Un respiro de calma, por ahora.

1706 Words
Tomar decisiones nunca ha sido mi fuerte, salvo para elegir que usar en un día de universidad, lo mío siempre ha sido impactar, al menos físicamente hablando. Una situación que me convenció de que yo era pésima eligiendo, fue a mis quince años. Era aún una cría. Y me besé con el hermano mayor de la única amiga que tenía, ella se enfadó muchísimo, y me gritó a la cara que yo era una zorra, Y Jerry, que me había declarado su cariño más allá de la amistad que nos unía a esa edad, fue el único en la fiesta que celebraban que defendió mi honra e integridad... Él siempre ha estado ahí para mí. Ha sido mi punto de apoyo para siempre querer más... Es jodidamente confuso para mí, ser consciente de que en mi vientre hay una criatura que lleva su sangre. Podría ser niña, y heredar mis ojos azules como el cielo, o ser un niño, y verdad sus ojos grises como el hielo... Incluso hace una buena rima. ¿Pero él, y yo somos una buena rima? Tan solo preguntármelo a mí misma por enésima vez mientras escojo unos buenos vaqueros para ir a mi clase me parece una completa locura. Los nervios están completamente tomando posesión de mí, y yo nunca he sido la clase de mujer que le tiene miedo a tomar las riendas de su vida... Pero esto es demasiado. —¿Vas a venir a la universidad, verdad?—Me interroga Beatriz con tono autoritario. —Por supuesto que sí, Bea. —, puedes mantenerte calmada. —, yo no lo estoy, pero sí tú te alteras, a mí me va peor. —Espeto con ligereza y empiezo a abotonar la camisa que he elegido usar, he empezado a sentir que mi tripa es notoria y bajo ningún concepto mis compañeros y amigos podrían enterarse de mi ocurrencia. —No voy a mantenerme calmada, mujer. —, te advierto que no te daré la oportunidad de retractarte en plantar verdades a ese estúpido y sexy francés. —, no vas a quedarte sola con el problema, fue cosa de ambos, y tú siempre has sentido seguridad del amor que él siente por ti. —, y sí me permites recordarte algo, Lucía de mis amores... Fuiste tú la que lo rechazaste. —Me aborda Beatriz con expresión irónica. —Yo no estoy lista para decirle esto a Jerry... —, y no pongas las cosas en ese panorama, eso sucedió hace cinco años, éramos adolescentes y ninguno de los dos sabíamos lo que queríamos. —, y no te olvides de la historia completa, lo rechacé porque él le había confesado a Gregor que yo tenía un buen culo, el hecho de que el chico que me gustaba, a esa edad, con los anticuados valores y principios que me formó Carmen hiciera esa afirmación me destrozó el alma. —, y como prueba de mi tristeza me dejé besar por Gael, como olvidar ese día. —, he sido una tonta cuando de la vida amorosa se trata. —Recalco con ligereza, aunque recordar esos percances me genera un corrientazo en el pecho. —La tía Carmen se hubiera escandalizado si se enteraba de que el señor perfección Moreau había dicho eso de su adorable princesa que sigue siendo virgen a los veinte años, ¿no?—, que vueltas da la vida, querida. —, y sí, ahora que pienso un poco sobre todo lo que adorna tu alrededor, tus adorables padres y como juzgan que eres la chica más guapa y honorable de este mundo, los insufribles padres de Jerry que me has contado que aseguran que no existe en toda Europa una mujer que sea digna del aprecio de su hijo, poniéndolo todo en ese contexto, te compadezco amiga, estás jodida. —Profiere Beatriz con tono lastimero acompañado de una especie de sorna que considero que está fuera de lugar. Creo que nunca había tenido tanta razón en algo que hubiera ordenado ella sola... Jamás había estado tan hundida. Mis papás son el tipo de papás que no se acostumbran a los cambios... A que el sexo ya no es un tabú, a que es natural tener esa necesidad y que no tiene de malo mientras lo hagas con responsabilidad, aspecto que Jerry y yo no tuvimos en cuenta. Será una decepción para ellos enterarse de que he estado follando, y que para colmo ha sido con Jerry, un chico al que ellos conocen desde que es un niño y que le han dado tanta confianza a tal punto de permitirle que duerma en mi mismo cuarto... Aunque nunca hicimos nada aparte de besarnos en esas oportunidades. —Necesito ordenar mis ideas y tener un plan, si no, voy a estar completamente loca y estresada y eso podría hacerle daño a mi bebé. —Digo en voz alta con seriedad, debo empezar a tomarme en serio todo lo que me ocurre y hacer lo posible por encontrar calma. —Voy a ayudarte, no lo dudes. —, y yo sugiero que primero le digas a Jerry que él y tú, van a ser papás en siete meses, y entre los dos, escogen la manera más propicia de darle la noticia a sus respectivos padres sin que rompan las esperanzas que ellos han puesto siempre en ustedes. —, tu madre estará calmada si le dices que van a casarse antes de que le sueltes la bomba del niño en tu panza... —, y la señora Grace, estará mejor si le dicen lo de la criatura y que Jerry no va a interferir en sus estudios... —, y ya el resto se arreglará en el camino. —Me aconseja Beatriz y se acerca a mí y me da un fuerte abrazo, el cual me hace sentir revitalizada. —No creo que Jerry quiera casarse conmigo. —, y no quiero arruinar su vida... —, no me lo perdonaría nunca. —Afirmo intentando no sonar tan dramática. —¿Y qué hay de ti?—, ¿te ves a ti casada con Jerry?—Me pregunta intentando ocultar su curiosidad por mis sentimientos. —Nunca me he imaginado casada con nadie. —, no obstante, conozco tanto a Jerry y él me conoce tanto a mí, que no sería tan descabellado pasarnos la vida juntos. —, yo lo amo, Beatriz. —, es el único hombre que se ha mantenido firme para mí como un roble en cada una de las veces en que lo he necesitado, pero una relación entre nosotros no estaba en la mesa. —, no soy la mujer que él se merece. —Eres una tipa maravillosa, la mejor en todas las clases. —, también te recuerdo que fuiste la mejor en la secundaria, tienes una beca casi totalitaria en la carrera de arquitectura y aspiras iniciar a estudiar administración de empresas muy pronto. —, eres voluntaria en un refugio de ancianos que han sido abandonados por sus familias, eres hermosa, tienes los ojos más lindos e impactantes que he visto nunca, y sumado a todas esas virtudes, eres una amiga única y excepcional, ¿qué te hace pensar que alguien creería que no merece estar contigo?—Me inquiere Beatriz ofuscada y su ceño se percibe ligeramente fruncido. —El hecho de que también soy la tía que se ha estado acostando con un profesor de la universidad, con el hermano de Katherine, y ahora con Jerry Moreau... —, y me he quedado embarazada del tercer hombre que me ha metido el pito... —, ¿no te suena a fracaso?—, ¿y sabes que es lo peor de todo?—, que ese hombre que propones que sea mi fiel marido, sabe todo esto. —Añado con humor, no hay otra manera de decirlo. —Ya veremos qué opina él. —Dice y se encoge de hombros. Beatriz y yo salimos juntas hacia la universidad, hoy acontece un clima precioso, es uno de esos en los que tomar el tardío autobús que nos conduce hacia nuestro destino, parezca una maravilla. Me encargo de estar todo el camino pensando en la manera correcta de dirigirme a él para decirle la noticia. Rebusco palabras, acciones como rascarme la nariz, ya que a él le parece adorable y me lo ha dicho... Estos días, hemos estado hablando por mensajes, tan amorosos como siempre, pero no nos hemos visto. Salvo hace dos semanas en el cafetín de la universidad, y hace seis días he usado las llaves de su apartamento que me ha dado cuando llegó, para dormir una noche, y él estuvo todo el rato hablándome de sus avances en la aviación, de cuántos amigos había hecho en la universidad, y luego se quedó dormido. Lo ocurrido en esa noche de tragos, no salió a colación en ningún momento de nuestra conversación, y yo no consideré necesario mencionarlo. —Esta es nuestra parada, tonta. —, te estás quedando dormida. —, y te has estado acariciando el estómago todo el tiempo, ¿cómo vas a disimular tu estado si haces eso?—Irrumpe Beatriz y me hace saltar de susto. Tengo que aprender a disimular mejor, ella tiene mucha razón. Bajamos y nos encaminamos al campus y Beatriz saca mi celular de mi bolsillo trasero, sin darme una oportunidad para decirle que sí, o que no me gustaba que tocara mis pertenencias sin mi consentimiento... —¿Qué estás haciendo, loca?—Le interrogo. —Te ahorro una pena. —, voy a escribirle al sexy casi piloto para decirle que quieres verlo en una hora en el cafetín. ¡Santo Dios! La bilis se asoma en mi garganta cuando la escucho... No tengo un monólogo listo para confesarle al acontecimiento de tan solo una noche que podría cambiar nuestras vidas... Pero, no quiero evitar que envíe ese mensaje. Quizás yo nunca tenga la valentía para hacerlo. La ansiedad y la anticipación me convierten en su rehén... ¿Qué va a pasar después de que él lo sepa? ¿Él será el mismo príncipe de siempre que encuentra una solución de todo?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD