La cena fue una tortura.
Mi padre preguntó por muchas cosas, entre ellas sobre nuestros nuevos pasatiempos que parecían más deberes que ellos. Pero después de una hora en la que me dolía el estómago por las constantes "sugerencias", al fin hablaron de temas secundarios.
- Dentro de tres días tengo unos asuntos que resolver en Suiza, así que necesito que uno de ustedes me acompañe.
"Necesito", no dice "por favor". Claro que no, papá no era así.
Y claro, mi padre siempre iba con mamá, pero creo que ahora quiere incluir a Boris en sus viajes. Por eso no dije nada, solo escuché sus palabras mientras pensaba en una nueva colección. Aunque me gustaría encerrarme en mi cuarto y leer una novela negra hasta quedarme dormido.
- A mí me gustaría y mamá también puede ir.
Y así fue.
Así es como fue quedarme solo. Mi padre se fue y todos nos metimos en nuestros asuntos. Nadie dijo nada, todos estaban tan absortos en sus mundos que ni siquiera notaron que sentía nauseas.
Ya en mi habitación pude relajarme, al parecer la ansiedad hizo que me duela el estómago y que no recuerde el sabor de la comida. Estaba recostado en mi cama mientras pensaba en las miles de cosas por las que mi padre me creía diferente, quizá un bicho raro.
Resulta que no soy como mis amigos, extrovertido y arrogante, prefiero sentarme en un rincón mientras leo un libro que invitar a las chicas a salir conmigo. No cuando todos dieron su primer beso e inclusive Roger Brice, mi amigo, llegó a algo más; porque todos saben que pertenecen a ese mundo, lleno de cocteles, fiestas, eventos y alianzas familiares que involucren a sus empresas.
Sí, soy un bicho raro y no sé si pueda vivir con eso.
Al día siguiente, Steven estaba demasiado ocupado para escuchar mis protestas respecto a la estadía de mi padre, al igual que el resto, pero por suerte, papá partió en la tarde. El ambiente estaba tranquilo, todos se encontraban cansados y dichosos aquellos como yo porque el ojo del águila voló muy lejos.
- Joven Adam, debe saber que la señora Williams ordenó que por hoy nadie salga de casa, por prevención.
- ¿Prevención?
No se trataba de un asesino en serie, ¿o sí? ¿Acaso temen que mi padre vuelva? ¿O esto es un plan de venganza de Naomi?
- Así es. - El chofer no me llevaría a ningún sitio, y aunque lo aprecie no podría insistir, ya que perdería su trabajo. - Lo lamento, joven Adams.
Asentí a modo de entender lo que pasa.
Y así fue. Caminé por el extenso jardín, estaba malhumorado, perdido en mis pensamientos y con las ganas de escapar y perderme en el mundo. Tal vez debería salir con más chicas, empezar a divertirme con mis compañeros y...
¿Qué es eso?
Una hermosa rosa azul brillaba con los rayos del sol, era exquisita, hermosa y pura. Sentía que podría ensuciarla con solo verla, ni hablar de tocarla porque podría dañarla. Atraído por su belleza, angustiado porque era ese tipo de belleza que mencionan en los libros y que luego sirven para atrapar a sus presas.
- Joven Adam, no sabíamos que estaba aquí.
Eran dos señoritas del servicio, ambas dieron una breve inclinación, pero solo la mujer que no habló mantuvo mi mirada, era como si estuviera hechizada porque no se movía y aunque trataran de ocultarla de mi vista no podría verla muy bien, todo su cuerpo estaba cubierto por la ropa holgada y su rostro por un velo, solo pude ver el celeste de sus ojos.
- Ustedes dos, no deberían estar aquí afuera. - Ambas señoritas se fueron rápidamente ante la voz severa de Steven, la cual es poco común. - Y usted también, joven Adam.
- Lo sé, me distraje un momento.
- Sabe que su padre sigue muy de cerca las reglas en esta casa y una de ellas es respetar el espacio de todos, este área por estar cerca a los límites tiene ciertos peligros y explosivos que solo el servicio y la defensa conoce.
- Sabes lo que pienso, es muy exagerado, pero no para mi padre. - Terminé el discurso por él.
Eché un último vistazo a la rosa y me preparaba para irme pensando en lo nervioso y molesto que Steven se puso, prácticamente me trató como un niño maleducado.
Y yo sabía, sabía que no podía ir a ciertos lugares, pero esa rosa azul junto a la mujer cubierta lo que alteró mis pensamientos. Me llamaba la atención, la casa donde una parte del servicio vivía y el alrededor peligroso y lleno de arboles, me decían que debería volver, tomarle una foto a la rosa y tenerla como un cuadro en mi cuarto. Así terminaría con mis deberes y clases extracurriculares.
Lástima que al día siguiente no permitieron que nadie se acerque y bueno, ya podía ir a la casa de Derek y volver a mi rutina hizo que olvide el sentimiento de romper ciertas reglas.
Solo imagino lo bien que hice al no seguir mi instinto porque sé que después de pasar el día en la casa de Derek, jamás pensé que en un momento de aburrición saltaría una regla que mi padre puso para su propia protección y fue así como abrí una caja de pandora.