Narra Nate.
—Hola Nate, te necesito en medio oriente, con urgencia—me dijo Mike apenas atendí la llamada. Mike es un amigo cercano que necesita a alguien de confianza para un asunto muy personal que sucedió con su esposa, yo era de confianza.
Estaba en mi oficina y apenas colgué la llamada, fui hasta el escritorio de Elena que se encontraba apenas a unos metros. Ella parecía muy concentrada escribiendo en unos archivos.
—Siento molestarte Elena, ¿estabas muy ocupada? Quería hablarte de algo.
—No, claro que no. Dime—dijo sonriéndome y bajando la pluma de su mano.
—Es sobre Emma, sucede que tengo que salir del país unos días y no se con quién dejarla—dije dudoso a su respuesta. —Sé que es muy apresurado dejarla más de 24 horas contigo, pero no lo pediría a menos que sea de suma importancia.
—Nate, con gusto puedo quedarme con el tiempo que necesites—dijo calmándome.
—Gracias, te lo agradezco mucho enserio—dije aliviado ya que no tenía otra opción, Emma no podía venir conmigo.
—¿Cuándo te vas?
—Hoy en la noche ¿de verdad puedes?
—Claro que sí, no te preocupes. Puedes traerla a mi casa—me dijo mientras tomaba un papel y escribía la dirección en él.
—Te debo mucho. Gracias—le sonreí tomando el papel.
Volví a mi oficina y seguí con unos papeles que Mike me envió. A las 10 vi como Elena guardaba todo y me saludaba con su mano por el vidrio antes de entrar al ascensor, le correspondí el saludo y desapareció de mi vista.
Más tarde yo también salí y conduje directo a la escuela de Emma, estaba llegando tarde. Bajé de la camionera y corrí hasta la entrada.
—Hola, lo siento mucho—hablé rápido y vi a la maestra sentaba junto a Emma en un banco, ambas fulminándome.
—Tarde señor Hills—me reprochó la maestra de Emma.
—Perdón ¿sí? —Emma se paró y subió directo a la camioneta. —Maestra, quería avisarle que desde mañana no buscare a Emma, lo hará una amiga—ella me trajo varias actas que debía firmar para autorizar a Elena.
—¿Cómo te fue hoy? —pregunte viendo cómo se colocaba el cinturón.
—Bien—dijo mirando por la ventana.
—Quiero decirte algo. Esta noche viajare por negocios—le confesé.
—¿De nuevo? —parecía triste.
—Sí, pero esta vez será muy poco tiempo, lo prometo. Y mientras tanto, te quedaras en casa de Elena—dije y pude ver su sonrisa al instante.
—¿Enserio? —pregunto súper emocionada por la noticia.
—Sí, te llevaré a su casa esta noche.
Narra Elena.
Estaba limpiando la casa antes de que llegara Emma, ya estaba casi todo listo, pero me faltaba la habitación donde dormiría ella, mi habitación de niña, en la cual no entro desde hace demasiado tiempo. Al entrar todo estaba intacto así que solo limpie superficies y cambie las colchas.
Todo parecía reluciente, ya le faltaba brillo a esta casa. Comencé a hacer la cena hasta que sonó el timbre y sabía que eran ellos. Corrí hasta la puerta y les abrí.
—Bienvenidos—salude sonriendo.
—Elena—la pequeña saltó sobre mí.
—Hola—me saludó Nate sosteniendo un bolso de princesas en su mano.
—Pasen—dije haciéndoles lugar,
—Gracias, pero ya debo irme—Nate se agacho a la altura de Emma y le besó la frente. —Pórtate bien—dijo y la abrazó fuerte.
Se volvió a parar a mi altura y me miro.
—Adiós, muchas gracias—me entregó el bolso.
—Adiós—saludamos ambas y lo vimos irse. Cerré la puerta cuando nuestros ojos lo perdieron. Emma comenzó a mirar todo a su alrededor.
—Tu casa es enorme, me encanta—sonreía alucinada.
—Gracias Emma. Y de seguro te gustara ver dónde vas a dormir—le respondí sonriendo y me miro emocionada.
—Sí, por favor—enfatizó en la i y Emma me tomó la mano para caminar juntas hasta allá. Le abrí la puerta y ella entró atónita.
—Es hermosa—dijo tirándose en la cama directamente y riendo al igual que yo por su reacción.
—Sabía que te gustaría—me recosté junto a ella.
—¿De quién era la habitación? —pregunto intrigada.
—Era mía, esta era mi habitación cuando era pequeña—le sonreí.
—Es muy linda, tenías un buen gusto—logró hacerme reír. Comenzó a investigar de más cerca cada cosa que había dentro. — Vamos a jugar—dijo emocionada buscando las muñecas sobre la repisa.
—Déjame ayudarte—dije tomando las muñecas que estaban más altas. —Pero antes de jugar, vamos a lavarnos las manos y a comer.
—Está bien—no puso pretexto y la guie hasta el baño.
—¿Mañana tienes clases? —pregunte mientras nos sentábamos a comer.
—Sí, estoy ansiosa. Me gusta ir a clases— dijo devorando su plato.
—Y debes tener muchos amigos allí—dije sonriéndole.
—No, no tengo amigos—dijo mirando a un punto fijo en la mesa, se puso triste.
—Perdón cielo—me acerqué y la abracé. —¿Qué sucede? De seguro necesitas tiempo para que te conozcan y luego todos querrán ser tus amigos.
—Se burlan de mi—dijo a punto de llorar. — Porque no tengo una mamá—ahora si estaba llorando, la hice llorar.
—Yo se lo cruel que pueden ser los niños. Pero tu estas rodeada de gente que te ama, como tu padre. Y si tienes una amiga, yo soy tu amiga.
—¿Si? —pregunto cambiando por completo su cara mientras yo limpiaba los restos de sus lágrimas.
—Claro y desde ahora en más, no te voy a dejar sola nunca.
—Gracias—la pequeña me abrazó fuerte y yo le correspondí feliz.
Lavé los platos y Emma me ayudó a secarlos. Luego ambas fuimos a ver una película a la sala, Estábamos ambas sentadas en el sofá, Emma tenía la cabeza en mis piernas y su cuerpo en el sofá.
—Emma—la llamé al ver sus ojitos cerrados y comprobar que estaba profundamente dormida.
Me pare con cuidado dejando su cabeza en el sofá luego la tome en mis brazos y camine hasta la habitación, cuando llegue la acosté sobre la cama y la tape.
—Buenas noches princesa—dije dándole un beso en la frente.
—Quédate conmigo—dijo aun con sus ojos cerrados.
—Bien—dije y me acosté a su lado quedándonos dormidas.