Otro encuentro, el avión

1576 Words
Por Scarlett Moría de dolor mientras hablaba con Christopher. Él desconfiaba de mí. Lo podía ver en su mirada y me dolía en el alma. Nunca lo presioné, acepté, creo que con dignidad, su adiós. No pensaba llamarlo, no porque pretendía fingir que no lo amaba, sino porque comprendí que él era el que no me amaba a mí y no se puede obligar a amar. Las lágrimas comenzaron a correr apenas él cerró la puerta de mi habitación. Christopher parecía un hombre que sabía lo que quería, totalmente seguro de sí mismo, pero estoy dudando de esa aparente seguridad. Durante la conversación él pasaba de acusarme a invitarme a cenar. No entiendo lo que pretendía. Estoy loca por él, pero tengo que fingir que no lo amo. No entiendo como pude enamorarme así, sí apenas lo conozco y no sé nada sobre él. Supongo que conquistarme fue solamente un juego para él. Soy una mujer bella y su cruel ego lo llevó a acercarse a mí. Tampoco hubo palabras o promesas vacías. No puedo decir que me mintió o me engañó. Simplemente me conquistó, caí a sus pies simplemente por su perfecta sonrisa y su mirada de fuego. Lloré por horas, abrazada a mi almohada y con impotencia por el dolor que sentía. Me sentía vacía. Cuando me calmé, comí algo de lo que la mucama había dejado en mi habitación. El hotel era all inclusive, o al menos mi tía contrató ese servicio. No bajé a cenar y creo que apenas había anochecido, que yo ya estaba durmiendo. La noche anterior apenas había dormido dos horas, no entiendo como pudo cambiar todo en unas pocas horas. Me desperté cuando el sol ya lucía imponente, reflejando con sus rayos, parte de la habitación. Tenía todo el día libre, tenía que estar en el aeropuerto a las 11 de la noche, me embarcare a la 1 de la madrugada. Estaría llegando a California a las 7 de la mañana y creo que hasta Malibú había una hora más en auto. Los recuerdos volvieron y también mi llanto. No tenía sentido llorar tanto, pero no lloraba solamente por él, sino por la situación, por el desapego a mi país, aunque era ciudadana americana, no era el país dónde crecí. Todo era nuevo para mí. Pedí el desayuno, no iba a salir de la habitación, al menos por la mañana. Después de pensarlo decidí ir a la playa, era cruzar la calle. No podía permitirme derrumbarme y si me quedaba, terminaría llorando nuevamente. Quiero olvidarlo. Estaba caminando por la playa cuando lo vi caminar en mi dirección. -Scarlett. Me llamó. Yo lo ignoré, hasta que él se emparejó caminando junto a mí. -Déjame en paz. -No puedo, estuve pensando… anoche te extrañé. Sentía espinas clavándose en mi pecho. ¿Pensaba que con algunas palabras iba a caer nuevamente en sus brazos? -Sígueme extrañando. Di la vuelta y volví a mi habitación. Él vino conmigo. Pedí la tarjeta en recepción y él pidió la suya. No viajamos solos en el ascensor y yo me mantuve alejada de su cuerpo, no quería sentir su calor y todo lo que irradiaba de él. No tenía miedo de caer en sus brazos, ya no, pero no podía decir que no sentía nada. Entré rápido y le cerré la puerta en la cara. Por la tarde recorrí algunos negocios, quería llevarle algo a mis tíos. Al tío le compré una pluma de oro, con el logo del estado de Miami y a mi tía, le compré un collar en oro blanco y oro rosa, con un dije, también de Miami. Son millonarios y en definitiva el dinero que tengo, es de ellos, pero no podía aparecer sin alguna atención. Cené temprano y cerca de las 10 de la noche, me dirigí al aeropuerto. Hice todo el papeleo temprano y luego desde la zona de embarque, esperé la hora con un humeante café delante mío. Subí casi primera, estaba ansiosa y necesitaba huir de Miami. Se complicó mi vida por un amor. Tendría que buscar la voluntad, que no sabía en qué rincón de mi alma estaba, para olvidarme totalmente de Christopher. Me acomodé en mi asiento, viajaba en primera clase y los asientos eran cómodos y espaciosos, me esperaban 6 horas de vuelo, nunca había hecho un viaje tan largo en avión. Aprovecharía para dormir, así no sería tan tedioso. La gente seguía subiendo. Afuero los trabajadores seguían con sus quehaceres, todo parecía igual, el mundo seguía girando y a mí me esperaban grandes cambios, aunque en ese momento no sabía que tan grandes iban a ser los cambios. Sentí que alguien se acomodaba a mi lado y giré para ver, ya que estaba mirando por la ventanilla. -¿Qué haces acá? Tronó la voz de Christopher. Estábamos cara a cara. Mi desconcierto era mucho. -¿Qué haces tú acá? -Tenía dudas, pero verdaderamente me estás siguiendo. -Yo estoy acá, el que me persigues eres tú. Le contesté con bronca. No tenía idea que estaba sucediendo. O era él el que me perseguía o el destino era más macabro de lo que podía creer. Su boca se abrió y se cerró varias veces. -Te dije que tenía un avión que abordar. Me dijo mientras se sentaba, ya que sintió varias miradas en él. -Yo también tenía que abordar un avión y tú lo sabías. Le contesté lo mismo que él. Claro que yo no creía que me estaba persiguiendo. Porque si fuera así, sería inestable, y un sádico jugando a un juego mental potente que yo desconocía por completo. No lo conozco, eso era verdad, pero no era un hombre diabólico. -¿De verdad espiaste mis pertenencias? Insistió. -¡No seas idiota! Dije perdiendo la paciencia. -¿Piensas que eres el único hombre sobre la tierra? ¿Qué clase de mujer piensas que soy? -¡Estás acá! -¡Tú también! Puedo pensar que eres un sádico que me persigues para algún fin en especial. -¿Estás loca? -Entiende que no tenía idea de que abordarías este avión, ni que estarías en el hotel, no sé qué está sucediendo. Le dije bajando la voz, porque esa discusión era privada. -Esto no puede ser casualidad, el destino no es un juego de azar. -Te pido que dejes de acusarme, yo llegué antes, puedo pensar lo mismo que estás pensando tú. -Me parecen pocas creíbles tus excusas. -No tengo excusas, tampoco tengo la menor idea del porqué estamos compartiendo este viaje. -Eres una sombra para mi libertad. Eso me dolió, porque él me está viendo como una amenaza. Era verdad, en el crucero pensé que estábamos comenzando una historia de amor y me enamoré, pero resulta que el amor para llegar a él estaba eclipsado. A esta altura, el rencor que sentía por él era tanto como mi amor. Me hace daño con cada una de sus palabras y tengo que olvidarlo. No puedo manejar mi impotencia. Quiero llorar, aunque no lo haría delante suyo, porque pensaría que soy patética y que verdaderamente lo estoy persiguiendo. No entiendo como pudo cambiar ¿En dónde está el hombre que me conquistó y me hizo bajar la guardia? No le voy a demostrar, jamás, algo de debilidad. -Estás aquí al igual que yo, mi pasaje tiene más de dos meses. Le mostré la fecha en que mi tía me lo envió. ¡Tomó mi celular y lo revisó! -Hace dos meses no te conocía. Le dije, arrebatando mi celular de sus manos. Ya lo comprobó, miró las fechas y no voy a darle ni una explicación más. No entiendo dónde quedó esa conexión que tuvimos al mirarnos por primera vez, ni donde quedaron en su mente, todas esas horas dónde nos amábamos sin restricciones, esa fiesta de camaradería y de amor. Me coloqué los auriculares y puse, en la pantalla que tenía delante, algo de música. Algunas viejas canciones sonaron en mi oído y tuve miedo de pensar demasiado y terminar llorando. Busqué alguna película clásica, alguna comedia romántica que supiera de memoria y que no me hiciera pensar, aunque mi mente no dejaba de dar vueltas. Sentía su mirada, pero no hablaba. Buscando entre el listado, encontré Legalmente rubia. Ignoré su mirada, al menos lo intenté. -Me tomó del brazo. -De verdad ¿Por qué estás acá? -Porque tengo que ir a California y por carretera serían varios días. -¡No me refiero al avión! -¿¿Entonces?? Le pregunté dejando los auriculares a la altura de mis hombros, sin sacarlos del todo. Pausé la película, haciendo algo de espamento, para que piense que yo estaba muy entretenida. -¿Por qué estás en este avión? -Decídete. -¿Qué está pasando? -No tengo una respuesta para tu pregunta, no me interesa hablar contigo, me acusaste injustamente, varias veces. -No sé porqué siempre estás delante de mis ojos. -¡Yo tampoco lo sé! Mi voz se quebraba de a ratos, su presencia era más de lo que podía manejar. No quería perder la compostura y que Christopher se creyera un ganador, aunque el amor que sentía por él no tenía sentido, no me hacía él, me enfermaba y me amargaba. Sin embarga, sentía que la distancia que yo ponía entre nosotros, le desencadenan sentimientos encontrados. Sí era un juego de poder, no me tendría que subestimar. Volví a ponerme los auriculares y a mirar la pantalla.
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