Caminamos unas calles más, y este sector, es uno donde según tengo entendido, las personas tomaron por las fuerza estos lotes, instalando varias casas rodantes, y aunque han existido diversas denuncias de la comunidad no han querido irse del sitio. Al parecer Isabella vive por aquí. Se voltea y me dice:
—Jack, hasta aquí puedes acompañarme, de verdad gracias por todo, este es mi número, me puedes llamar o escribir al w******p—. Es increíble si note que ella estaba escribiendo en una servilleta del restaurante de comida rápida, pero no me imagine que me diera su número de teléfono sin pedírselo, Pienso “Por supuesto que la llamare, ella me ha cautivado”. Me quedo ahí en una parada de bus, observando que hace ella, y logro observar que la recibe a gritos un tipo bastante mayor, el animal ese debe ser o su padre o su padrastro, no creo que sea su pareja, en realidad olvide preguntarle sí tenía pareja.
Llego al edificio, estoy seguro que mi jefe no debe estar de muy buen humor, por mi llegada tarde, pero hoy yo Jack Miller, no pienso quedarme callado. Llego al edificio, y sí, efectivamente esta el tipo ese en recepción, con cara de enojado, en ese momento no está el vigilante, comienza a insultarme, y a tratarme de la peor forma. A lo que le respondo contundentemente:
—Usted a mí me respeta, no me aguanto un insulto más. Sí es por vivir aquí le dejo su pocilga y me voy, total no creo que nadie venga a hacer mi trabajo de gratis, recibiendo solo las migajas de algunos de los residentes—. Me responde: —Ni que nadie pueda hacer la porquería que usted medio hace, porque así es, usted es un bueno para nada—. Le digo está bien, y me dirijo a acomodar mis cosas, no es mucho lo que la niña me dio, pero creo que me alcanza para rentar algo pequeño y salir a buscar otro trabajo. En verdad no pienso aguantarle más. Me pregunta:
— ¿A dónde cree qué va? —. Le digo: —Sr. Ramiro, yo fui muy claro, yo aquí trabajo muchas más horas que las de la ley, además no tengo ni un solo día libre, ni siquiera al mes, y de paso no gano nada, usted no me lo pregunta, pero tengo más de tres meses que no tengo como comprar mis medicamentos, ósea ni para pero me pagan, qué es algo básico—.
Jamás en tantos años que llevo viviendo y trabajando aquí le había respondido así, me dice: —Tiene cierta razón Jack, pero no puede decir que no se le paga, porque la vivienda cuesta, la comida cuesta, pero está bien, voy a tratar de mejorar un poco y considerar lo que me está pidiendo, pero usted también debe hacer mejor su trabajo, para que no me den tantas quejas de usted—. Le digo:
— Usted siempre dice que hay quejas, pero no me dice, ¿Qué residentes son los que están dando las quejas? —. Me responde: —Usted sabe que eso no sería ético, pero no entremos más en conflicto, y en cuanto a lo de su día libre, tratare que lo tenga por lo menos cada 15 días, pero que sea de verdad libre, y salga y se despeje, no es mi asunto, pero si usted no sale es porque no quiere—. No dice nada más y se va.
No tiene idea lo bien que me siento en ese momento, jamás le había respondido así a ninguno de mis verdugos, pienso, yo puedo hablar y defenderme porque soy un adulto, y se me regresa a la mente la escena del orfanato, tengo la promesa que le hice a la pequeña Mary por cumplir. Y ese dinero que ella me dio debe ser para eso, para que se haga “Justicia”, y se les acabe a ellos su calvario.
Pero antes de pensar el modo operandi de mi segundo “Acto”, voy a escribirle a Isabella, mi nueva amiga, y debo dar pistas que muestren quienes eran el par de lacras que asesine.
Le escribo la Isabella a su w******p saludándola y pidiéndole que guarde mi número, ve mi mensaje pero no me contesta, debe estar muy ocupada. Al rato me entra una llamada y es ella llorando, no entiendo, ¿Qué le habrá sucedido? y ¿Por qué recurriría a mí?