mí.
Creo que a ella le sucedió lo mismo.
Cuando logré que mi voz saliera de mi garganta, la suya salió al mismo tiempo.
-¿Qué haces aquí?
Preguntamos Scarlett y yo a la vez.
-Niña, Christopher es mi sobrino.
La voz de mi tío parecía jocosa.
-Creo que se conocen.
Añadió su esposa.
Los miré a ambos y luego miré a Scarlett, cuyo rostro estaba más rojo que una manzana.
Todos nos quedamos inmóviles.
-Quisimos sorprenderlos para que se conozcan en otras circunstancias.
Siguió diciendo Julia.
Fue cuando comprendí que nada fue casualidad, todo fue obra de mi tío y de su tía.
-Me alegra que se hayan llevado bien desde el principio.
Añadió mi tío.
Creo que yo estaba pálido, mis manos tenían un leve temblor, que disimulé al moverlas con un descuido premeditado.
Ella y yo estábamos callados.
Yo la acusé de perseguirme y ambos estábamos siendo dirigidos, como marionetas, por nuestros tíos.
-Estamos felices de que al fin estén con nosotros, ambos son lo más importante para nosotros.
Los miré, queriendo gritar, les quería decir que nos enredaron en un juego casi diabólico.
-Gracias.
Dijo Scarlett con una sonrisa, que sé que fue forzada.
-Gracias, tíos.
Repetí por inercia.
-Chicos… ¿No están felices por la sorpresa?
No sabía hasta qué punto podía disimular que no, que no estaba feliz, que me sentí usado engañado y que todo ese juego se salió de control.
-Claro, tío.
Le respondió ella.
Yo intenté sonreír, pero solamente hice una mueca, que espero que haya escondido mis pensamientos.
-Al parecer, por la conmoción que los dos demuestran, no tuvieron tiempo de hablar, se ve que estuvieron ocupados en otras cosas.
Nunca pensé que Julia fuese tan indiscreta y desubicada.
-¡Julia!
Le llamó la atención su esposo.
-Me parece genial que se hayan divertido.
Aclaró mi tía.
Recién en ese momento volví a mirar a la mujer que era la dueña de mis pensamientos.
Ella estaba mortificada.
¿Habló de nosotros con su tía?
Esto va a ser muy incómodo.