La incertidumbre de no saber que esperar de Jerry, me ha tomado como una rehén.
—¿De verdad esto te ha parecido una buena idea, Beatriz?—Le pregunto con tono inseguro y ella se rasca la barbilla y me mira con incredulidad.
—Por supuesto que sí, Lucía. —, no puedes estar todo el tiempo intentando suponer de los demás sin dar el gran paso. —, hoy es el momento de que hables con Jerry y le cuentes todo lo que sucedió, y las consecuencias de sus actos. —Me responde con ironía y empieza a caminar rumbo a las aulas.
Mis piernas se sienten entumecidas y mi cabeza parece que pierde su soporte y da vueltas en mi cuello sin que yo pueda controlarlo. De algún modo, tengo la idea postrada de que todos notan mi embarazo y me juzgan a hurtadillas, sin embargo, Beatriz afirma con seguridad que aún mi abdomen se ve completamente igual a hace dos meses y que no hay ningún signo que denote algún acontecimiento extraño dentro de él... Y supongo que debería confiar en ella, la otra opción que tengo es salir corriendo y volverme loca por no estar conforme con que todos lo sepan.
Me esfuerzo en seguirle el paso a Beatriz sin contener demasiado mi respiración para hundir mi estómago.
—Braulio ha dicho que quiere verte en la sala de profesores, Luci. —, tiene que entregarte unos informes para que los hagas llegar al resto de los compañeros. —Me aborda con diligencia Tatiana, una de mis compañeras más afables y dedicadas, una que por supuesto ignora la relación que he estado teniendo con nuestro profesor.
Y siendo honesta, a la cual no le he dado un finiquito... Y justo ahora me apetece hacerlo, no quiero que cuando lo de mi embarazo sea una realidad cuestionable, él tenga la duda de que mi bebé pueda ser suyo, aun cuando se ha hecho una puta operación para no ser una fábrica de niños y nunca hayamos tenido sexo sin preservativo, sé que no he sido la única alumna a la cual se ha tirado.
—¿Irás a ver a Braulio?—, ¿justo hoy que andas en la cúspide de lo hormonal?—, honestamente no me parece que sea la mejor idea que has tenido en esta semana. —Irrumpe Beatriz y procede a encogerse de hombros.
—Tengo que hacerlo, decirle que no podemos vernos más, porque estoy a punto de mudarme a España, no voy a decir a nadie lo que me está ocurriendo. —, salvo al padre de mi criatura, con el que espero hablar en... —Miro el reloj de pulsera que traigo puesto en mi mano izquierda y dedico una mirada desdeñosa en dirección a mi mejor amiga. —, ah sí, justo en cuarenta y cinco minutos exactos, así que con permiso, iré a ver a mi ex. —Arrojo con severidad y no le doy la oportunidad de responderme, si lo hago estaríamos todo el preciado tiempo dando vueltas en el mismo tema y lo que menos me sobra en este punto de mi vida es tiempo.
Camino hacia el sitio que me ha indicado Tatiana y experimento una sensación de exalto a la que no estoy demasiado acostumbrada, supongo que tendré que hablarlo con mi doctor, no soy precisamente una mujer que tiene temor de romperle los deseos de follar a alguien.
Toco la puerta y me quedo ansiosa que se me indique que puedo pasar.
Escucho la voz de Braulio, siempre gutural, indicarme que puedo pasar.
Entro con decisión y hago mi mejor cara para no parecer preocupada por lo que sea que vaya a suceder aquí dentro.
—Buenos días, Lucía. —, te ves bastante guapa hoy. —, te había extrañado. —Me saluda Braulio y planta un beso en mis labios, su aliento sabe a cigarrillos y me da náuseas, no quiero volver a tenerlo cerca.
—He venido rápidamente, porque tengo algo que decirte y luego tendré muchos pendientes. —Digo con naturalidad y miro mis manos para distraer mi exasperación.
—¿Qué sucede, bombón?—, no me digas que otra vez estás preocupada por mi esposa, te he dicho mil veces que ella también tiene un amante, se llama Darío Vega y es su instructor de pintura, ella hace como que si no es consciente de que yo veo a otras mujeres y yo hago lo mismo, ¿por qué tienes que tener una moral tan pesada?—, te cuento que en el mundo real, no funciona así. —Se mofa Braulio y me da una palmada en el brazo.
Ojalá esto se tratara de uno de mis ataques de moralidad donde rechazo verlo porque me siento culpable por el hecho de que él tenga un compromiso... Sería más fácil lidiar con mis emociones si ese fuera el problema.
—No estoy en medio de una crisis por creer que hago sufrir a una mujer por acostarme contigo, Braulio. —, se trata de que no podré verte más, y quiero estar segura de que lo nuestro seguirá siendo confidencial, y que terminemos en buenos términos. —Pronuncio con detenimiento y ladeo mi cabeza al ver que él enarca una ceja.
—Por supuesto que lo nuestro será confidencial siempre, Lucía de mis amores. —, eres mi alumna, y de ese modo nació nuestra relación. —, eres encantadora, y me encantaría saber el motivo por el que estás dejándome, aunque lo entiendo perfectamente, y no voy a recriminarte, no aspiraba que quisieras casarte conmigo o algo similar. —, solo quiero saber si estás bien, y si puedo apoyarte en algo. —Indica con espontaneidad y se acerca a mí y me da un medio abrazo.
No puedo contarle que estoy embarazada. Y no se trata de que no confíe en él...
Braulio y yo nos hicimos cercanos porque él me daba prácticas particulares. Siempre me he esmerado en ser la mejor en cada cosa que hago, y su materia se me dificultaba un poco. Me parecía guapo y atractivo, eso no es un punto para discutir, sin embargo, mi acercamiento fue netamente académico. Pero a medida que empezamos a vernos en su piso, y yo le contaba sobre mí, y él me contaba sobre él, donde siempre omitió que estaba casado, ya que me llevaba a su apartamento de soltero, sentíamos una especie de conexión especial que incitaba a que habláramos aún más, y yo me sentía a gusto con él, y él conmigo. Le conté sobre toda la presión que cargaba a cuestas respecto a mis padres y todo lo que ellos esperaban de mí, sobre mis peores miedos, mis ansiedades, y él me ayudaba a enfrentarlos, hasta que empezamos a tener sexo y a tener conversaciones filosóficas después de habernos corrido y mirado maratones de los Simpson, no suena tan sexy, pero así se sentía.
—Voy a irme a España en poco tiempo, y quiero dejar a las personas importantes sin ninguna duda de que lo fueran. —Especifico con ligereza y le dedico una sonrisa trémula.
—¿Todo está bien con tus padres?—, yo puedo ayudar... —, cuentas conmigo, Lucía. —, te he dicho que eres la única mujer que yo he considerado especial, Margaret, mi esposa, y yo, nos casamos por nuestro hijo Massimo, de no ser por mi adorado príncipe, jamás me hubiera casado con ella, ni ella conmigo, y ambos estamos bien con eso. —Vocifera con seguridad y se sienta en la silla que se encuentra detrás del escritorio que está en la habitación.
Su jodida declaración me revuelve el estómago... Casados por un bebé.
¿Eso es lo que quiero que Jerry le diga a sus amantes respecto a mí?
Me duele la angina solo de pensarlo. No quiero ser la mujer que frustró el destino de un hombre que adora.
Aunque... Nuestro caso es totalmente distinto, Jerry y yo siempre nos hemos considerado el alma gemela del otro, a pesar del abismo de diferencias que existen y hacen que nuestra unión sea un dilema.
Únicamente viviendo mis propias experiencias podré tener conjeturas acertadas.
—¿Por qué te has puesto tan pálida, Luci?—, ¿quieres que te busque un vaso de agua?—, ¿has estado comiendo bien?—Me interroga Braulio y se levanta de un sopetón.
—Lo siento, nada más estoy un poco estresada... —, ya tengo que irme, Braulio. —, espero encuentres a alguien que consideres especial, y que Margaret también pueda hacerlo. —, son jóvenes, tienen muchos amores por delante, buena suerte. —Me despido de manera apresurada y salgo disparada del salón, no quiero aceptar su vaso de agua y mantenerme en su radar de preocupación, es lo suficientemente perspicaz para deducir que estoy en cinta, y no hablaré de esto con nadie que no sea el padre de mi bebé.
Camino por el pasillo y Beatriz se encuentra afuera esperándome. Sin duda alguna mi mejor amiga es una de esas personalidades alocadas y peculiares de las comedias románticas, no parece hacer nada más que seguirme el paso y yo no encuentro divertido ningún sitio si no puedo contárselo luego a ella.
—Ya solo te quedan veintidós minutos, ojitos lindos. —Señala Beatriz y empieza a hacer TIC TAC, ella es muy graciosa.
—¿Quieres que vayamos caminando hacia la cafetería?—, aunque te advierto que tú no estarás presente cuando yo le diga a Jerry lo que le tengo que decir. —Le digo con seriedad, quiero que las decisiones sean tomadas entre Jerry y yo, como dos adultos.
Esto cada vez parece más un drama adolescente y me está cagando la existencia. No es propio de mí, y no quiero que sea propio de Jerry, ambos tenemos más de veinte años y se supone que la suficiente capacidad de discernimiento para saber cómo llevar esta situación, bastante común para dos adultos que tienen sexo borrachos y sin preservativos.
—Lo mismo decías sobre besar tu trasero, ¿sabes?—, ¿y adivina que hice mientras dormías y babeabas tu almohada?—Se mofa Beatriz mientras caminamos al cafetín de la universidad.
—No es un buen momento para bromear, Beatriz. —, estoy muerta de terror, no sé cómo vaya a reaccionar Jerry. —Le respondo con efusividad.
—¿No es un puto príncipe blanco?—, confía en tu imagen de él, y para tu sorpresa... —, parece que el momento de la verdad va a adelantarse... —, ahí está el chico misterioso, de ojos grises, mirada penetrante y porte erguido. —, bebiendo un café frente a la empañada ventana. —, por lo que... —, ya sabes querida Lucía Khanz, aviéntate a él y dile lo que tú sabes y lo que yo sé y que él tiene que saber... —, yo... Bueno yo estaré husmeando en la mesa trasera. —Dice Beatriz atropellando las palabras y empieza a caminar rápido hacia la mesa contigua a donde se encuentra Jerry.
Entonces...
¿No hay dieciocho minutos más para mí?
¿Tendré que soltarlo así como así?
¡Jodido karma, te estoy pagando hasta lo de mi bisabuela con mis decisiones!
Camino con las piernas más pesadas que he sentido nunca y me siento justo en frente de él... El momento es ahora.
—Hola, Luci. —, te viene muy bien ese color. —Me saluda Jerry con esa habitual afabilidad que lo caracteriza cuando de mí se trata.
Y mi corazón se detiene por un segundo. Esto será complicado.