Prólogo
La señora Williams.
Fue el mejor día de mi vida.
En ese entonces creía que el amor era suficiente, que los problemas llegarían pero que todo pasaría si estaba con ella. Fui un gran idiota.
Mi esposa sonreía, feliz y encantada por realizar uno de nuestros sueños, uno de los más importantes. El vestido blanco que realzaba su figura denotaba su belleza, aunque ella decía que era bastante normal, yo estaba deleitado con todo lo que representaba.
- Un momento, por favor.
Aún recuerdo ese día, recuerdo sus gestos porque no dejaba de verla, recuerdo su risa y la forma de sus gestos tan infantiles y a pesar de que sus rasgos también contenían lo mismo, le daban un toque muy tierno.
Claro que estos pensamientos se deben a un hombre locamente enamorado.
Desesperado por verla y tocarla, se debía al amor puro que sentía aunque por fuera no lo demostraba, en la intimidad me aseguraba que ella llore con cada mención de mi nombre, un pequeño sufrimiento de tanto placer que su cuerpo casi no soportaba mis intenciones.
- ¿Me permiten robarla un minuto?
- Claro, David.
La tomé entre mis brazos sin importar que sus amigas aún seguían riendo por una broma compartida. Los ojos de mi esposa brillaban de felicidad, una felicidad que prometí contemplar y mantener para siempre.
- ¿Eres feliz?
- Lo soy. - Me abrazó mientras nos movíamos al compás del ritmo. - Hoy cumpliste tu promesa y por eso estoy feliz.
- Y este es el principio, - la miré a los ojos. - haré que todos tus días a mi lado sean así o más felices.
Emitió un sonrisa que anhelaba ver por siempre, estaba radiante de júbilo tanto que contagiaba a todo aquel que nos viera. Y todo por una promesa que no sabía el significado extenso que tenía.
- Me encanta cuando dices esas palabras tan bonitas, cuando dejas que me acerque a ti y cuando tienes tiempo para mí, por supuesto.
Sé de lo que hablaba, últimamente dejé de lado nuestra relación y todo por recuperar las acciones de mi empresa. Pero ahora estaba bien, me di cuenta que no podía perderla, así que equilibré el tiempo entre mi empresa y mi ahora esposa.
Y todo era felicidad, sentía que estaba pleno y dispuesto a todo. Nunca imaginé que extrañaría tanto volver a vivir este momento.
- Te amo.
Y así, el brillo en sus ojos y las mil promesas pendientes quedaron en el pasado.
- Te amo, hermosa.
Pero eso no fue suficiente, no sé qué pasó, no sé si lo que hice estuvo bien o si un día todos me perdonen. Solo sé que todo lo hice por mantener a mi familia unida, y aunque quiera, no me siento arrepentido.
Porque después de todo, es y será siempre mi gran secreto.