Justo en ese momento me tropiezo con una muchacha, y la verdad es muy hermosa, pero tiene la cara muy triste y pálida, y lagrimas en sus ojos. Le pido disculpas y le pregunto si se encuentra bien. Ella desconfiadamente me responde:
— No me pasa nada, con permiso—.
En ese momento cae en mis brazos desmayada, no esperaba que algo así me sucediera a mí, si tal cual, tipo telenovela, no sé qué hacer, justo a unos pasos esta un banco, intento sentarla, justo en ese momento pasa una de esas señoras metiches del sector, y me pregunta:
— ¿Qué le paso la niña Isabella? —. Bueno si sabe el nombre, debe ser que la conoce, le pido que la tenga aquí un momento, mientras consigo un poco de alcohol antiséptico, para lograr que reaccione, pues se desmayo en mis brazo y no sé en realidad, qué le sucedió. Ella se ve muy desconfiada, entonces le pregunto:
—O si, usted quiere, vaya a conseguirlo y yo me quedo aquí, con ella—. A lo que responde que no, que mejor vaya yo y ella aquí me espera. Me dirijo a la farmacia que está a una calle, compro el alcohol y el algodón, y me dirijo de nuevo a la banca. Le doy las cosas a la señora, mientras yo sostengo a la muchacha, y si al acercar el algodón con el alcohol, ella reacciona, bastante asustada, pregunta:
— ¿Qué me paso? —. La señora esa, más metiche que nadie dice, que solo vio que yo la tenía sobre la banca desmayada. A lo que yo respondo: — ¿Recuerdas que tropezaste conmigo?, luego caíste desmayada, yo solo trate de ayudarte—. Ella dice:
—Sí, vecina es verdad, yo me he sentido bastante mal, desde hace varios, días, gracias por ayudarme joven. ¿Cómo se llama usted? —. Le respondo: —Mucho gusto, me llamo Jack, y soy el conserje del edificio, “Cosmopolitan”, que está solo a una par de calles—. A lo que responde:
—Siempre paso por ahí, de nuevo muchas gracias, pero ya puedo volver a mi casa sola—. Intenta levantarse pero se muy débil, en ese momento, la señora metiche se va, pienso, se supone que la conoce, ¿No debería acompañarla?, pero así es la gente en esa mugre señal. Le digo:
—Si quieres te acompaño, por lo menos, estaré tranquilo que llegaste bien—. A lo que me responde: —Esta bien, no me siento del todo bien, pero no puedes acompañarme hasta mi casa, hasta donde yo te diga—. Le respondo: —Esta bien, cómo tú quieras, lo importante es que llegues bien a tu casa, seguramente tu familia estará preocupada por tú— A lo que responde en baja voz: —Por ellos que me muera—. La acompaño y veo que pasamos por un pequeño restaurant al aire libre, donde venden comida rápida, y observo como ella mira la comida, estoy casi seguro que el desmayo, la debilidad y lo pálida que esta ella, es porque no ha comido nada.
En un momento así, yo no podría hacer nada, pero cargo lo que me dio la niña que traía para las medicinas, le digo una pequeña mentira: —Tengo días con antojos de una hamburguesa de esta calle, es uno de los pocos lados que venden comida rápida a toda hora, ¿Se te antoja una? — A lo que me dice: —No tengo hambre, ni tampoco dinero—. Lo último lo dice entre los dientes, le digo: —No te preocupes, me encontré un billete, tal como tuve la suerte de encontrarte a ti, así que creo que nos merecemos esa hamburguesa, sería parte de la suerte—. Ella acepta.
Nos sentamos en una mesa que está disponible, pero ella se ve muy nerviosa, como si tuviera temor que alguien la viera, la señorita que atiende se nos acerca, y nos ofrece una pequeño menú, ella pide lo más económico, eso quiere decir que de verdad está apenada, pero yo saco cuentas y me alcanza para algo mucho mejor, ordeno dos hamburguesas doble carne, con todo, y papas adicionales, además dos bebidas gaseosas, y los ojos de ella se muestran sorprendidos, yo creo que esa joven tiene mucho tiempo que no come algo así, por su ropa veo que es muy humilde.
La mesonera se retira, y ella me dice: —Seguro qué puedes pagar algo así como conserje, de verdad que no quiero que te endeudes por mi culpa—. Le digo: —No recuerdas que te dije que el dinero me lo había conseguido—. Ella no termina en creer mucho lo que le digo, pero igual no creo que con lo mal que se siente, eso le importe mucho.
Llega la comida, y a pocas personas he visto disfrutar tanto una hamburguesa como a ella, terminamos de comer, y finalmente, le pido un postre a ella. Ella dice que no, pero yo ignoro eso, y mientras se come el postre, nos reímos contando anécdotas, es una persona joven, pero la verdad, muy interesante, y divertida, se ve bastante madura para su corta edad.
Me dice que solo tiene 23 años, y cuando le pregunto con quién vive, me desvía el tema, terminamos de comer y nos dirigimos a la casa de ella, bueno hasta donde ella me permita acompañarla.